El Foro Económico Mundial publicó hoy, en el marco de su reunión anual en Davos, una nueva edición del Global Risks Report, uno de los informes internacionales más utilizados para analizar los principales riesgos económicos, sociales, geopolíticos, ambientales y tecnológicos. El estudio se basa en dos fuentes principales: la Global Risks Perception Survey, que recoge la opinión de expertos a nivel global, y la Executive Opinion Survey (EOS), una encuesta que releva las percepciones de más de diez mil líderes empresariales en más de cien países.
Esta última -cuyos resultados vamos a analizar a continuación- permite identificar, país por país, cuáles son los riesgos que el sector privado percibe como más probables en el corto plazo (dos años), y resulta especialmente útil para entender expectativas, cambios de ánimo y señales tempranas de tensión.
En el caso de Uruguay, la última encuesta señala como principales preocupaciones del empresariado al estancamiento o la caída de la actividad económica, la falta de oportunidades laborales o el desempleo, la escasez de talento y mano de obra, las limitaciones de la protección social y de los servicios públicos, y la polarización social (en ese orden de prioridad). El listado combina temores económicos clásicos con inquietudes sociales e institucionales que no siempre aparecen con la misma fuerza en otros países de la región, como veremos más adelante.
La comparación con la edición anterior permite leer este ranking como una transición entre dos momentos bien distintos. La encuesta que alimentó el Global Risks Report 2025 fue realizada entre abril y agosto de 2024, es decir, durante el último año del gobierno de Luis Lacalle Pou. En ese contexto, las preocupaciones del empresariado uruguayo se concentraban en la escasez de talento y mano de obra -que ocupaba el primer lugar-, junto con la desaceleración económica, la desigualdad, el aumento del crimen y los impactos de los eventos climáticos extremos. En la edición 2026, en cambio, el foco se desplaza hacia problemas más estructurales: el funcionamiento del mercado laboral, la sostenibilidad de los servicios públicos y la cohesión social ganan centralidad, mientras pierden peso algunos riesgos de carácter más coyuntural. Este corrimiento debe leerse también a la luz del momento en que se tomó la muestra: la encuesta que acompaña el informe publicado hoy fue realizada entre marzo y junio de 2025, es decir, en los primeros meses del gobierno de Yamandú Orsi, por lo que las respuestas reflejan las expectativas y cautelas propias del inicio de un nuevo gobierno, más que una evaluación acabada de su gestión.
También resulta interesante comparar los riesgos percibidos por el empresariado uruguayo con los del resto de la región. Varios de los temores que aparecen en Uruguay en 2026 son compartidos por otros países de América Latina, en particular el miedo a una recesión prolongada y a la falta de oportunidades laborales, como sucede en Argentina, Brasil, Chile, Colombia o Perú. Sin embargo, esa similitud se diluye cuando se observa el conjunto completo de riesgos y su orden de importancia. Según los resultados de la última EOS, Uruguay no comparte en 2026 el mismo perfil de riesgos empresariales con ningún otro país de América Latina ni del mundo. Aunque algunos coinciden con Uruguay en cuatro de estos cinco riesgos percibidos (son los casos de Argentina, Brasil, Chile, Canadá, Nueva Zelanda, Países Bajos e Irlanda), en todos los casos el conjunto y la jerarquía de riesgos es distinta. Esto refuerza la idea de que el perfil uruguayo combina preocupaciones propias de economías estables con tensiones emergentes que no encajan plenamente en ningún patrón regional o global dominante.
En conjunto, el Global Risks Report 2026 muestra a un empresariado uruguayo que ya no parece temer tanto a crisis repentinas y cisnes negros económicos, sino a un desgaste progresivo del modelo. La persistencia del riesgo de estancamiento económico, la centralidad del mercado de trabajo y la aparición de preocupaciones sociales e institucionales apuntan a una mirada más estructural que coyuntural. Leído en este contexto, el informe puede ser interpretado menos como un diagnóstico definitivo que como una señal temprana: más que evaluar resultados, pone en evidencia qué está mirando hoy el empresariado uruguayo al inicio de un nuevo ciclo político y sobre qué terrenos podrían jugarse, de acá en adelante, sus expectativas.