China puede considerarse (hasta ahora) una de las pocas vencedoras en esta guerra. Lejos de la vulnerabilidad energética del pasado, Pekín aprovecha la guerra entre EEUU-Israel e Irán para fortalecer su autosuficiencia, estudiar las tácticas militares de Washington y posicionar sus tecnologías limpias en un mercado global sediento de alternativas al petróleo. Pero incluso en Pekín, abrigan grandes esperanzas de que los combates terminen pronto.