8 de marzo 2025 - 9:10hs

Desde hace un año sigo pensando igual: soy feminista, argentina y judía. En un momento histórico donde valores que consideraba establecidos vuelven a ser cuestionados, quiero dejar en claro que no me voy a correr, que no voy a dejar ninguna silla vacía.

Me atraviesan los acontecimientos de mi país y del mundo, y sigo creyendo que los valores universales son los que construyen espacios seguros para opinar, investigar y, por supuesto, coincidir o disentir. Igualmente, es lamentable la existencia de una minoría ruidosa que se opone a estos espacios y que pretende negar su necesidad. Eso no puede pasar desapercibido.

Pensé que otro 8 de marzo no iba a llegar con rehenes en manos de Hamas en Gaza. Pero los tiempos se dilatan y la humanidad parece perder la verdadera noción del horror. Las últimas mujeres vivas fueron liberadas hace menos de un mes, pero otras tres fueron asesinadas, entregadas como moneda de cambio.

Estamos próximos a cumplir un año y medio desde el trágico 7 de octubre de 2023 y seguimos escuchando silencio. Un silencio ensordecedor de organizaciones de derechos humanos intergubernamentales, de organizaciones sin fines de lucro, de colectivos feministas. Es un silencio insoportable, que creía lejano en la historia, un eco de relatos del Holocausto que me contaron generaciones anteriores, cuando era chica.

Hoy muchos espacios que consideraba seguros ya no lo son. Y muchas personas en quienes confiaba han guardado silencio. Suelo caer en la trampa de mirar y preguntarme: “¿Dijo algo?” “¿Se pronunció?” “¿Puedo confiar?”. Finalmente, entiendo que no puedo esperar eso de todos. Me duele, pero también me ha permitido descubrir nuevos espacios de confianza y nuevas personas con quienes compartir esta lucha.

Desde el Congreso Judío Latinoamericano seguimos comprometidos con la igualdad y la equidad. Si bien siempre nos enfocamos en fomentar el liderazgo y la participación igualitaria, los eventos desencadenados el 7 de octubre hicieron que nuestra lucha tomara un lugar aún más preponderante.

Es por todo esto que seguiré diciendo "Yo te creo". Seguiré peleando por todas las mujeres en condiciones precarias, en nuestra región, en Afganistán, en el Congo, en Gaza y en donde sea necesario reclamar. No hago selecciones según simpatías ni por mi visión política. Los derechos son los mismos para todas. Y, por eso, no voy a dejar mi espacio vacío.

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