21 de febrero 2025 - 20:45hs

Hay momentos en los que es necesario trazar un límite. Como periodista, intento abarcar todos los temas que impone la agenda. Pero hay cuestiones en las que no se puede ceder. No se puede relativizar. No se puede normalizar.

Mientras escribo estas líneas, Israel espera la llegada del cuerpo de Shiri Vivas, la madre de los dos pequeños asesinados por los monstruos de Hamás. Los terroristas devolvieron los tres cuerpos sin siquiera tener el valor de reconocer su brutalidad: los entregaron en cajones de tamaños alterados, evitando que el mundo viera la crudeza de la imagen de un bebé y un niño de cuatro años asesinados.

Este es mi límite. No hay espacio para los cómplices del terrorismo.

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El horror del 7 de octubre

Lo que sucedió el 7 de octubre de 2023 no fue un enfrentamiento. Fue una masacre, una matanza televisada en tiempo real. Los relatos de sobrevivientes, las imágenes, los testimonios forenses, todo confirma que Hamás cometió crímenes atroces: violaciones, mutilaciones, asesinatos a sangre fría.

No es un tema político, no es una discusión sobre Netanyahu, geopolítica o acuerdos de paz. Es la negación del derecho de los judíos a existir.

Crecí escuchando las historias de mis abuelos, de quienes escaparon de Polonia y llegaron a Argentina porque alguien había decidido que ellos no merecían vivir por ser judíos. Trabajé con la Fundación Ana Frank, enseñando a mis hijas que esa historia no volvería a repetirse porque hoy existen los medios de comunicación, porque el mundo no lo permitiría. Pero el 7 de octubre demostró que ese relato tranquilizador se rompió.

Los cómplices silentes

Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz y Nobel de la Paz, lo dijo con claridad: los peores son los cómplices silentes, porque siempre favorecen al victimario y nunca a la víctima.

Hoy hay quienes, con su silencio o su relativización, le dieron oxígeno al terrorismo. Algunos lo hicieron negando o minimizando los crímenes de Hamás. Otros, difundiendo información sin rigor, confiando en fuentes sin legitimidad. También están los que ignoraron el sufrimiento de las mujeres israelíes violadas y torturadas, incluso después de que médicos forenses confirmaran casos aberrantes de abusos y mutilaciones.

Durante décadas, participé en actos feministas y en la lucha por los derechos de las mujeres. Pero a quienes hoy desconocieron a las víctimas israelíes solo por ser judías, les digo: no me convoquen más. No voy a estar ahí.

No le doy aire al terrorismo

Mi decisión es clara: en mi programa de radio no saco al aire a cómplices del terrorismo. No les abro la puerta a quienes defienden o justifican la existencia de un grupo que en su acta constitutiva promete exterminar hasta el último judío.

Porque no se trata de discutir cómo pretenden hacerlo. No voy a debatir si sería de a cientos, de a miles, en trenes, en cámaras de gas o en hornos. No hay discusión posible.

Quien quiera seguir escuchando este programa, bienvenido. Quien prefiera irse, también. Pero aquí no hay espacio para la complicidad con el terrorismo. Y a quienes decidieron callar ante la masacre, les dejo un mensaje: el silencio tiene consecuencias.

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