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Hace mucho tiempo (50 años) en una galaxia no tan lejana, George Lucas creó una película inspirada por el cine que le gustaba: los seriales clásicos al estilo Flash Gordon, el cine de samuráis de Akira Kurosawa, el wéstern clásico y la ciencia ficción más pulp. Le puso Star Wars y con el tiempo se convirtió en un imperio mediático.

En 2012, Disney puso 4000 millones de dólares en la mesa para hacerse con el imperio. Lucas se desentendió de su hijo más redituable y la empresa del ratón Mickey empezó a darle manija a la máquina, con la intención de facturar todo lo posible.

Desde entonces, Star Wars ha lanzado cinco películas, infinidad de series en la plataforma Disney+, sus personajes recorren ahora los parques de diversiones de la empresa, y un largo etcétera. El problema es que cantidad no ha sido equivalente a calidad, y si bien sigue siendo un producto muy lucrativo, Star Wars está en un momento de incertidumbre y relativa crisis creativa.

Embed - The Mandalorian And Grogu | Tráiler Oficial | Subtitulado

Los episodios VII, VIII y IX, que continuaron y en teoría concluyeron la saga principal dividieron aguas. Un sector de la fanaticada galáctica las consideró demasiado apegadas y similares a las películas clásicas, más preocupadas para apelar a la nostalgia y jugar a la segura que por ofrecer algo nuevo e interesante, otro sector dijo que una saga protagonizada por una mujer y que había borrado del mapa a las vacas sagradas (Luke Skywalker, Han Solo y la princesa Leia) era demasiado woke.

En streaming, Star Wars alternó buenas y malas. Algunas series pasaron sin pena ni gloria, la excelente serie Andor (una de las historias más adultas y explícitamente políticas de la saga, un canto a la lucha contra los extremismos y el fascismo disfrazada de serie de espías) fue aplaudida por críticos y nominada a premios, pero no atrajo demasiado público. Quizás la única que logró tener un cierto impacto en la cultura pop fue The Mandalorian, gracias al personaje de Grogu (“Bebé Yoda” para la gente de a pie) y a un tono más ligero y aventurero, con herencia de las películas de vaqueros y series clásicas como Kung Fu o la versión de Hulk de Lou Ferrigno.

Pero en streaming tampoco hubo paz: el público políticamente más conservador cuestionó algunas elecciones de casting diversas, el despido de la actriz proTrump Gina Carano luego de una serie de posteos discriminatorios convirtió a la saga en abono para la grieta política estadounidense, y la huelga de actores y guionistas de 2023 desbarató los planes originales.

Una palabra que rodea a Star Wars ahora es “crisis”. La perdida de relevancia comparada con lo que sucedió con el regreso de la saga en 2015 (el episodio VII, El despertar de la fuerza, es una de las películas más taquilleras de la historia), los siete años de ausencia de las salas de cine desde el episodio IX, y el dilema creativo entre apelar a lo conocido y seguir avanzando que ha llevado a cancelar proyectos a diestra y siniestra en los últimos tiempos la han dejado en un lugar incómodo.

En ese panorama, Disney apeló a lo único que le ha funcionado en estos últimos años para volver a la pantalla grande.

“Ayúdame, Bebé Yoda, eres mi única esperanza”

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The Mandalorian, estrenada en 2019 y la primera serie de acción real de la saga, pegó como un sablazo laser. No solo fue uno de los primeros hits de la plataforma Disney+, sino que además tuvo buena recepción crítica, sumó múltiples nominaciones a premios como los Emmy y los Globos de Oro, y hasta trajo innovaciones técnicas como “el volumen”, la tecnología para fondos renderizados en tiempo real que se ha usado desde entonces en producciones como El eternauta o hasta algunos videoclips recientes de No Te Va Gustar.

La serie generó tres temporadas y un puñado de series derivadas, y debe buena parte de su éxito a la combinación entre el personaje del título (nombre real, Din Djarin), un cazarrecompensas recio y cool encarnado por Pedro Pascal —bueno, pone la voz y alguna vez por temporada muestra la cara que se proteje bajo un casco gris, después se encargan de todo sus dobles de riesgo— y su hijo adoptivo, Grogu, la adorable marioneta que a fuerza de miradas tiernas, movimientos de sus orejitas, un consumo de snacks coloridos y una ternura implacable, fue el último personaje de Star Wars en ser un fenómeno de ventas.

En el panorama actual de la franquicia, Disney le pidió al creador de la serie, el cineasta Jon Favreau, que descartara sus planes de cuarta temporada y reconvirtiera todo en una película, que este jueves ha llegado a los cines uruguayos.

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¿Eso significa que hay que haber visto la serie para entender la película? No necesariamente. El largometraje se puede entender de punta a punta sin ese trasfondo —seguramente una decisión tomada por interés financiero—, aunque sin dudas un neófito no entenderá del todo las razones por las que los protagonistas empiezan la historia como la empiezan, cómo se forjó el vínculo entre ellos, o la aparición de algunos personajes secundarios que vienen de la serie o de otras series animadas previas.

Más allá de ese punto, la película es tan inconsecuente como entretenida. Bien podrían ser seis episodios de la serie editados como un mismo contenido y no sería sorprendente. El Mandaloriano y Grogu van de acá para allá en una sucesión de peleas, duelos de naves, encuentros con monstruos, robots y pandilleros que funcionan como estímulo mientras uno se come un pop. Y no mucho más que eso.

Hay, por supuesto, puntos muy altos. El compositor oscarizado Ludwig Göransson vuelve a encargarse de la banda sonora, mezclando influencias western, electrónicas y New Wave, en un trabajo maravilloso. Hay algunos personajes secundarios encantadores, incluyendo un vendedor de comida callejera cuya voz es proporcionada por Martin Scorsese, y siempre es un encanto ver a Grogu hacer de las suyas —y tiene bastante para hacer en esta película—.

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Difícil es que esta sea la película que saque a Star Wars de la crisis. En 2027 llegará Starfighter, con Ryan Gosling como protagonista y Shawn Levy (productor de Stranger Things y obrero de franquicias de Hollywood) que puede tener algo más de suerte. En el horizonte hay otras películas en desarrollo, que vaya uno a saber si se concretan. Parece que el lado oscuro de la incertidumbre y la intrascendencia viene ganando, pero si algo enseño Star Wars, es que alguna esperanza siempre queda.

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