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Embed - "La plata que recibía Tenfield y que no le entraba al fútbol era una falta de respeto al fútbol"

Diego Muñoz reconoce que tiene "un montón de privilegios". Que no tiene razón para quejarse por todos los espacios en los que trabaja y en los que se consolidó entre 2025 y este año: ser comentarista en El Espectador Deportes y uno de los conductores de Convocados en esa emisora, ser parte del panel de Polideportivo en Canal 12, ser conductor de La quinta tribuna+ en AUF TV.

También sabe que esa exposición significa a la vez reconocimiento a su trabajo y también estar todo el tiempo ante la mirada de parte del público que está esperando el mínimo tropiezo para saltarle. Muñoz sabe, también, que tener esa lista de roles implica resignar tiempo con su familia. Dejar de ver a sus hijas jugar al hockey los fines de semana, perderse las cenas que son "sagradas" porque hay partido de Copa Libertadores, algo que hasta hace no tanto no le pasaba.

Muñoz, que viene de atravesar una salida del canal deportivo ESPN que lo llevó a entablar un juicio contra la empresa, habló con El Observador sobre su presente profesional (que incluye este año la cobertura del octavo Mundial de su carrera), sobre la relación con sus compañeros de El Espectador y hasta sobre el proyecto de un libro sobre su padre, el relator Carlos Muñoz, que en algún momento le gustaría escribir.

Este es un resumen de la charla con el periodista deportivo.

¿Cómo fue tu salida de ESPN?

No tengo muchas respuestas. Yo con ESPN tenía contrato desde hacía once temporadas, empecé en 2015. Tenía contrato de exclusividad, para trabajar en cualquier lugar necesitaba pedirle permiso a ESPN. De hecho, hubo pedidos que no se contemplaron. Desde el último tiempo hay un quiebre muy marcado que es cuando la empresa PEGSA de Sebastián Piñeyrúa le compra los derechos a Tenfield para transmitir fútbol uruguayo. Un jerarca del canal me dice que voy a comentar fútbol uruguayo y al otro día se tiene que desdecir porque le pidieron que no. Conviví así hasta que PEGSA se vuelve socia de ESPN. Ahí ya me dejaron de llamar.

El año pasado fue bastante difícil. El último partido que hice fue Peñarol-Racing (por Copa Libertadores). En todo ese proceso intenté hablar cinco o seis veces con Sebastián Piñeyrúa. Yo sé que es socio de Casal, carne y uña. Nunca tuve respuesta. Lo intenté por distintos interlocutores muy cercanos a él y nunca lo conseguí.

Pero no puedo decir más que eso. Yo pregunté a fin de año, porque siempre renovaba el contrato, y me llegó un telegrama de rescisión. En un tema que lo va a resolver la Justicia.

¿Planteaste un juicio?

Lo va a resolver la Justicia, sobre todo porque al no tener ninguna respuesta, no pude ni hablar. Nadie me pudo decir las razones. Yo tengo infinidad de historias con el canal donde todo fluyó y de repente algo se quebró. Nunca nadie me pudo explicar por qué. Me interesa saberlo y eventualmente ver qué es lo que pasó. Quién generó esa ruptura. En once temporadas, en 10 años, nunca tuve un sí y un no con el canal, cubrí dos mundiales, cubrí Copas América, cubrí Copas Libertadores. Las mejores referencias mías las pueden dar Mariano Closs, Diego Latorre, o jerarcas del canal que destacaban mi trabajo. Y de un día para el otro eso cambió y quiero saber por qué. Entonces, ir a la Justicia me parece lo más razonable para no armar un lío de vedettes.

¿Pero el reclamo ante la Justicia en qué se basa?

Es un reclamo ante la Justicia por la desvinculación y lo que corresponde ante una desvinculación.

Tu reemplazo, Sebastián Giovanelli, es compañero tuyo en la radio. ¿Lo hablaron?

No, Sebastián no tiene nada que ver. Trabajaba para las transmisiones de fútbol uruguayo y supongo que le ofrecieron esto y aceptó. Considero que eso va en cada uno, si quiere decir o no. Cuando en 2022 compraron los derechos para transmitir el fútbol uruguayo, yo iba a ser el comentarista, estaba establecido por un jerarca del canal y eso cambió de un día para el otro. Se lo ofrecieron a Sebastián, me llamó, y yo le expliqué cuál era la situación. A partir de ahí se da una convivencia con esa situación, yo pude convivir mientras mi trabajo se respetó. Pero ahora él no tiene nada que decirme. O sea, si quiere me lo puede decir, si quiere no me lo puede decir. Él trabaja como comentarista de fútbol uruguayo, le dan para que comente los equipos uruguayos en Copa Libertadores. Es obvio que va a decir que sí.

¿No generó incomodidad?

No, porque no tendría ningún motivo para generarse. Queda el puesto de comentarista uruguayo después de 10 años, ya no está más Diego Muñoz, viene Sebastián Giovanelli y comenta. Sería muy tonto mi parte molestarme por una cosa en la que él no tiene absolutamente nada que ver.

Hablando de El Espectador Deportes, ya es el segundo año, están estabilizados. Algo que llamó la atención al principio era que venían muchos de muchos lados distintos, hasta históricamente casi que de veredas opuestas. ¿Cómo se amalgamó ese equipo?

Yo estoy en Magnolio desde que nació. Entonces, cuando a Iñaki Abadie y El Piñe (Jorge Piñeyrúa) me ofrecen pasar a ser parte del staff del Espectador Deportes, lo tomé como algo lógico. Sé que Federico Buysán también fue una persona importante para que se consolidara mi presencia en El Espectador. Yo con Federico nunca había laburado, y con Rodrigo en AUF TV, antes del Mundial de Qatar, coincidimos tres, cuatro meses. Me habían dado autorización de ESPN y después me las sacaron. En ese momento habíamos pegado buena onda con todo el equipo que había venido a la radio, sobre todo entre La mañana del fútbol y Convocados. Ha sido siempre un trato espectacular. En Convocados, todos desde un perfil distinto amalgamamos muy bien. Y lo que sí nunca hubo fue ni un pase de factura ni nada que ver, porque al fin y al cabo hoy nos encuentra a todos más o menos pensando lo mismo.

Diego Muñoz, periodista deportivo

¿El pase que hacen en la mañana ayudó a facilitar este vínculo?

El pase yo lo tenía escuchado de radios españolas y de Lanata y Longobardi en la época de Radio Mitre en Argentina. Entonces, cuando se generó la posibilidad de hacer el programa y que a las 10 terminara uno y empezara el otro, sugerí hacer un pase que me parecía que podía estar bueno, hablando de cosas por fuera del día a día. También pienso que un tipo empieza a escuchar fútbol a las 8 de la mañana, cómo juega Peñarol, cómo juega Nacional, si tal entrenó diferenciado, si el técnico, y a las 10 empieza a escuchar, cómo juega Peñarol, si tal entrenó diferenciado… démosle un ratito de divertimento. Me parece que pegó bastante bien, nos permite a nosotros también hasta humanizarnos más, hablar de cosas familiares, íntimas, de situaciones que vivimos cotidianamente.

Con Rodrigo Romano han logrado una química bastante fuerte a pesar de que casi no habían trabajado juntos. ¿Cómo es esa relación?

Nos llevamos muy bien. Es la primera vez que lo voy a contar: Rodrigo tuvo el gesto, cuando yo arreglé en AUF TV, de llamarme y que aunque nosotros claramente veíamos lo que pasaba en el fútbol uruguayo desde veredas opuestas, me dijo, “Diego, ya está, vamos para adelante”. Aparte, yo con él nunca había tenido nada. No había problema alguno. Simplemente lo que yo pensaba lo trasladaba a los lugares donde yo trabajaba. Y en ese momento la charla duró cinco minutos por teléfono. Empezamos a convivir en AUF TV. Creo que es por muy lejos el mejor relator de fútbol uruguayo en televisión, si quiere en la radio también, aunque medio lechuguita, le tiene miedo (risas). Dice que le jode la voz. Es un relator de élite. Entonces, para mí es muy bueno poder compartir con él. Además es un tipo muy generoso en el ida y vuelta y muy abierto en el programa, desde la coincidencia o la discrepancia. Es muy cómodo laburar con Rodrigo.

También sos muy jodón al aire, hacés mucho chiste y te ha generado algún problema.

Es parte de los costos. El principal error fue el de Rómulo Otero, me parece que es indiscutiblemente un error, que asumí, que me disculpé, me parece que no es más que eso. De última, además, estamos expuestos dos horas al aire por día, en un programa que tenemos la suerte de que sea muy escuchado, en una radio que es líder de audiencia. Entonces todo lo que hagas lógicamente va a ser escuchado por mucha gente que está esperando los errores para marcarlos. Desde ese lugar uno tiene que asumir que, ante tanta exposición, pisar una cáscara de banana tiene consecuencias.

Venís en un momento de mucha exposición, ¿cómo te llevas con ese incremento del tiempo de pantalla, de aire?

Mentiría si dijera que no me cuesta, porque resigné, por ejemplo, los fines de semana, que eran míos. Yo, sin radio, era el dueño de mi fin de semana: asado, ir a ver a mis hijas al hockey, pasar en mi casa con mi familia. Y eso se terminó por completo. Pero, por otro lado, creo que parte de nuestro laburo también es estar expuesto. Y lo tomo como un reconocimiento, porque que se abran puertas significa que hay algo que a esas personas les llama la atención de lo que yo hago. Trato de convivir con eso y acostumbrarme.

Creo que en ningún momento la exposición llegó a ser mayor a la época de Cerrá y Vamos. Entonces, desde ese lugar no hay nada que me genere ni molestia. Estoy acostumbrado a que las redes insulten. Soy de amianto.

Pero además hoy tenés un peso que no tenías en Cerrá y Vamos.

Bueno, periodísticamente sí. Eso es indiscutible. La opinión tiene más peso. También lo reconozco. Eso conlleva una responsabilidad, pero también, en algún punto, lo asumo como parte del crecimiento. Vas creciendo, tu opinión es más respetada, hay más gente que quiere oír lo que vos decís, y ante eso hay que hacerse cargo. No me molesta, ni para un lado ni para el otro.

Estamos en un año donde hubo un cambio en los derechos de TV del fútbol. uruguayo. ¿Cómo convivís con ese cambio panorama?

Yo creo que el cambio fue positivo por donde lo mires. Ahora la gente tiene posibilidad de mirar el partido en DSports, en Antel, en Disney. Ahora tienen la posibilidad de elegir qué consumir. Ahora el fútbol uruguayo tiene US$ 40 millones más de lo que tenía antes. Ante eso me parece que no hay mucha discusión posible, más allá de las tormentas con matracas a las que el contador Damiani siempre hacía referencia. Vos te podés parar acá y tirarle piedras a la AUF, y es cuestión de cada uno, de acuerdo a los intereses que cada uno defienda. Yo desde 1999 dije lo mismo, digo lo mismo y seguiré diciendo lo mismo, hasta el día que no labure más en esto, voy a decir lo mismo. Entonces, lo que yo quería era que pasara esto, que se diera un cambio en el sistema, sin que nadie perdiera el laburo, sin que nadie desapareciera. Nunca me habrán oído a mí decir nada de eso. Sí que la plata que recibía Tenfield y que no le entraba al fútbol era una falta de respeto al fútbol. Y ahora que la plata que entra va al fútbol y se reparte, entre distintos actores, entre ellos Tenfield, me parece que es lo más justo.

Desde ese lugar, y estando incluso dentro de AUF TV, ¿no corrés el riesgo de quedar como una voz oficial? ¿O no lo pensás?

Sí, claro que lo pensás. Yo no me convertí en una voz oficial nunca en mi vida, en ningún laburo en el que he trabajado. Entonces, el día que me digan que tengo que ser la voz oficial, me iré a otro lado. Hasta ahora no me lo han dicho. No me he reprimido en ningún comentario. De hecho, la AUF contrató a Marcelo Bielsa y yo soy muy crítico de Bielsa. Me parece que mi carrera, discrepando o coincidiendo, habla de una persona honesta, que dice lo que piensa, aún equivocándose un montón de veces. Entonces, de ese lugar yo me paro con la tranquilidad y conciencia de saber que lo que digo es lo que pienso.

Y en cuanto a tu postura con Tenfield, ¿alguna vez te costó un trabajo?

Y bueno, nunca quedó claro por qué me fui de Canal 10 y todavía no tengo claro por qué me fui de ESPN.

Diego Muñoz, periodista deportivo

Fueron tensos los últimos meses del año pasado y los primeros de este, hasta que no se firmaron los contratos de la nueva licitación del fútbol. Por la información, que era bastante cambiante, pero también por el futuro laboral de mucha gente. ¿Crees que se cruzaron líneas personales?

Yo no podría hablar por todo el mundo. Yo en ningún momento crucé ninguna línea personal, ni desee que nadie perdiera el trabajo. Lo terminé perdiendo yo. Entonces, desde ahí, me parece que cada uno sabe hasta dónde va. Yo lo que sí quería es lo que dije hace un rato. Que hubiese más oferta, que la gente pudiese elegir, que en esa elección se demostrara quiénes son buenos y quiénes no son tan buenos y que al fútbol le entre más plata. Esa era la gran pelea que empezaron a dar los jugadores en el 2015, 2016, con la que se abanderaron algunos directivos como Ignacio Alonso y muchos que estuvieron detrás de él. Los que bancaron un montón de presiones, un montón de circunstancias muy feas de vivir, al final era para eso, para que entrara más plata al fútbol, que pasara de US$ 17 millones a US$ 65 millones. No más que eso, porque el fútbol siempre generó esa plata. La generaste vos, vos, yo, pagando el cable. En 2016 hicimos un libro con Emiliano Zecca sobre Eugenio Figueredo, y en ese libro estaba detallado cuánto generaba el fútbol, sin más que lo que se pagaba por abonado por el premium del fútbol, sin contar la publicidad, sin nada. Era eso. Después hubo un laburo mucho más profundo de empresas consultoras que lo confirmaron. Entonces era tratar de hacer, de un producto sumamente redituable, algo que le quedara a los clubes, que son los que a mediano plazo van a empezar a poder ver eso como algo que por lo menos los exija un poco más. Después no sé si habrá mejor o peor fútbol, porque eso ya al final depende de cada directivo y cada club. Pero el ingreso como para hacerlo lo van a tener.

Hablabas de no ser una voz oficial, y que tu currículum habla por vos. ¿Te pesa lo que opina la gente? ¿Que te tachen de oficialista por estar en AUF TV?

Lo que pasa es que contra lo que piense la gente, yo no puedo ir. Porque la gente va a pensar lo que tenga ganas. Y si aparte a mí me tiene tirria por equis cosa, nunca va a ver nada de lo que yo comente con buenos ojos. Y si le caigo bien, entonces va a estar más propenso a que lo que diga, lo diga desde la vereda de la independencia. Entonces, yo contra eso no juego, no compito, no discuto. Vos pensá de mí lo que quieras.

Tomo en consideración lo que pienso yo, lo que piensan mis compañeros de laburo, lo que piensa la gente cercana a mí, la gente que periodísticamente a mí me interesa que me diga cosas para aprender. Si vivís obsesionado con ‘voy a decir esto’, ‘la gente va a decir que yo’, no podés vivir. Porque vos podés en un momento decir algo para caer bien, en un momento dibujar quién sos, pero a la larga, con la exposición de radio y televisión, sos vos y si no se nota. Lo que yo intento hacer es ser yo y que vos del otro lado me digas "pero mirá este hijo de puta lo que está diciendo". Pero es en lo que me asenté para estar hace 34 años trabajando en los medios.

Nombraste el libro que hiciste de Figueredo. Si bien Uruguay es un país que en general no tiene mucho periodismo de investigación, o que se pueda permitir esos trabajos que llevan más tiempo y más esfuerzo, dentro del fútbol pasa todavía menos. ¿Es una cuestión de falta de tiempo, de falta de público o por cuestiones de intereses?

Me parece que es más una cuestión de interés que otra cosa. Porque es un ambiente muy chico, porque vos te metés con dos o tres y esos dos o tres te lo hacen ver. Estamos todos conectados de alguna manera. Cuando surgió lo del libro yo hablé con Mario Bardanca y le pregunté qué le parecía, porque Figueredo había caído en desgracia, entonces podía sonar como que le pegábamos en el piso. Y Mario me dijo “vos le pegaste toda la vida a Figueredo, cuando era el tipo más fuerte, el pope de Sudamérica, vos estabas en la vereda opuesta. Entonces, si querés hacerlo, tenés toda la legitimidad”. Es lo que hablábamos hoy, la gente puede creer o no. Yo siempre pensé cosas y las dije. Me peleé con Figueredo al aire, diciéndoselas en la cara. Y cuando empezamos a investigar, descubrimos más cosas de las que sabíamos que Figueredo había hecho. Y me parece que en un ambiente como el del fútbol uruguayo, donde todos los intereses y los círculos de poder están conectados, queda claro que Figueredo no hubiera sido Figueredo sin toda la estructura que lo sostuvo tantos años. Y que la estructura con la que se consolidó el poder bestial que hubo en el fútbol uruguayo no hubiera sido la que fue sin Figueredo.

Con la importancia y el rol que tiene culturalmente y socialmente el fútbol en Uruguay, ¿te da la impresión de que parte del público les tiene una cierta envidia a los periodistas deportivos en esta cosa de “viven de hablar de fútbol”?

Puede ser. No sé si es envidia la palabra. El periodismo deportivo ha hecho mucho para que la gente lo menosprecie durante mucho tiempo. De hecho, a veces lo sigue haciendo. Y me parece que está en cada uno diferenciar quién es quién. Después contra la opinión generalizada, no puedo ir. Si hay alguien que te tiene envidia y a partir de eso te critica, bueno. Lo que sí es raro es que todas las personas vinculadas al periodismo deportivo, cuando están al costado del sistema, cuando están en el lateral, cuando están en canales con muy poca repercusión, son los paladines de la justicia, de la moral. Cuando esas mismas personas pasan a lugares de mayor relevancia, los que antes los veían como honestos, probos, los ven como que se vendieron. Lo único en particular que yo puedo hacer es tratar de mantenerme. Si mañana tengo que criticar a uno y pasado lo tengo que halagar, yo no soy ni dogmático ni pertenezco a ninguna iglesia de adoradores de nadie. Entonces, lo mismo hoy me parece que algo está bien de una persona, como mañana me parece que algo está mal. Yo siento que parte de mi rol es no adorar a nadie, sino decir cuándo está bien y cuándo está mal. Y trato de hacerlo. Y después la gente terminará evaluando.

¿Cuántos mundiales has cubierto?

(piensa) Siete. Este año voy al octavo.

¿Cómo es la experiencia de cubrir un mundial?

La verdad ves poco del mundial. En general estás más yendo y viniendo que disfrutando de la fiesta, pero periodísticamente es una maravilla.

El periodista deportivo tiene eso de “cuántos mundiales cubrió”.

Yo no lo cuento, de hecho me costó decirte, pero sí me parece que de alguna manera determina la posibilidad de ver cosas que periodísticamente son muy importantes, conectar con gente, estar en un lugar donde todo el mundo quiere estar. He tenido la suerte de ir siempre enviado y lo que sí creo que no haría es, por estar en un Mundial, pagarme algo. Tampoco lo menosprecio ni nada, pero me parece que no.

Muchos han tenido que, durante toda su carrera, vender avisos como para estar o pagarse ellos mismos. ¿Cómo lo ves vos?

Me parece que la libertad que cada uno haga lo que quiere hacer es indiscutible. Periodísticamente, me parece que no es lo mejor, porque esa persona que está vendiendo avisos para ir al Mundial, tal vez le quite el lugar a alguien que se lo merece, y que la empresa decide que no vaya porque tiene quien lo cubra costeándose él el viaje. Pero después va en cada uno. Si alguien tiene posibilidades, contactos, lo quiere hacer, genial. Es parte de lo que es el periodismo deportivo, de lo que hace un ratito yo te decía que hasta mucha gente lo visualiza de una manera distinta al periodismo global. Yo creo que por cosas como esa.

¿Cómo te llevás con la lógica del streaming?

Me cuesta. Trato de tomarlo como algo que es parte de, pero me cuesta. Ahora estoy más o menos acostumbrado, al principio estar todo el día en cámara, donde hacés un gesto, hacés algo, te rascás, siempre te estás jugando a quedar expuesto. Hoy en día, además, con la cantidad de gente que está en las redes esperando que vos hagas algo para cortarte y liquidarte, es un desafío extra al hacer radio. Es indiscutible. Tiene más repercusión, además. Hablábamos de lo que pasó con Otero. Lo de Otero en radio como mucho tenía alguien que me escribía, “Diego, te fuiste al carajo”. En streaming, está cortado en 15 segundos en Twitter. Entonces ante eso no tengo mucha vuelta. Hay que acostumbrarse y saber convivir con eso.

Después, a mí me gusta, soy el único de los cuatro que lo hace en Convocados, tener en la computadora abierta en YouTube viendo cuánta gente nos está mirando. Ellos joden que yo disfruto cuando el número está alto. También con esa lógica de preguntarme “¿qué quiere ver o escuchar la gente?” De repente estás hablando de un tema en el que estás discutiendo con tus compañeros. y se disparan las visualizaciones, y de repente estás haciendo una nota que está buenísima, que estuviste una semana para conseguirla y que es súper recomendable desde la calidad del invitado, de lo que está diciendo, y la gente va para otro lado, migra a donde tiene ganas para buscar lo que vos no le estás dando. Con eso hay que convivir. Antes en la radio seguramente pasaba, sólo que no lo sabías.

¿Esa reacción del público de venir cuando hay debate entre los periodistas genera que ustedes vayan a buscar la diferencia, acuerden no opinar todos lo mismo?

A nosotros no nos pasa. Yo lo que sí creo es que hay que hacer parte de un show, pero no cambiar lo que uno piensa para ser distinto. Yo, de hecho, creo tener bastante incorporado por los años en ESPN eso de buscar el show, de ir a una dinámica más divertida, sabiendo hasta dónde podés hacerle un chiste a tu compañero sin que lo tome mal. Me parece que eso es lo que también hace que la gente esté ahí, porque si somos cuatro tipos alrededor de una mesa hablando de fútbol como si estuviéramos hablando del Artemis que está bajando de la Luna, no va. Estamos hablando de fútbol. Vamos a divertirnos un rato. Eso es parte de lo que tenemos que tener incorporado como concepto para hacer un programa de radio.

¿Te queda algún proyecto pendiente dentro del periodismo deportivo o fuera?

Sí. Yo soy bastante iluso en eso. Me gusta pensar cosas que después no las hago, pero un día las retomo. Hoy en día no tengo demasiado tiempo para pensarlo, pero en un momento tuve muchas ganas de escribirle un libro a mi viejo (Carlos Muñoz), que está ahí en stand-by, ojalá un día lo pueda hacer.

Tengo ganas de incursionar en el podcast, pero bueno, son cosas que andan volando, a veces las escribo para que no se me vayan. Un día en verano empecé a escribir un guion para hacer algo vinculado a la historia de los mundiales y ahí quedó. Hoy no tengo nada urgente, no me permito ni pensarlo porque no me quiero distraer tampoco de todo lo que tengo por delante.

¿El libro sobre tu padre era un libro biográfico?

Sí, lo quería hacer, lo hablé con él, me dijo que sí, lo hablé con la editorial, me dijeron que sí y después yo me fui pinchando y capaz que un día lo retomo.

¿Cómo te ve tu padre, Carlos Muñoz?

Yo creo que mi viejo me ve consolidado, me ve como yo lo veía antes a él. Ve en mí cosas que él tenía y a mí me hace muy feliz. Él es mi hincha número uno, me escribe todo el tiempo en los partidos, en los programas. Me parece que también eso es circular. Cuando un padre y un hijo hacen la misma carrera, vos, cuando estás creciendo, ves a tu padre allá y decís, “qué divino un día sea como mi padre”. Y un día —por supuesto que no le piso ni los talones a mi viejo—, él ve como todo ese laburo del hijo tiene recompensa y se siente muy halagado de que todo ese proceso evolutivo se haya consolidado.

¿Qué cosas ve de él en vos?

Creo que siempre vio que yo era un tipo que no me callaba lo que pensaba, que no tenía demasiados reparos a la hora de medir consecuencias. Me parece que en algún punto ve que hay valores para hacer periodismo, del respeto hacia el otro, a la hora de entrevistar, el tratar de hacer una nota seria, preparada, que él en su momento también era bastante obsesivo en poder hacerlo. Creo que son cosas que él visualiza y que lo ponen contento.

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Diego Muñoz El Espectador AUF

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