El Cuarteto de antes
Para principios de los 2000, El Cuarteto de Nos sentía que había llegado al límite. Se habían reventado contra la pared y el techo a la vez. A esa altura la banda ya tenía unos 20 años de carrera encima, y en 1994, con el disco Otra Navidad en las trincheras habían llegado a lo que podríamos llamar el éxito. Ese disco los reposicionó dentro de la escena: alcanzó la marca del álbum de platino y es uno de los más vendidos de la historia de la música local.
Tres discos después (polémica con El día que Artigas se emborrachó mediante), El Cuarteto tenía la noción de que había quedado atado a la fórmula y a la búsqueda de repetir lo sucedido con Otra Navidad… en cuanto a sonido y composición.
“Yo sentía que en algunas cosas la banda se estaba agotando, como compositor se me habían prendido algunas alarmas que me decían que la inspiración tenía que venir por otro lado”, consideró Roberto Musso. “Estaba todo el tiempo compitiendo conmigo mismo para lograr lo que ya había hecho. Entonces me enrosqué en buscar otro ángulo para hacer canciones, aunque sin perder la esencia”.
Por otra parte, la banda estaba segura de haber llegado al tope de posibilidades de crecimiento dentro de Uruguay.
Tavella recordó que luego de la salida de Cortamambo en el 2000, la banda se puso como objetivo “hacer cosas para salir del entorno uruguayo”.
“Nos encanta tocar acá, pero hay un límite. Empezamos a pensar en ir más a Argentina”, dijo el bajista.
Alvin Pintos agregó que la banda empezó a mirar a los costados y notar que los proyectos que emergían de la movida del rock uruguayo de la época, en pleno boom de popularidad, accedían muy rápido a la otra orilla del Río de la Plata. “Veíamos que bandas como Once Tiros iban a Argentina, sonaban allá. Nosotros íbamos a tocar desde 1992, y si bien para ese momento habíamos crecido en la llegada, no pasaba nada, era poco. Yo veía a Once Tiros en la tele y decía ¿cómo hay que hacer?”, contó el baterista.
El Cuarteto encontró que la respuesta era profesionalizarse y ampliar su equipo de trabajo.
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Una de las imágenes del disco
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Riki Musso explicó que “era un momento en el que no todos estaban tan metidos en la banda. Tavella estaba con su faceta de artista visual, Alvin estaba tocando también con La Trampa (que en 2006 sacó otro disco insignia del rock uruguayo, Laberinto), y Roberto tenía la idea de que la banda era su hobby y su trabajo la ingeniería”.
El Cuarteto, entonces, empezó a trabajar con la productora Majareta, encabezada por Verónica Piana, para la organización y gestión de sus shows en vivo. También sumaron sonidistas, iluminadores y demás personal para sus espectáculos.
La otra decisión clave era la de cambiar la forma de trabajar en el estudio de grabación. Si bien Cortamambo se había grabado en Buenos Aires, lo que ya había representado un salto de calidad, El Cuarteto había grabado en estudios montevideanos como La Batuta e IFU porque Riki Musso trabajaba allí, o en su estudio doméstico, Tío Riki. Claro que eso les permitía tener más horas de trabajo, pero al mismo tiempo todo tenía un espíritu casero. Por eso sintieron que tenían que traer a un productor externo que los supervisara y los hiciera más contundentes en lo sonoro.
Fue así que Juan Campodónico entró en la historia del Cuarteto. Aunque ya sabemos que la memoria es un asunto subjetivo y, claro, raro. La certeza es que fueron los integrantes de la banda los que acudieron al músico y productor que para ese entonces ya tenía en su currículum su trabajo con Peyote Asesino y la producción de discos como Frontera de Jorge Drexler y Solo de noche de No Te Va Gustar.
Lo que es más difuso es quién fue el que sugirió su nombre. Riki dice que fue él y que el resto de la banda no quería que viniera alguien de afuera. Tavella dice que fue un amigo, que hasta les ofreció pagar los honorarios de Campodónico (hasta que llegó el presupuesto y les dijo “yo no tengo esa plata”). La cosa es que finalmente acordaron y lo fueron a buscar.
Campodónico, fan del Cuarteto desde su adolescencia, recibió al grupo en su casa de entonces, en Paraguay y 18 de Julio. “Ellos estaban en un momento bisagra. El éxito es malísimo para la creatividad y estaban en un momento de tocar poco, repitiendo la fórmula de canciones pop, bien beatleras, pero con letras bizarras de Otra Navidad... ”, contó el productor.
La propuesta inicial que le hicieron fue la de regrabar sus éxitos pero con una impronta sonora más potente y actualizada al sonido del rock de los 2000. El plan era, con ese greatest hits en la mano, meterse de forma definitiva en el mercado argentino, que exigía otro estándares sonoros.
Así nació el disco que la banda publicó en 2004, un álbum homónimo que se conoce como “el de la heladera”, por el electrodoméstico que ilustra su portada. Dieciocho canciones, 15 reversiones y tres novedades que anticipaban lo que vendría después: Hay que comer, Fui yo, y No quiero ser normal, título profético si los hay.
La fórmula de Campodónico fue llevarlos a sus fuentes del rock y el punk, pero sumarle influencias sonoras del momento. “Tratamos de que volvieran a sus comienzos musicales, a esa energía, pero sonando modernos. Situados en el momento, ya fuera por parecido o por diferencia”, detalló.
Pero Argentina no quiso abrir la heladera. “Hicimos todas las gestiones, fuimos a hablar con todos los sellos de la época, y nada”, recordó Campodónico. “Las regrabaciones no suelen llamar tanto la atención, no tienen la misma energía que hacer algo por primera vez, por más que suenen lindo y sean un interesante ejercicio”.
Sin embargo, no todo fue en vano. Tavella consideró que el disco los reposicionó en Uruguay y los sacó del relativo ostracismo en el que estaban. Alvin (el batero) agregó que ese trabajo les permitió conocerse con Campodónico y aceitar una forma de trabajo que ayudó muchísimo al momento de trabajar en su sucesor, que de alguna manera fue una extensión de todo el proceso.
Por eso, cuando Campodónico los llamó para grabar de nuevo, lo que se sumó a que el sello Warner les ofrecía un adelanto para la edición, El Cuarteto acudió enseguida. Pintos lo resumió así: “El de la heladera fue un cambio hacia adentro. Raro fue el cambio hacia afuera”.
Ya no sé qué hacer conmigo
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Versiones alternativas del diseño de tapa, con otras opciones de fusión entre los rostros de los cuatro miembros del grupo
Estudio Land
Grabado entre Tío Riki y los míticos estudios Sondor, Raro fue un disco…bueno, raro. Al menos en cómo fue pensado y trabajado por El Cuarteto y Campodónico, y en lo que terminó pasando con el disco en comparación a las expectativas del sello local, Bizarro, y las del propio grupo. Que no eran demasiadas.
“Raro se hizo sin intención de conquistar el mundo”, sentenció Campodónico. Después de que el disco de la heladera no generara el efecto esperado, la banda se abocó a grabar temas nuevos con algunas dudas, y en el camino se encontró con el desafío entre jugar a la segura y tomar riesgos.
Roberto Musso presentó dos juegos de canciones. Unas continuaban la línea de Otra Navidad... Las otras no le cerraban tanto porque sentía que eran demasiado raras con sus letras largas, medio rapeadas, sin tanto humor guarango y con más juegos de palabras, inspiradas por el shock de haber descubierto a Eminem con su The Marshall Matters LP, o la influencia de Beastie Boys con sus versos rimados y sus estribillos pop-rock.
“Tenía mis dudas sobre su viabilidad, cómo iban a ser recibidas”, contó el compositor.
“Son las que están más buenas”, le dijo Tavella. “Son las mejores”, agregó Alvin. Campodónico no tuvo objeciones. Es más, salvo algunos recortes en extensión, las canciones cambiaron muy poco con respecto a los demos que grabó Musso. La que más cambió fue Yendo a la casa de Damián, que nació como un rock mucho más psicodélico y lento de lo que terminó siendo.
Embed - Yendo a la casa de Damián
A lo largo de la historia del Cuarteto lo que abundan son personajes. Seres imaginarios que protagonizan sus canciones, en una línea que va de Morcillo López al hijo de Hernández, pasando por Damián. Raro mantuvo eso pero pivoteando de una dominación del relato en tercera persona a la primera. “Fue un experimento, y también generó mucho de identificación de parte del público”, comentó Roberto Musso sobre ese ítem de las nuevas composiciones.
Las canciones raras ganaron la pulseada. Impusieron también un título de disco. La lista de temas se completó con aportes de los otros dos compositores del Cuarteto: Tavella, que puso Pobre papá y El karaoke de mi noviecita, y Riki, que cierra el álbum con Autos nuevos, un tema Campodónico compara con las reflexiones sobre el mundo moderno de la banda estadounidense Talking Heads.
Curiosamente, ninguna de las tres era nueva. Las de Tavella habían sido tocadas en eventos de arte y en shows propios, mientras que la de Riki tuvo otra versión en 2006, en su disco solista Servo, donde aparece con un arreglo de cumbia.
“Yo compongo, produzco y grabo a la vez, no me siento cómodo con el método habitual de hacer paso a paso la canción”, explicó Riki. “No sé hacerlo, no me sale. Entonces era imposible pensar en componer un tema en la guitarra y llevarlo. Por eso recurrimos a temas viejos. En Bipolar, el disco siguiente, pasó lo mismo”.
Más allá de estos vaivenes, la banda decidió asumir los riesgos y no ir a la segura. “Teníamos dudas por jugárnosla, pero ganas de probar”, es como lo subrayó Alvin Pintos.
Le dije “a mí me gusta el rock”
Campodónico nutrió a los cuatro músicos de referencias y canciones que funcionaran como ejemplos de lo que hacer o qué sonido buscar. Bandas como Franz Ferdinand (hay trazas del ADN de Take me out en Yendo a la casa de Damián), The Hives o The Strokes fueron algunas de las que aparecieron.
Basta comparar la introducción de Nada es gratis en la vida con la de Last nite de la banda neoyorquina para notar ese parentesco.
Antes de la grabación hubo un intenso trabajo de ensayos, que se hicieron en un sótano diminuto en Pablo de María y Lauro Müller, en el Parque Rodó (donde ahora está la cafetería Obrador). “Ellos habían reacomodado la energía, estaban tocando bastante en vivo y estaban muy inspirados en buscar sonidos”, recordó Campodónico.
“Mi trabajo fue tomar esas canciones, que eran muy potentes, y hacerlas crecer en sonido. Trabajamos de forma muy colectiva en la producción y los arreglos”, agregó.
“Juan nos hizo más contundentes en los arreglos. Fue una forma de grabar que nunca habíamos experimentado”, complementó Riki, que destacó el aporte del ingeniero de grabación Julio Berta y su ayuda en el trabajo de sonido de las guitarras del grupo.
Tavella suma la importancia que empezaron a tener herramientas de edición y mezcla digital como Protools, que para el resto del mundo ya eran moneda corriente pero en Uruguay recién se estaban aprendiendo a usar. “Era el chiche nuevo, y escoba nueva barre bien. Ahora la música llegó a un punto en el que usa tanto esa maquinaria que ya aburre más que traer novedad, pero ahí estaba bien usada”, señaló.
Campodónico comentó que, de todas formas, Raro fue un disco que se hizo “con muy pocos recursos”. Y con una carcajada agregó: “Fue de mis peores sueldos como productor y uno de los discos más exitosos en los que trabajé. Fue mal negocio”.
Otro cambio clave que trajo el productor fue imponer una cierta seriedad musical en contraste con lo que El Cuarteto venía haciendo. “Hacíamos chistes musicales, capaz que tocábamos una cumbia pero era todo más o menos, como nos salía. Juan nos dijo que era divertido pero no era serio. No teníamos que perder la esencia de la banda pero sí era importante trabajar el audio. Nos cambió los instrumentos, vino gente a afinar la batería, cosas que no hacíamos”, dijo Pintos.
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Una de las imágenes de "el Raro" que integraron el librillo del disco
Estudio Land
“Tenían que tocar en serio”, subrayó Campodónico. “Era importante que tocaran bien aunque fuera un chiste o una alegoría musical, porque después pasan los años, el chiste se termina y la música queda”.
Veinte años después, con todo lo que vino después de Raro, hay una parte del público uruguayo del Cuarteto —el que los conoce desde hace más tiempo— que le adjudica al disco ser el quiebre entre “el Cuarteto de antes” y el “de ahora”, como si hubiera sido un reset total para el grupo.
Pero repasar el álbum en 2026 lo muestra más bien como un disco de transición entre lo que la banda hizo en los 90 y lo que siguió. Una intersección. Juan Campodónico canaliza a Hannah Montana y lo define como “lo mejor de dos mundos”. Más allá de lo que se le endilga, es un disco que en el primer verso de su primera canción habla de un aborto frustrado. Claro, quizás en los 90 habrían usado la palabra. Pero igual lo están diciendo.
“Es natural que sea vea como ese quiebre, pero las cosas son más complejas de lo que parecen. Raro es un disco que está en el medio, pero más tirando hacia ese lado de no tenerle miedo a lo turbio, de disfrutar de lo turbio, que era parte de lo que hacíamos”, analizó Tavella.
“Nada es gratis... podría estar en Otra Navidad...”, dice con la perspectiva del tiempo Roberto Musso. “Pero siempre nos pasó eso. La gente que nos conocía desde los 80 decía que Otra Navidad... no era el mismo Cuarteto que antes”.
La frase de Ya no sé qué hacer conmigo "Vos siempre cambiando, ya no cambiás más", dice Musso, terminó siendo una manifestación del ADN de la banda.
Gracias Julieta
El disco que los convirtió en el tercer vértice del triángulo de bandas uruguayas que lograron una notoria popularidad y alcance fuera de las fronteras nacionales junto a La Vela Puerca y No Te Va Gustar (y también los terminó de consolidar localmente) fue uno que en palabras de Roberto Musso nunca imaginaron "que fuera el que abriera esas puertas”.
Su hermano Riki acotó que la banda tuvo la intención de crecer fuera de Uruguay desde que tenían 14 años, y que les sorprendió que en su momento, el boom de Otra Navidad en las trincheras no hubiera acarreado ese crecimiento.
Tavella agregó que el impacto del disco de 1994 sí los tomó por sorpresa en comparación a lo que sucedió con Raro, que implicó un crecimiento más gradual. “Cuando salió Otra Navidad... pensábamos que no le importábamos a nadie. Con Raro, si bien veníamos de que no pasara nada con el disco anterior, había una revisión de nuestra forma de trabajo para tener una llegada más importante, para mejorar la infraestructura y tener algo más parecido a lo de bandas como No Te Va Gustar y La Vela. Pero todo lo que pasó fue disfrutable y nos maravillaba. Nos decíamos '¿cómo hicimos todo esto?'”.
Para Campodónico, un ingrediente clave en el alcance que tuvo el disco y llevó a la banda a nuevos mercados fue el entusiasmo de sus colegas. Más allá de que él mismo iba con el Raro a todas partes durante sus giras con el proyecto Bajofondo, moviéndolo en radios y compartiéndolo con músicos, hubo nombres que fueron claves en los viajes del Cuarteto y que no tenían ningún vínculo directo con el grupo.
Uno de los más notorios es el de la cantautora mexicana Julieta Venegas. De nuevo, la memoria es un asunto raro y es difuso saber cómo llegó a sus manos el disco. Venegas dijo en una entrevista con el diario El País en 2007 que se lo dio Campodónico.
Campodónico dice que no fue él, y que de hecho Venegas se lo cruzó y le preguntó si conocía al Cuarteto porque estaba fascinada con Raro. “¡Lo produje yo!”, le respondió.
Roberto Musso puede tener la llave: “Julieta era amiga de la esposa del gerente del sello que lo editó en España. Entonces capaz que le llegó por alguno de ellos”.
Pero capaz la llave no sirve, porque Tavella dice que fue Venegas la que se lo hizo escuchar a los españoles. Y Alvin respalda esa teoría: “El gerente de repertorio de Warner España lo escuchó con ella. ‘Esto lo tienes que editar, hombre’, les decía a los del sello”.
Sea como sea, la banda que quería llegar a Argentina terminó sacando su disco en España primero (y haciendo una gira allá). Después vino México. Ahí sí, Argentina, y al final, Uruguay.
“A esa gira fuimos con una guitarra sola cada uno, todavía pedíamos licencia en el trabajo, era una transa”, rememoró Riki Musso. “Después aparecieron sponsors, Gibson nos daba guitarras, nos dedicamos plenamente a la música”.
Una que sale por el canal Sony
Hay cuatro canciones de Raro con videoclip: Pobre papá, Ya no se qué hacer conmigo, Invierno del 92 y Yendo a la casa de Damián. La banda los reconoce como otro elemento que fue clave en la proyección internacional del grupo.
En los Grammy Latinos de 2007, a los que la banda fue como nominada, a Roberto Musso le presentaron a un joven. El hombre era un jerarca del canal de televisión de la multinacional Sony, que casualmente era mencionado en la letra de Damián. Le dijo a Musso que el disco le encantaba y que le mandaran los videos.
“Al tiempo me llama mi hermana y me dice ‘che, entre Betty la fea y Desperate Housewives están pasando el video de ustedes’. Nos metieron en la tanda, y así nos empezaron a llegar mensajes de que nos veían en Honduras, Nicaragua, Colombia”, recordó Musso.
Al impulso de los medios tradicionales se le sumó el impulso de internet y unas todavía emergentes redes sociales. Pintos contó que en aquel momento se maravillaban cuando descubrían que desde un país o una ciudad nueva los estaban escuchando.
“Los videos los subió un amigo a internet, ni siquiera fue por el sello. Primero festejamos cuando llegamos a 20.000 vistas, después a 100.000 y cuando quisimos acordar ya estaba cerca de un millón. El disco cayó en un buen momento, en la cruza entre el CD físico y la época en que ya podías bajar la música y escucharla en un iPod o algo parecido”, consideró el baterista.
“Crisis” es “oportunidad” en chino
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Roberto Musso en la actual gira de El Cuarteto de Nos
De Raro para acá, El Cuarteto de Nos publicó siete discos (más uno en vivo, el más reciente, Sigo atravesando puertas). La banda profundizó el nuevo camino abierto por el álbum de 2006, con esas letras en primera persona y los coqueteos con el rap, además de plantar los pies de forma más firme en las arenas del rock y el pop. También aparecieron canciones más sentimentales, como No llora.
La banda que sorprendió fuera de fronteras porque aunque parecía nueva estaba compuesta por señores adultos incrementó su alcance, sus valores de producción y su ritmo de giras internacionales. Un camino que viene de Raro, pero que, asegura Roberto Musso, no los obligó a competir con ellos mismos como si había pasado con Otra Navidad...
“Raro no condice con el momento de más popularidad y convocatoria de la banda que es ahora, entonces no tiene esa presión. Raro nos abrió al mundo, pero con relativamente poco público, afuera éramos una banda nueva y tuvimos que hacernos camino”, explicó.
“Con los discos subsiguientes sí nos obligó a preguntarnos si éramos la banda de Raro para atrás o para adelante, y terminó siendo lo segundo, tanto para el público como para nosotros mismos, que sentíamos que cuando tocábamos las canciones anteriores en vivo caían en comparación a las de Raro”, agregó. La banda no toca hoy en vivo canciones anteriores a Raro.
Esos discos subsiguientes también significaron un cambio de alineación para la banda. Después del sucesor de Raro, Bipolar (editado en 2009), Riki Musso dejó el grupo. En su lugar entraron el guitarrista Gustavo “Topo” Antuña y el tecladista Santiago Marrero, que continúan en la banda. Por su parte, Santiago Tavella se fue de la banda que fundó en 2024.
“Raro es un disco al que le tengo mucho cariño, que me gustaba tocar en vivo, y me pareció divino laburar como lo hicimos”, contó Riki. “Ya para Bipolar no me interesaba nada trabajar así, aparte que me había quebrado un dedo, entonces fue un disco donde casi no toqué”.
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La edición en CD de Raro. En 2021, para su aniversario número 15, se editó en vinilo.
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“ Raro fue una experiencia increíble, y que podíamos repetir. Pero en otro momento, no hacer otro disco así enseguida. Me empezó a aburrir, porque para mí una banda era transformar cosas. Obvio que el resultado de Raro fue económicamente próspero, pero la banda se quedó ahí y era algo que no me atrapaba. Y eso que mis canciones favoritas del Cuarteto son de mi hermano o de Tavella”, contó sobre los motivos de su eventual salida de la banda.
Y agregó: “Ahora ir a verlos es como ver TikTok en un estadio, pero eso es porque todas las bandas de éxito actuales son así. Pero eso no vino con Raro, fue de Bipolar en adelante. La producción fue gigante y yo no les podía seguir el paso. La banda estaba buenísima y no quería seguir trancando”.
Más allá de todo lo que vino y pasó después, Raro marcó un punto de quiebre en la historia de la banda y sigue posicionado como un disco clave de la música uruguaya reciente.
“Fue un disco de riesgo”, concluyó Tavella. “Con el Cuarteto pasó siempre que hacer cosas arriesgadas funcionó. Como Otra Navidad..., que salió cuando nosotros sentíamos que podíamos hacer cualquier cosa porque nadie nos daba bola, o como pasó después con Porfiado, que se hizo en un momento de crisis después de que se fue Riki, hubo muchos replanteos internos, entraron músicos nuevos. Para mí riesgo y crisis son cosas buenas aunque asusten a la gente normal. Y en Raro se vio claramente. Fue un antes y después”.
Está en la tapa del disco
Uno de los elementos más icónicos del álbum es su portada, donde figura un personaje que se terminó convirtiendo en la mascota de esa época del Cuarteto, protagonizando incluso algunos de los videoclips del disco.
Detrás de la creación del diseño del disco están los diseñadores del estudio Land, Santiago Velazco y Gabriel Pica. Velazco contó a El Observador que la base para este proceso fue la escucha del disco y la lectura de las letras. “Pero lo que disparó la idea de que Raro era una persona fue la escucha del demo de las canciones, cantadas por Roberto, con una guitarra y el metrónomo sonando. Todo muy primario, muy raro, sin nada de estudio y producción”.
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Imagen que muestra qué fragmento de la cara de cada músico se usó para crear al personaje que ilustra el disco
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“Eso nos dio la idea de que era una persona a la que le pasaba de todo, y para mostrar a esa persona de una forma que tuviera algo de sentido bajó la idea de hacerlo mezclando las caras de los integrantes del Cuarteto, que de por si ya eran cada uno un personaje con sus características”, agregó Velazco.
El proceso generó varias opciones, hasta que finalmente se eligió la cara de “el Raro”, un ser nacido del universo de estas canciones (así como en otro momento de su carrera la banda había creado la ciudad de Tajo, por ejemplo). En el interior del disco este personaje aparecía en tres escenas domésticas, en su cama, su cocina y el living de su casa. “Conseguimos una locación increíble que era tal cual lo que necesitábamos. Y todos los elementos que aparecen en esas imágenes están en las letras del disco. Por un tema de recursos para esas imágenes usamos la misma cara de la tapa, montada sobre un cuerpo, y eso reforzó a este personaje Raro”, comentó el diseñador.
Más allá de que el personaje está creado con rasgos de los cuatro músicos, hay también una presencia indirecta de Campodónico en la tapa. Los lentes del personaje, que fueron tomados de Riki Musso, eran originalmente del productor.
“No los usaba y se los regalé a Riki, que hasta ese momento usaba unos redonditos, medio Lennon. Le dije que me parecía que iban más con él, esa cosa de guitarrista de la década de 1970, más de lentes de pasta. Les puso aumento y hasta creo que los sigue usando”, contó el músico.