La redacción de un medio suele estar llena de libros. O, al menos, es el caso de esta redacción. Libros de consulta, libros de historia, libros de archivos, libros heredados de periodistas que pasaron por estas páginas que conviven con otros que todavía esperan ser leídos. Pequeñas pilas de libros en rotación.
Este martes, en el marco del Día Nacional del Libro, los periodistas de El Observador eligen un título. Un libro para sugerirle a alguien más. Cada periodista que decidió participar del intercambio fue adjudicado por azar (dígase, por un montón de papelitos en un recipiente de plástico traslúcido) un colega al que hacerle una recomendación de su propia biblioteca.
Periodistas políticos cruzaron miradas con los que trabajan en el deporte, reporteros gráficos con periodistas que cubren los pormenores de la agroindustria, las que trabajan en el ámbito empresarial con quienes se especializan en lo cultural. Cronistas formados en redacciones de tinta sobre papel con jóvenes nativos digitales que pasan sus días entre los algoritmos de las redes sociales. Fanáticos del fútbol con amantes de la poesía.
Así comenzó un pequeño club de lectura entre los escritorios que dio lugar a investigaciones históricas, ficciones de mundos imaginarios, diccionarios inusuales y, claro, crónicas periodísticas.
Estas son algunas de ellas.
La fábrica de canciones, de John Seabrook
De Nicolás Tabárez para Mara Brauchok.
Le recomiendo a Mara Brauchok el libro La fábrica de canciones, de John Seabrook, un cruce entre una de mis áreas de cobertura (la música) y la suya (la ciencia). El libro repasa la historia de las canciones pop y cómo los productores y compositores han perfeccionado sus trucos para "hackear" nuestro cerebro y hacernos adictos a ellas.
Sepultura, Fabián Severo
De Carla Colman para Santiago Soravilla.
Pueblo Sepultura es un espacio de la frontera entre el cielo y la tierra, un lugar al que van buscando respuestas entre el polvo y la tierra. Un rincón fronterizo en el que las voces no saben callar. Un pueblo en el que el amor crece como una inundación, y así se desagota. Sepultura, la segunda novela del escritor artiguense Fabián Severo, es mi recomendación para Santiago Soravilla. Un universo en portuñol que lo acerque a las noches del norte.
Koljós, Emmanuel Carrère
De Emanuel Bremermann para Ramiro Pisabarro.
En esta secuela espiritual de Una novela rusa, el autor francés —visita de lujo para este 2026 en Uruguay—se reconcilia con la figura de su madre, la prominente académica ruso-francesa Hélène Carrère d'Encausse, y entrega una radiografía sobre el peso que esa mujer tuvo en la intelligentsia gala, su propia historia familiar, una genealogía fascinante que llega hasta la época de los zares, la historia moderna de Rusia y hasta los coletazos de la guerra de Ucrania.
En Koljós, Carrére es un hijo que duda, un cronista que indaga, un narrador que se pelea y se amiga con el pasado, un hombre que recuerda, un autor clave de la literatura contemporánea en uno de sus puntos altos.
Los partes de Don Menchaca, Serafín J. García
De Juan Samuelle para Nicolás Tabárez.
Yo le recomiendo a Nico Tabárez que lea Los partes de Don Menchaca, del escritor Serafín J. García, una edición del año 69 con prólogo de Mario Benedetti. Una postal preciosa del Uruguay rural del siglo XIX, de la mano de partes policiales de un comisario campero a sus superiores que son más que humor.
Berlín: La Caída, Anthony Beevor
De Ramiro Pisabarro para Juan Samuelle.
Le recomendé a Juan Samuelle el libro Berlín: La Caída. El historiador británico Anthony Beevor narra en esta obra, una de las más destacadas de su autoría, los últimos días del Tercer Reich en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial. El autor accedió a archivos clasificados de la Unión Soviética para relatar al detalle la gran hazaña militar del Ejército Rojo para derrocar al régimen de Adolf Hitler, y evidencia al mismo tiempo las atrocidades cometidas en el camino para ganar la guerra. El libro repasa también los delirios finales de Hitler, los graves errores militares que le costaron la derrota y sus últimas horas en el búnker con Eva Braun.
Lost in Translation, de Ella Frances Sanders.
De Julieta Safi para Emanuel Bremermann.
Lost in Translation es una propuesta distinta: recopila palabras de otros idiomas que no tienen traducción, y que describen sensaciones o acciones muy precisas. El libro juega con la idea de que el lenguaje también moldea cómo entendemos el mundo.
Pelota de papel, Sebastián Domínguez y Agustín Lucas
De Santiago Soravilla para Joaquín Pisa.
Aunque Marcelo Bielsa está haciendo todo lo posible por enfriar la fiebre mundialista, al saber que me tocaba recomendarle a Joaquín Pisa inmediatamente pensé en algún texto que pudiera unir la literatura al fútbol. Y recordé que mi biblioteca guardaba buenos recuerdos de Pelota de papel, un libro en el que los futbolistas son protagonistas porque escriben cuentos bien variados.
Los vemos expresarse en términos que los alejan de las “sensaciones” del pospartido y abrir su horizonte para reflexionar sobre el deporte y su incidencia en la vida. En lugar de hablar solo de goles o campeonatos, los relatos se enfocan en emociones humanas: el miedo, la amistad, la infancia, la presión, la familia y los sueños.
La idea es del exjugador y escritor uruguayo Agustín Lucas junto al argentino Sebastián Domínguez, que además resolvieron donar lo recaudado a ONGs de ambos países.
Hiroshima, de John Hersey
De Tomer Urwicz para Julieta Safi.
Cuando cae la primera bomba atómica sobre la primera de las ciudades japonesas atacadas, los reportes hablaban de números a secas: los cerca de 100.000 muertos, la potencia del estallido. El periodista Hersey le puso humanidad y puntos de vista a la frialdad de las cifras y logró uno de los reportajes más atractivos y profundos (que más de ochenta años después tiene vigencia).
Hersey sigue la sobrevida de seis personajes que se complementan en ocupaciones, miradas filosóficas y género. Y tomando como partida la escena que cada uno atravesó en el preciso instante en que cayó la bomba, va tirando de una piola para que el mundo comprenda el impacto real. Su reportaje, primero publicado en la revista The New Yorker y luego en formato ampliado de libro, cambió la opinión pública de buena parte de la sociedad estadounidense ante la llamada rendición.
Es el periodista en terreno, pero sin ser protagonista. No opina, no busca convencer a nadie. Interpreta, muestra escenas, actos, cuadros como un cieneasta que lleva la acción al lenguaje escrito.
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La otra guerra, Leila Guerriero
De Mara Brauchok para Joaquín Ormando.
"Soldado argentino solo conocido por Dios". Detrás de esa placa fría en el cementerio de Malvinas late el dolor de madres, padres y familiares que esperaron décadas para saber dónde llorar a los caídos. En esta crónica de Leila Guerriero se reconstruye el reencuentro con esa identidad perdida, a través de una lectura que nos mete en las casas y en los recuerdos de quienes convivieron tanto tiempo con la incertidumbre.
Pionera, Nancy Urrutia
De Joaquín Ormando para Tomer Urwicz.
Mi recomendación es el fotolibro Pionera, de Nancy Urrutia, la primera fotoperiodista uruguaya. En él se retratan en partes equivalentes de belleza y dureza la realidad del Uruguay post dictadura. Este libro es memoria y Nancy es historia viva.
Los dominios del lobo, Javier Marías
De Joaquín Pisa para Federica Bordaberry.
Le recomendé a Federica Bordaberry Los dominios del lobo, una novela muy entretenida de un entonces jovencísimo Javier Marías que une a distintas historias del Estados Unidos de las primeras décadas del siglo XX. Divertida y de lectura rapidísima.
El Emperador, Ryszard Kapuciski
De Naara Pérez para Diego Cayota.
Mi recomendación en este Día del Libro es El Emperador, del periodista polaco Ryszard Kapuciski. Un libro que el autor publicó luego de viajar a Etiopía tras la guerra civil y la caída de Haile Selassie, emperador que gobernó el país como monarca absoluto durante casi cincuenta años. Disfruté mucho de esta lectura porque se sumerge en los hilos de poder que se mueven en los gobiernos de este tipo y logra retratar a la perfección la atmósfera de un caso real que por momentos parece ficción.