Cada semana hay un puñado de personas que se enfrentan a un desafío. Un puzle que hay que volver a armar cada siete días. Un puzle que tiene sus trucos, sus peculiaridades y que cambia todo el tiempo a demanda de miles de personas: el público de los cines uruguayos.

Cada semana, los programadores de las salas tienen que elegir qué película ubican en cada espacio disponible. Los estrenos, las que ya vienen de las semanas anteriores, las piezas de archivo que vuelven a la pantalla, las proyecciones especiales.

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Tienen que decidir si la función será subtitulada o doblada al español. A quién le van a apuntar. También, saber acomodarse cuando aparece un fenómeno inesperado.

Mauro Aschero, gerente de programación de la cadena Movie, dice que programar una cartelera no se estudia, pero se aprende. “Hay mucho que va en la experiencia y en la impronta personal que uno va generando”, explica a El Observador. Aschero está hace tres décadas en el negocio del cine, y encontrarse con colegas con carreras igual de extensas, tanto en Uruguay como en el exterior, es de lo más habitual.

El programador de Movie explica que al momento de asignarle un horario y una sala a una película la ecuación que se tiene en cuenta incluye múltiples factores, que van desde el género de la película hasta los actores que la protagonizan o quién la dirige.

“Tratamos siempre de verlas antes para tener claro a donde apuntar. Y en caso de que la película llegue muy sobre la fecha de estreno, al menos tener material, información y hasta los tráilers para tener un panorama claro. A eso se le suma la experiencia. Obvio que después podés errarle, como nos pasa a todos, pero siempre se buscar entender hacia dónde ir, y qué tan viable va a ser”, cuenta Aschero.

Aunque en el cine han cambiado muchas cosas en cuanto a cómo se consume y qué busca el público, hay cosas que no se alteran más allá del paso del tiempo: quizás menos que antes, pero hay nombres que se siguen traduciendo en personas sentadas en butacas.

“Hay películas que podés estar más en duda, entonces pedís para verla en privado para evaluar su viabilidad y definir si estrenarla o no”, dice Aschero. “Otras vienen seguro: si Brad Pitt hace algo se va a estrenar porque va a funcionar. Los nombres grandes siguen convocando aunque la película sea mala. Al menos en la primera semana, ya capaz en la segunda, con el boca a boca, empieza a bajar”.

María José Santacreu, coordinadora de Cinemateca, sabe que cada lunes implica enfrentarse a la “pesadilla semanal” de construir la cartelera de la institución. Un puzle semanal encastrado dentro de otro anual.

Porque a diferencia de las salas comerciales, Cinemateca tiene que armar su esquema sumando todas sus aristas, que incluye festivales, ciclos, proyecciones especiales y estrenos semanales, tanto exclusivos como otros que forman parte del circuito comercial, en el que Cinemateca se instaló con más regularidad desde la inauguración de su actual complejo en Ciudad Vieja.

“Si viene la película nueva de Almodóvar, por ejemplo, queremos tenerla. O poder pasar La Odisea en 35 milímetros, como ya habíamos hecho con Oppenheimer. Son películas comerciales pero que se integran a nuestra curaduría. La complejidad es que a veces esos estrenos son el simultáneo, y otras veces un poco después”, comenta Santacreu.

“Nosotros tenemos ciclos fijos todos los años. En noviembre vamos a hacer el de Cine uruguayo – 10 años, que se hace de forma anual. En enero hacemos el repaso de lo más destacado del año que terminó. Tenemos el ciclo mensual que programa (el argentino) Fernando Peña. A eso se le suman los ciclos que están atados a hechos como el fallecimiento de una figura y se arman cuando sucede algo, o ciclos de países”, detalla la coordinadora de Cinemateca sobre las complejidades del armado de su cartelera semanal.

Los ciclos determinan la base del calendario anual, y en torno a eso se forma el resto del esquema. Y ante algún aniversario o una muerte de un cineasta o actor ilustre, se consulta al archivo de la institución, que envía una lista de películas y su estado de preservación. En base a ese listado se ubican los ciclos “emergentes”.

Y a todo eso se suman los estrenos uruguayos e internacionales. Hay un documento que las cadenas de cine, instituciones como Cinemateca y las empresas que distribuyen películas comparten. Se llama competitive, y allí están detalladas las fechas de estreno de cada distribuidora semana a semana, con años de antelación.

Antelación que no siempre aplica para Cinemateca, explica Santacreu. “A veces el distribuidor te llama y te ofrece una película que nos interesa, pero ya tenés otro estreno en esa fecha. Si miro para adelante es aterrador todo lo que tengo para estrenar con las fechas que quedan. Con algunas películas que adquirimos nosotros tenemos más margen, como las que compramos después de nuestro Festival, que tenemos un plazo bastante amplio para estrenarlas, pero con otras no pasa”.

Cada sala es un mundo

Los programadores saben que no siempre pueden dejar contento a todo el mundo. En una época donde el torrente de películas es imparable pero la cantidad de salas disponibles es limitada, hay que tomar decisiones que van a frustrar a parte de la audiencia.

A eso se suman cambios de la industria que achican más el margen. “Las películas antes duraban todas 90 minutos, ahora no baja nada de dos horas, hasta las películas animadas. Eso implica menos funciones por día”, explica Danae Gallego, encargada de programación de Life Cinemas.

Con unos 20 años de experiencia en esa rama del mundo de la exhibición, Gallego explica que una de las claves es acomodarse a las tendencias y a las demandas del público, aunque intentando siempre no dejar a nadie afuera.

En ese sentido, explica algo que es notorio si se repasa la cartelera semanal: cada sala y cada complejo cinematográfico tiene su perfil. En el caso de Life, la programación de Alfabeta es distinta a la de Costa Urbana, que a su vez es distinta a la de su complejo más nuevo, Tres Cruces. “Su público todavía lo estamos descubriendo, aunque ya tiene algunos años”, comenta.

Para Movie hay un escenario similar: en las salas de Nuevocentro las películas son todas dobladas al español, mientras que en Punta Carretas domina el subtitulado. En el medio están Montevideo Shopping y Portones.

“Cada complejo tiene su criterio. Aunque uno puede pensar una cosa y después cambia todo porque no tenemos la bola de cristal”, reflexiona Aschero. “Hay casos como el de la película de terror Obsesión, que su primera semana fue muy poca gente. A la segunda empezó a crecer, y de ahí en adelante explotó. Estuvo meses en cartelera. Con Backrooms pasó lo mismo. Pero son casos muy particulares, de los que pasan pocas veces en el año”.

Hablando de terror, Gallego acota que es un género que en los últimos años ha tenido un resurgimiento notorio en los cines, luego de algunos años donde prácticamente “había desaparecido”.

Es un género que arropa espectadores dispares: por un lado, un grupo de público más joven, que demanda películas dobladas al español. Del otro, un público más cinéfilo y especializado, que las reclama en idioma original. Este octubre, Life vuelve a organizar el festival Terror y sangre, en el que todas las funciones son subtituladas. No faltaron los reclamos pidiendo funciones en español. El reclamo inverso se hace cuando la situación es la contraria.

“Estamos intentando tener siempre las dos versiones y contemplar a todos. Ahora, por ejemplo, con Clayface, buscamos que haya funciones subtituladas, quizás en un horario no tan central pero tampoco lateral como puede ser un jueves de noche, y que los sábados sí, esté en español. Preferimos que el público especializado pueda tener la opción de verla, aunque no sea un horario ideal, antes de que no tenerla”.

Doblado vs. Subtitulado

El debate tiene ya unos cuantos años. En 2017 El Observador ya se hacía eco de las discusiones por el incremento de las funciones dobladas al español en los cines uruguayos en la cartelera, y pospandemia este tema ha regresado de forma recurrente a los medios locales, y también en otros países de la región que se enfrentan al mismo escenario.

Hay películas (las que podríamos llamar “tanques” o blockbusters, para usar el término anglo) que llegan en todas las versiones posibles. Cuando en diciembre de este año se estrene Avengers: Doomsday, el nuevo hito del Universo Cinematográfico de Marvel, va a estar en 2D, 3D, 4D y todas las D que se imagine, y se va a poder ver tanto en español como en inglés, subtitulada.

Pero en otros casos, los cines que no apuntan a un público que demanda escuchar las voces originales (Cinemateca, Alfabeta), hay que elegir. Y el español gana por una cuestión de demanda popular.

“Las funciones dobladas llevan el doble, y a veces el triple de gente que las funciones subtituladas, hablando siempre de las películas más comerciales”, explica Gallego. “Hay público de ciertos cines que nos dicen ‘se piensan que no sabemos leer’, pero no es así, sino que responde a una cuestión de demanda”.

Por su parte, Mauro Aschero agrega que ese proceso fue gradual. “Cuando entré a trabajar en este rubro, era todo subtitulado, salvo por ejemplo las películas infantiles. De a poco, el doblaje empezó a crecer, sobre todo cuando las películas dejaron de ser rollos de fílmico y pasaron a ser digitales, algo que hizo que fueran más baratas de traer, entonces venían las dos versiones”.

“Cambió la cultura y la costumbre del público también, entonces como la cantidad de salas es limitada, si yo quisiera cumplir con todas las expectativas tendría que tener siempre las dos copias al mismo tiempo, y es imposible. Entonces hay que elegir, y es un tema de oferta y demanda. Aunque siempre estando atentos al perfil de la película”, agrega.

Gallego concuerda en que el cambio cultural ha llevado a que el doblaje sea mayoría, y lo nota en particular con las audiencias más jóvenes. “No es que los jóvenes no lean, como se dice muchas veces”, señala. “Sino que es un tema de preferencia, eligen verlas así. Te cuentan por lo general que es para no perderse la acción y la información de la pantalla. Prefieren atender a lo que está pasando y no a tener que leer. Pero si te fijás, es un cambio general, antes en el cable, por ejemplo, tenías las dos opciones, ahora todos los canales pasan todo doblado y muchas veces ni te dan la opción de cambiarlo”.

A pedido del público

Cuando cada semana los programadores se enfrentan a la cartelera, siempre tienen a mano el competitive para revisar los estrenos programados, y también tienen los reportes de taquilla de cada función. “Lo que manda es el público”, sentencia Gallego.

El recorte de las vacaciones de julio afectaría a cines y teatros para niños.

Y aunque hay cuestiones lógicas que se mantienen, como el programar películas infantiles siempre antes de las 18 horas, y el cine de terror a la noche, hay otros puntos a tener en cuenta que los determina el público. Y el público, ya lo dice Mirtha Legrand, se renueva.

El nuevo público, por ejemplo, es más impaciente. “Antes de la pandemia una película podía pasar meses en cartel. Ahora también pasa, pero lo habitual es que cuando llega un estreno grande, todo el mundo quiere ir el primer día o la primera semana. Las películas son eventos que hay que ver lo antes posible”, dice Aschero.

Desde Life, Danae Gallego apunta que desde que nos sacamos el tapabocas, las funciones trasnoche dejaron de, justamente, funcionar. “La gente se acostumbró a salir más temprano. Si vos tenés una función a las 21 y otra a las 22, la más tempranera se pide mucho más, salvo quizás en verano, que todo se hace un poco más tardero”.

El nuevo público también adoptó las experiencias “Premium” como las salas vip o las 4D. Las primeras suelen convocar a un público de edad más alta y al que le interesan “las películas de calidad”, dice Aschero, señalando La Odisea de Christopher Nolan como uno de los estrenos de este 2026 que fue un éxito en las VIP de Movie.

Life, que tiene tanto sala VIP como 4D en su complejo de Punta del Este, destaca que en este último caso el cine de terror se ha convertido en un filón a seguir, con Resident Evil como uno de los ejemplos más notorios donde el público busca esa experiencia más allá del precio más elevado.

Incluso Cinemateca le presta atención a sus reportes de taquilla, porque más allá de tener un perfil diferente a las salas comerciales, un 80% de su presupuesto se cubre con la actividad de sus salas. Entonces es clave saber qué funciona y qué no, aunque los criterios no sean 100% los mismos.

“La Odisea estuvo 12 semanas en cartelera y sigue tan campante, llevando público. Por un lado tenés una presión para sacarla, pero al mismo tiempo no podes desoír el ingreso que te genera. Si fuéramos una institución pública no nos importaría, pero no es el caso. Ahora igual la vamos a dejar descansar un poco, porque va a volver a estrenarse con los Oscars”, señala Santacreu.

“Después tratamos de que las películas uruguayas tengan cierta prioridad. Si tenemos que elegir entre una película comercial que está hace cuatro o cinco semanas en cartel, o una peli uruguaya que está hace dos y ha llevado menos gente, igual le damos prioridad por el rol de Cinemateca y por nuestro interés, buscamos darle más oportunidades a la que está en desventaja”, agrega. “Pero no es automático que si una película anda mal, la sacamos. Hace algunos años estrenamos La flor, del director argentino Mariano Llinás. Es una película de casi 14 horas. Vinieron ocho personas al estreno, al punto que Llinás le dio la mano a cada uno y le agradeció por dedicarle ese tiempo a su película. Nosotros la íbamos a estrenar a como diera lugar, pero en una situación así, son las Odiseas las que sostendrían las Flores, si se hubieran estrenado al mismo tiempo”.

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