En un contexto desafiante para la educación, el Colegio Santo Domingo celebra sus 150 años con una premisa clara, la de mantenerse en movimiento. Lejos de mirar el pasado con nostalgia, la institución combina su legado con una fuerte apuesta a la innovación pedagógica, en un proceso que redefine la forma de enseñar y aprender.
“Es una gran alegría estar vivos hoy, en este contexto, y seguir soñando con un proyecto de colegio vivo”, afirma Claudia Pérez Troncoso, directora general. La celebración, que se extiende durante todo el año, no es solo un aniversario simbólico, sino que también implica asumir la responsabilidad de proyectar el futuro de una comunidad educativa con larga tradición, fundada por religiosas dominicas y hoy liderada por equipos laicos que continúan ese legado.
Una innovación que atraviesa toda la escuela
En Santo Domingo, innovar no es incorporar herramientas aisladas, sino repensar el modelo educativo. Bajo el lema “150 años educando para un mundo en movimiento”, la institución viene desarrollando un plan de transformación denominado Itinerancia 2030.
El proceso comenzó con una etapa de formación interna de los equipos directivos, seguida por experiencias piloto —las llamadas “microexperiencias”— que permitieron ensayar nuevas metodologías en primaria y secundaria. Hoy, esa transformación ya se materializa en proyectos concretos, especialmente en los primeros años de la escuela.
Uno de los ejemplos más claros es “Travesía”, un prototipo implementado en primero y segundo de primaria, donde se ensayan modelos de aprendizaje innovadores que luego pueden escalarse a otros niveles.
“Estamos convencidos de que las nuevas generaciones necesitan otras formas de aprender, con más motivación, más participación y desarrollo de sus potencialidades”, sostiene Pérez Troncoso.
Del aula tradicional a los “escenarios de aprendizaje”
El cambio más visible se da en el espacio físico y pedagógico. Las aulas tradicionales dan paso a “escenarios de aprendizaje”, con ambientes amplios, flexibles y diseñados para promover distintas situaciones de aprendizaje, que transitan desde la concentración individual hasta la indagación y el trabajo colaborativo.
Laura López Gómez, directora de primaria y dinamizadora de innovación a nivel institucional, lo explica así: “No es un hecho aislado, sino una nueva forma de entender la escuela. El espacio dialoga con la propuesta pedagógica y se convierte en un actor más del aprendizaje”.
Estos entornos —que funcionan como “hiperaulas”— integran múltiples disciplinas, promueven la movilidad de los alumnos y habilitan metodologías activas. Además, incorporan la codocencia, donde en lugar de un solo docente, varios educadores trabajan en conjunto, lo que enriquece las miradas y permite un seguimiento más personalizado.
“El niño aprende de distintas maneras, y eso nos exige propuestas flexibles y diversificadas”, señala López Gómez.
Aprender para un futuro incierto
Uno de los ejes centrales del nuevo enfoque es el desarrollo de competencias por encima de la mera acumulación de contenidos. Pensamiento crítico, autorregulación, habilidades socioemocionales y capacidad de adaptación son algunas de las herramientas que el colegio busca fortalecer.
“Cuando un niño que hoy está en primero egrese dentro de 12 años, no sabemos qué mundo va a tener. Por eso, el contenido deja de ser el fin último y pasa a ser un vehículo que permite el desarrollo de diferentes competencias orientadas a la resolución de problemas complejos y situaciones reales”. explica la directora general.
En esa línea, la institución también trabaja con la teoría de las inteligencias múltiples y un enfoque que reconoce la singularidad de cada estudiante, con equipos de apoyo psicopedagógico que acompañan los procesos.
Comunidad, valores y compromiso social
La innovación en Santo Domingo no es solo pedagógica, sino también pastoral. La formación integral incluye una fuerte dimensión comunitaria, inspirada en valores cristianos y abierta a la diversidad.
Desde primaria, los alumnos participan en experiencias de voluntariado que los conectan con distintas realidades sociales. La propuesta busca formar personas comprometidas, capaces no solo de adaptarse al mundo, sino de transformarlo.
“No se trata de adaptarse, sino de responder a la sociedad desde lo que cada uno es, para construir algo mejor”, subraya Pérez Troncoso.
Familias que también aprenden
El cambio educativo no se limita al aula, sino que también involucra a las familias. Los padres, educados en modelos más tradicionales, atraviesan su propio proceso de adaptación.
“Son coeducadores y su feedback es clave. Al principio hay preguntas, pero después ven resultados, con sus hijos más motivados y con mayor capacidad de argumentar y comunicarse”, destaca López Gómez.
El vínculo se fortalece a través de espacios de diálogo, participación y codiseño, en línea con la idea de una escuela abierta a la comunidad.
Tecnología e inteligencia artificial: un desafío en construcción
La irrupción de la inteligencia artificial plantea nuevos interrogantes. En Santo Domingo, la postura es clara, ya que no se trata de negar la tecnología, sino de educar para su uso crítico y responsable.
“Los estudiantes conviven con esto. El desafío es desarrollar pensamiento crítico para no aceptar todo sin cuestionar”, señala la directora general.
Aunque su incorporación plena aún está en estudio —especialmente en primaria—, la tecnología ya forma parte del ecosistema educativo, con herramientas digitales, robótica y acompañamiento especializado para docentes.
Una escuela posible
A pesar de los avances, desde la institución reconocen que el camino no está exento de desafíos. La transformación requiere tiempo, formación y consensos.
“Somos un colegio posible, no ideal. Nos vamos construyendo, revisando prácticas y aprendiendo en el proceso”, resume López Gómez.
A 150 años de su fundación, Santo Domingo reafirma así una identidad que combina tradición y cambio. Una escuela que, fiel a su historia, sigue apostando a la innovación como forma de educar para un mundo en constante movimiento.