Como vemos en el gráfico, los principales partidos en la contienda son Agrupación Nacional, de Le Pen, Nuevo Frente Popular, una coalición de izquierda, más y menos radicalizadas y Renacimiento, de Macron.
La primera ronda no se alejó casi nada de los sondeos. Según datos recabados por Bloomberg, las proyecciones iniciales de cuatro encuestadoras indican que la ultraderecha obtendría entre 33% y 34,2%.
El resultado del domingo podría encuadrarse en el primero o en el segundo de los escenarios, dependiendo de cuántos votos logre reunir en la segunda ronda Agrupación Nacional. Pero en un sistema como éste, nada puede descartarse.
Si fervientes detractores de los valores de derecha, que ya fueron convocados por Macron tras los datos preliminares de la derrota, deciden unir fuerzas en una heterogénea alianza, quizás puedan cambiar lo que ya parece escrito.
En todo caso, los mercados mostraron ser altamente sensibles a la situación política en Francia -después de todo la segunda economía de la UE-. Y la precariedad de sus finanzas, desde su déficit desbocado hasta su pesada carga de deuda en relación al PBI, la hacen vulnerable a los cambios de humor del mercado.
Si las elecciones derivan en un cambio de dirección importante -como parece claro que ocurrirá-, hay un peligro concreto de que los spreads (las primas de riesgo) se amplíen rápidamente a lo largo de la UE.
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El partido de Le Pen se impone pero sin mayoría absoluta
El escenario más probable es Agrupación Nacional y sus aliados se conviertan en el grupo parlamentario más grande pero se queden cortos a la hora de llegar a la mayoría absoluta. En ese caso, el líder del partido, el joven Jordan Bardella (28 años), mantendría su promesa de no convertirse en primer ministro de un gobierno de minoría.
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Es el gran desafío que enfrenta ahora Bardella, quien no quiere formar parte de un gobierno de "cohabitación", esto es, donde presidente y primer ministro pertenecen a partidos distintos, si no logra reunir los votos necesarios para una mayoría absoluta.
De todos modos, la situación política se vuelve compleja. Macron debe liderar una administración al borde constante de un voto de no-confianza que trabaría toda su agenda.
En especial, la política fiscal terminaría volviéndose más expansiva ante el rechazo de los legisladores a los recortes previstos por Macron, bajo presión de la UE por comprometerse a alcanzar los estándares mínimos (ahora que las metas fiscales regresaron aunque hay más flexibilidad en el proceso de vuelta a la normalidad).
Los economistas ven un estancamiento, en el sentido de que sin las reformas previstas el potencial de crecimiento a más largo de Francia -que hoy languidece- no mejorará.
Un dato curioso. En la letra chica de la normativa que rige la segunda ronda se estipula que en el hoy remoto e improbable caso de un empate, asume el de más edad.
Sería un gran remate. De un cinismo maquiavélico.
En cuanto a los mercado, la prima de riesgo francesa ya no volverá a los 50 puntos básicos (pb) previos pero podría ceder desde los 85 bp del cierre del viernes a la zona de los 70 bp. Básicamente porque no habría sorpresa y se confirmaría el escenario que los inversores descontaban.
Ahora, no hay buenas noticias en esto. Ese mayor costo de endeudamiento, aún cuando retroceda un poco, implica que el gobierno francés deberá desembolsar al menos 4.000 millones de euros adicional al año si esa primera se mantiene por cinco años, según el Ministerio de Finanzas.
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La ultraderecha logra los votos para "cohabitar" con Macron
Si la Agrupación Nacional y sus aliados obtienen los suficientes votos como para formar gobierno, Francia enfrentaría entonces la llamada “cohabitación”, en la que el presidente queda al mando de la defensa y las relaciones exteriores mientras que los asuntos domésticos y la agenda económica permanece bajo el control de la extrema derecha.
Ese sí sería un escenario de extrema tensión. No sólo porque la figura de Macron queda muy reducida sino porque esta suerte de convivencia gubernamental se daría entre políticos que sencillamente se aborrecen. Ocurrió sólo tres veces desde que en 1958 se estableció la V República Francesa.
Hay quienes sostienen, no obstante, que las implicaciones políticas pueden ser más benignas de lo que puedan parecer a los mercados en una primera instancia, una réplica de la situación italiana con ultraderechista populista Giorgia Meloni.
El partido de Le Pen dio marcha atrás en algunas de sus promesas más costosas y deben evitar una crisis financiera si quiere construir credibilidad para que Le Pen pueda presentarse en las presidenciales del 2027. Esto implica cooperar en la baja del déficit, algo difícil de digerir para un grupo que con frecuencia criticó con dureza a Bruselas e hizo campaña por la salida del euro ("Frexit").
Al mismo tiempo, Bardella no podrá descuidar sus bases (clase trabajadora) y deberá, por ejemplo, recortar impuestos a la venta de energía (12.000 millones de euros). El partido aduce que obtendrá el financiamiento combatiendo la evasión fiscal y recortando el gasto en inmigración.
De todos modos, hay precedentes muy poco auspiciosos. Macron y Agrupación Nacional ya empezaron de alguna manera a tantear cómo sería eso de la convivencia política en caso de que terminen atascados en el mismo gobierno.
La semana pasada Le Pen rechazó la propuesta de Macron de nominar por otro período a Thierry Breton, quien se desempeña como Comisario Europeo de Mercado Interior desde 2019, argumentando que esa decisión es responsabilidad del primer ministro. Breton fue ministro de Finanzas de Francia y profesor de Harvard.
La pugna por el poder cohabitado puede llegar a ser sanguinaria.
No por nada en el mercado, bancos como Barclays creen que la prima de riesgo se mantendría elevada, en el nivel actual de los 80 pb., pero si la expansión fiscal se acelera, podría dispararse a los 100 pb., un nivel que no se registraba desde el peor momento de la crisis de la zona euro.
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La izquierda da una sorpresa y choca de frente con Bruselas
La derecha se llevó hasta ahora toda la atención, pero la izquierda francesa, que viene silenciosamente ascendiendo en las encuestas y ganando momentum, podría ser un trago aún mucho más amargo.
Una extraña coalición que reúne desde socialdemócratas hasta comunistas y verdes, el Nuevo Frente Popular salió segundo, no tan lejos de la ultraderecha. Hasta el domingo no resultaba muy claro cómo podría tener una influencia significativa a nivel políticas en el impredecible sistema de dos rondas francés.
Pero se sabía que si su facción más radical es la que lidera, sería definitivamente el peor resultado. La alianza impulsa, por caso, revertir la reforma pro-mercado y sumar planes varios de gasto público además de un amplio aumento en el salario mínimo.
Un choque frontal con Bruselas sería inevitable y con resultados calamitosos para la cohesión europea.
Pero el domingo ocurrió algo inesperado. Macron le pidió a los candidatos de su partido que habían salido terceros en sus distritos que desistan de presentarse en la segunda ronda para darle una oportunidad a la izquierda, con tal de frenar a Le Pen.
"La segunda vuelta de las elecciones podría enfrentar a las fuerzas de Le Pen con las del infatigable izquierdista extremo Jean-Luc Mélenchon y un mix de socialistas y verdes. Es bastante seguro decir que a los mercado no les va a gustar", especulaban en en JPMorgan aún antes de conocer esta vuelta de tuerca de las elecciones.
Pero el líder de Francia Insumisa también le ordenó a sus terceros candidatos que se bajen de la segunda ronda.
Le ahorra de paso, al menos parcialmente, un dolor de cabeza a Macron, que enfrenta una polémica incendiaria puertas adentro del partido. Muchos lo apoyan en encolumnarse detrás de la izquierda si es necesario, pero no detrás del radicalismo anti-sistema de Mélenchon.
La pregunta es ¿quién será la figura que pueda aglutinar votos anti-ultraderecha sin irse al otro extremo? ¿François Hollande? Sí, el ex presidente francés pasó a segunda ronda como integrante del Nuevo Frente Popular (socialista) y se ofreció a encabezar el "bloqueo" anti-Le Pen.
En el banco, consideran éste el peor escenario y creen que la prima francesa podría irse por encima de los 100 pb.
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Macron se las ingenia para mantenerse en el Parlamento
Los sondeos, al menos, lo presentan como muy muy improbable. Pero la realidad siempre tiene la última palabra.
En este escenario, Macron y su partido se mantendrían como el mayor grupo parlamentario, aunque no tendrían mayoría absoluta. Ya habían perdido el total control parlamentario en las elecciones de 2022, buscando apoyo en los republicanos para aprobar proyectos o directamente recurriendo a decretos.
En teoría, el presidente puede designar un gobierno que retome su agenda de reformas basada en la consolidación fiscal y la profundización de los recortes de gastos.
Aún en ese caso, Macron seguramente deberá mostrar que escuchó la demanda de la mayoría de los partidos de su país de hacer más por el bolsillo de los hogares y menos los negocios, aún cuando eso limite su capacidad de ordenar las finanzas públicas.
La derecha y la izquierda, cada vez más extremas, están ahí. No se las puede erradicar. No van a desaparecer. Son una amenaza o son parte de la vida política.
En JPMorgan recomiendan, de todos modos, comprar mejor "otras historias de crédito" como España como inversiones de largo plazo.
Algunos especialistas piensan que un resultado como éste, que le devolvería cierto poder a Macron, permitiría que la prima volviera a los 50 pb. anteriores al 9J.
Claro, la prima podrá volver a hacer la misma. Francia no.