Son en su mayoría lo que en Rusia llaman “la juventud dorada”. Influencers de la moda, hijos de la oligarquía, celebrities. Suben a Instagram sus selfies ostentosas en Ibiza o Barcelona, y videos de sus vacaciones fastuosas en YouTube como símbolos de estatus.
La industria, obviamente, los ama. Se hospedan en los hoteles más extravagantes, arrasan en las boutiques y hasta aprovechan los viajes para comprar propiedades por capricho.
Son los millonarios rusos que están comenzando a regresar a Europa. Y gran parte de ellos a España, uno de los lugares más codiciados.
Al año siguiente del inicio de la guerra con Ucrania en 2022, el turismo ruso casi desapareció.
Fue en buena medida porque Europa congeló un acuerdo que les permitía viajar sin visa e impuso sanciones al sector aeronáutico.
Pero para 2024, incluso mucho antes de que Donald Trump asumiera en EE.UU. a fin de año decidido a terminar el conflicto cuanto antes, los viajes rebotaron.
España emite más visas por primera vez desde la guerra
España emitió 111.537 visas Schengen, casi 15.000 más que el año anterior.
Italia, el destino más buscado, emitió 152.254, con un incremento de casi 19.000.
Y Francia, en segundo lugar con 123.890 visas en 2024, fue la que vio un mayor aumento en el flujo de turistas rusos con la emisión de 25.000 más.
El espacio Schengen es una zona de libre circulación donde se eliminaron los controles fronterizos que cubre 25 países de la Unión Europea más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza.
Viajar a España supera lo que gana un ruso en un mes
Viajar a Europa no está al alcance de cualquier ciudadano ruso. Más bien todo lo contrario.
Un boleto ida y vuelta de Moscú a una capital europea cuesta unos 1.000 euros, normalmente con escala en Turquía o los Emiratos Árabes, además de los costos relacionados con la visa y el hospedaje.
Esto es más de lo que la mayoría de los rusos gana en un mes, con lo que se vuelve realmente un lujo que sólo los más privilegiados pueden solventar.
Para la mayoría de la población, las vacaciones más accesibles son a Egipto o Turquía. Otros destinos típicos serían el territorio ocupado de Crimea en Ucrania o Sochi en la costa rusa del Mar Negro.
Acusan a España de falta de solidaridad en pleno conflicto
Si bien el ingreso para la industria turística es bienvenido, España queda envuelta en una polémica espinosa.
Muchos aducen que no hay por qué responsabilizar a la población de las decisiones de sus líderes.
Pero los países que comparten frontera con Rusia y hasta sufrieron ataques, no tienen una postura tan abierta.
Acusan a España y los demás países que reciben a esta nueva ola de turistas rusos de falta de la solidaridad.
Incluso advierten que los servicios de inteligencia de Rusia tienen un largo historial en explotar estos viajes con escaso control como parte de sus tácticas.
Por ejemplo, Finlandia otorgó apenas 3.211 visas en 2024, 7.500 menos que en 2023. Los tres Estados bálticos emitieron 3.882 en conjunto, mientras que Polonia sólo dio 251.
Bulgaria emitió 11.815 visas pero supuso un desplome de más de 36.000 respecto al año anterior. La República Checa concedió 148.
Son claramente dos mundos. Dos mundos en fricción.
Presionan para que aumente el control sobre las visas
La normativa para el otorgamiento de las visas no es vinculante. Son recomendaciones a modo de guía.
El texto aclara que es importante que los consulados verifiquen en forma exhaustiva si los candidatos pueden ser considerados una amenaza a la política pública, la seguridad interna o las relaciones internacionales.
Existe una presión creciente para que esas normas se endurezcan y tengan el peso de la legalidad.
Mientras tanto, en estos días Trump y el líder ruso, Vladimir Putin, buscan terminar de una vez la guerra, incluso a expensas de una Ucrania exhausta que intenta no ser ignorada.
España, con su marea de jóvenes millonarios rusos que no se cansan de hacerse selfies mientras gastan dinero bajo el sol mediterráneo, quedó atrapada en una fisura que enfrenta a Europa.