15 de junio 2024 - 0:57hs

El mercado baja cuando, en su juego infatigable de anticipación, la realidad le recuerda que no puede ver tantas movidas a futuro como cree. A veces, ni siquiera la siguiente. El zarpazo de la ultraderecha en las elecciones europeas el 9J estaba “descontado”, lo que amortigua su impacto.

Lo que nadie pudo prever fue que el presidente francés Emmanuel Macron casi se inmolara con un llamado a legislativas por la ya hiper-debatida victoria que obtendría y finalmente logró Marine Le Pen. Y ante ese shock, el euro cayó 0,46% y cerró a 1,075 por dólar.

Pero son los pronósticos para el resto del año los que resultan más inquietantes. Tres bancos, Deutsche, UBS y Goldman Sachs, coinciden en ver al euro en 1,05 por dólar para fines de este año.

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Argumentan que la Reserva Federal (Fed) va a recortar las tasas mucho más tarde de lo pensado y en forma más gradual, lo que va a sostener el atractivo del dólar.

"Stronger for longer" es el juego de palabras que usan en Wall Street para referirse al dólar y aludir a la expresión instalada en realidad para hablar sobre las tasas: "higher for longer".

También mencionan las elecciones de noviembre como un elemento que va a limitar los flujos de cartera hacia otras jurisdicciones ya que ambos candidatos (Joe Biden y Donald Trump) prometieron más medidas de apoyo fiscal y restricciones comerciales.

Las elecciones y un Macron temerario

Ante el triunfo de la candidata ultraderechista de Rassemblement National (Agrupación Nacional), un sanguíneo Macron respondió con gran impaciencia -convocó una primera ronda de elección parlamentaria para el 30 de junio- y una actitud temeraria.

Como se puede ver en el gráfico, la diferencia en votos en estas últimas elecciones europeas fue de más del doble, cuando en las anteriores, del 2019, habían estado prácticamente igualados. También refleja que el voto a nivel nacional no es comparable con el europeo, que tiene otras connotaciones.

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No es que la posición del mandatario vaya a verse afectada directamente, pero su decisión, que busca recuperar legitimidad, sí pesará sobre su credibilidad y pondrá en riesgo su capacidad de lograr que se aprueben sus proyectos, restándole poder en los asuntos domésticos.

Quienes también tuvieron una jornada tumultuosa fueron los bancos franceses. Es que si la ultraderecha también se acomoda en el parlamento local puede allanar el camino a un impuesto a las ganancias de las entidades, un tributo bien conocido en España.

La ola de ventas continuó toda la semana al punto que para el viernes el índice líder, CAC, ya había borrado todas las ganancias del año y se habían evaporado u$s 210.000 millones en valor de mercado.

La más castigada fue la deuda. La brecha entre el rendimiento del bono a 10 años de Francia respecto del de Alemania, que suele tomarse como referencia marcó el mayor salto del que se tiene registro. En la semana se disparó 34 puntos básicos (bp).

Hoy la brecha está arriba de los 82 bp. Esto significa que los bonos de referencia franceses pagan 0,82% más que sus pares alemanes.

El rendimiento del bono francés a 10 años, que se mueve en forma inversa a su precio, está en 3,12%, después de tocar un máximo de 3,24% el 11 de junio. El mes pasado, S&P redujo la calificación crediticia de la deuda francesa.

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Ante este nivel de incertidumbre que introdujo Francia, que llegó al extremo de que Macron debió negar públicamente que fuera a dimitir, sumado a quienes creen que el avance de la derecha supone un retroceso en la construcción de la UE, hizo que la moneda común retrocediera a un mínimo en un mes el primer día.

El viernes pasado, el euro ya había tenido una jornada (-0,82%) luego de que se conociera en EE.UU. el informe de empleo. Venía de coquetear con el umbral de los 1,09 por dólar, pero se vino abajo hasta los 1,08.

Al día siguiente, con el foco en Macron más que en el resultado del 9J, cayó a 1,075. El último viernes perforaba la barrera de 1,07 para luego cerrar justo en ese nivel.

La Fed, cada vez más lejos de un recorte de tasas

Fue algo así como el remate que faltaba para que la Fed, que por cierto se reúne este miércoles y mantendrá la tasa sin cambios por séptima vez consecutiva, decidiera que lo mejor era un repliegue monetario.

El gráfico muestra la fortaleza del mercado de empleo, que estuvo muy por encima de las expectativas. Se crearon, por ejemplo, 272.000 nuevos puestos de trabajo, cuando la estimación previa era de 180.000.

A su vez, los salarios crecieron 0,4% con relación a abril contra una proyección de 0,3% (4,1% interanual).

En este contexto, el 41% de los economistas esperaba que la Fed indique que habría dos bajas en 2024, mientras que un porcentaje idéntico anticipaba que señalaría que habría una o ninguna, según un sondeo de Bloomberg.

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Finalmente, Powell fue doblemente precavido: un solo recorte en todo 2024. Escenario poco auspicioso para el euro, ya que el dólar se nutrirá de esos rendimientos que seguirán casi sin cambios. Hoy las tasas en EE.UU. están en un rango de 5,25%-5,50%.

Si la Fed no toca las tasas hasta diciembre, como cree el mercado, por ejemplo, el Banco Central Europeo (BCE) y Christine Lagarde, su jefa, deberán ver cómo relajar la política monetaria si la inflación en la zona euro cede.

Christine Lagarde y el "desacople" monetario

Si los precios se enfrían, y el organismo vuelve a bajar las tasas, la brecha con los rendimientos en EE.UU. se ampliará aún más, desvalorizando al euro.

Cuanto mayor sea ese diferencial, mayor es la probabilidad de que la debilidad de la moneda se traduzca en un nuevo brote de inflación, es decir, se traslade a precios.

Esa divergencia en las políticas monetarias, ese "gap" de rendimientos, es el desacople o desincronización que temen hoy los bancos centrales.

Quedar muy desfasados de sus pares y que sus monedas sufran por eso. Por supuesto que no pueden actuar tampoco en forma coordinada si bien todos se miran de reojo.

Y hay que decir que no hablamos de economías latinoamericanas, que vienen de recientes crisis hiperinflacionarias como es el caso de Argentina, donde el nivel de "pass-through" o traspaso de la devaluación a los precios reviste una velocidad y una magnitud pocas veces vistas y que resulta difícil explicar más allá del trauma y la idiosincracia.

Pero curiosamente cuando el jueves Lagarde bajó por primera vez las tasas después del agotador ciclo de ajuste monetario que las llevó a 4,5%, el euro subió. Mínimamente pero anotó un ascenso de 0,18% hasta 1,89.

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Un movimiento que contradice al manual. Lo que ocurrió es que pese a que los retornos en la zona euro estaban descendiendo, Lagarde sacó un as de la manga: a la vez que recortó la tasa, aumentó el pronóstico de inflación y deslizó que por lo menos hasta septiembre no volvía a aventurarse a reducirla.

Algunos bancos españoles creen que en realidad no la tocará hasta enero próximo. Pero hay mucha dispersión en los pronósticos. Otros ven que puede bajarla dos veces este año.

Por ahora, las proyecciones de inflación son de 2,5% en 2024, 2,2% en 2025 y 1,9% en 2026 (la única que no sufrió cambios). Una especie de escudo ante la presión de más bajas inmediatas.

También hay que considerar el panorama de crecimiento económico. La fortaleza de una economía, difícil de apuntalar con tasas tan altas, es otro factor que afecta mucho el sentimiento inversor.

En todo caso, el voto europeo no es el voto nacional. Suele ser más un voto protesta. Pero el ascenso de la ultraderecha, aún cuando lo tenga descontado, también preocupa al mercado.

Si el euro pierde valor no sólo es por el diferencial de tasas. Porque la Fed dilata los recortes. Porque su economía es más fuerte.

Hay otras señales que también cuentan. Ahora la señal que puede cambiar la dinámica es qué tan radical puede ser esta derecha que se armó de un poder delicado.

Temas:

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