17 de mayo 2024
16 de abril 2024 - 18:57hs
Hacía más de cinco años que la producción de petróleo de Irán no alcanzaba estos niveles. En marzo de este año, llegó a los 3,25 millones de barriles de petróleo diarios (bdp), cuando en enero de 2021 eran 2,1 millones. Las sanciones de EE.UU. no parecen haber interferido demasiado. 
 
La administración de Joe Biden relajó los controles sobre Tehrán y hoy, en medio del dilema que plantea la escalada del conflicto en Medio Oriente, endurecerlos implicaría precipitar una suba del crudo.
 
Es un riesgo que el demócrata no parece dispuesto a correr tan cerca de las presidenciales que lo enfrentarán a Donald Trump. 
 
Mientras tanto, China, el principal comprador del petróleo iraní, y el mayor importador de crudo del mundo, está en máximos en una década y no tiene ningún incentivo en ayudar a Washington. 
 
Alrededor del 80% de las exportaciones iraníes se envían a refinerías chinas independientes que se conocen como “teapots” (teteras).
 
Ahora el Congreso de EE.UU. busca penalizar a las instituciones financieras chinas que faciliten estas compras como una forma indirecta de hacer cumplir las sanciones a las que nadie prestó atención. 
 
Los rusos, en el medio
 
En su momento, la decisión de mirar para otro lado obedecía a un objetivo claro: priorizar el castigo a Rusia. En un mercado con poca oferta, Rusia hoy ya vende su crudo a u$s 75 el barril, por encima del techo de u$s 60 que le impusieron. 
 
En su momento, la lógica era que si se presionaba a Irán, Rusia saldría ganando, con más cuota de mercado y un mejor precio para su producto. Debilitar a Rusia era la agenda e Irán, el costo. 
 
Claro que ahora las cosas cambiaron. Y desde un punto de vista geopolítico, la imposición de un cumplimiento más estricto de las sanciones a Irán sería un golpe a sus ingresos y debilitaría el apoyo de los grupos terroristas que lo siguen. 
 
Disparen a China
 
La Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó el lunes por una mayoría abrumadora un proyecto de ley presentado por un republicano para impedir la compra por parte de los chinos del crudo iraní. 
 
Las sanciones van dirigidas a las instituciones financieras chinas que faciliten las transacciones y se hacen extensivas a los bancos iraníes que también participen.
 
Se trata en realidad de un paquete de leyes en respuesta al ataque de Irán a Israel. Parece ser que los legisladores se decidieron a actuar donde otros no lo hicieron. 
 
De hecho, la mayoría obtenida anula la posibilidad de veto presidencial pero debe pasar ahora al Senado, con destino incierto. 
 
Una consultora estadounidense citada por Bloomberg asegura que de ser aprobada, la ley podría resultar en un aumento de hasta 20% en los precios de la gasolina.
 
Joe Biden, que viene haciendo lo imposible para que Israel no escale este conflicto y haga subir el petróleo, debe estar encantado. 
 
A tal punto estaba dispuesto a evitar que la inflación se dispare cuando la gente vaya a votar, que muchos aseguran que recurriría a la Strategic Petroleum Reserve.
 
Si bien no es lo que era -la mitad que hace una década- con 365 millones de barriles puede mover el mercado. Sobre todo si la OPEC+ llegara a decidir que un crudo a casi u$s 100 tampoco es una catástrofe.
 
Pero pensemos que no se va a llegar tan lejos. Ni Israel en su ánimo de retaliar. Ni Biden en su ánimo de ser reelegido. 
 
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