8 de febrero 2026 - 12:24hs

Adela se acaba de suicidar. Todos están conmocionados en la casa de Bernarda Alba. Poncia sufre por dentro la muerte de la hija menor de la familia porque admira su rebeldía, su pasión y su deseo de libertad que ella no tuvo.

Este es el disparador que llevó al dramaturgo y director teatral, Luis Luque, a crear “Poncia”, la obra que protagoniza Lolita Flores en el Teatro Bellas Artes de Madrid hasta el 15 de febrero.

A partir de allí, el autor explora el drama interno que vive la criada, inmersa en el humo del luto y la niebla de lo que no se dijo que se cierne sobre la casa. En este escenario de silencio sepulcral, la protagonista desata su lengua, en un tiempo prohibido para las palabras.

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Poncia va expresando lo que sirvió, calló y observó durante treinta años de servicio en lo de Bernarda Alba, lo que la convierte ahora en la protagonista absoluta de su propio dolor, cuando siempre había sido un personaje secundario.

“Poncia habla de la injusticia y de la libertad, y, sobre todo, del amor. Y claro, una criada que traba en tu casa y lleva mucho tiempo con tu familia, contigo y con tus hijos…al final se convierte en el alma mater de la casa, por conocerlo y saberlo todo”, afirma Flores en una entrevista.

Este monólogo de setenta minutos está cargado de tensión, angustia y dolor que la protagonista logra transmitir a través de su declamación y la expresividad de su cuerpo hasta hacer que su representación se transforme en una especie de exorcismo para el público.

Poncia reza por Adela, increpa a una Bernarda invisible y reflexiona sobre la libertad, la culpa, la educación y el sexo con la crudeza de quien ya no tiene nada que perder a través de sus soliloquios y diálogos con fantasmas.

El protagonismo de Lolita

Flores, en tanto, llena el espacio con una presencia física que desborda el minimalismo de la escenografía. Sus manos bailan con la misma intención con la que su voz grave corta el aire.

Hay momentos en los que “la fiera” asoma: una pierna orgullosa, un gesto de casta que recuerda a su estirpe. Pero, de pronto, se encoge, se vuelve la mujer maltratada por la clase y la edad, y entrega una fragilidad desgarradora.

Cuando mira al vacío con los ojos vidriosos y recita los versos originales de Federico García Lorca, incluidos por Luque, el público contiene el aliento. No es solo una Floresdiciendo un texto; es un cuerpo que habla a través del dolor y la lealtad contradictoria hacia su ama.

“Ha muerto una hembra valiente”, clama Poncia, reivindicando a la joven Adela,mientras se flagela internamente por no haber hecho lo suficiente para evitar la tragedia.

La relación con la obra original de Lorca es el eje estructural de esta pieza. Mientras que “La casa de Bernarda Alba” narra una cronología de hechos, aquí el tiempo es emocional. Poncia actúa como el espejo de Bernarda, pero desde el contrapunto de la clase popular.

El texto explora ese enigma de las criadas: testigos mudos que conocen los secretos de alcoba, los deseos ocultos y las miserias de quienes les pagan. Luque logra que la protagonista ilumine los rincones oscuros de la casa, dándole un enfoque feminista y humanista.

“He rescatado las intervenciones de Poncia y las he convertido en reflexión, soliloquios, diálogos con fantasmas y sombras, De este modo alumbra un nuevo mirar dentro de la casa”, resalta el autor.

La obra lleva dos años en cartel en España y ha sido representada en 150 ciudades en más de doscientas funciones. Flores ha sido nominada a Mejor Actriz Protagonista en los Premios Talía 2024 y aclamada en el Festival Grec y el Teatro Español.

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