La entrada en vigor del acuerdo arancelario firmado por Ursula von der Leyen y Donald Trump fijará (al menos, de momento) un nuevo marco de estabilidad a las relaciones comerciales entre ambas potencias. El gravamen del 15%, si bien afectará a las ventas de las empresas europeas en territorio norteamericano, es sensiblemente inferior al arancel del 30% con el que el presidente de EEUU intentó intimidar al bloque comunitario antes de las negociaciones, y del 35% con el que amenazó hace unos días en caso de que los Veintisiete no cumplan con sus compromisos.
No obstante, la guerra abierta por Donald Trump también tendrá efectos menos evidentes, pero que ponen en riesgo la actividad de las empresas españolas. EEUU ha impuesto aranceles más altos a otras potencias y socios comerciales, como India, México o Canadá, y ahora mismo se encuentra negociando la tarifa que impondrá finalmente a China, que ya ha empezado a mirar a otros mercados como el europeo para redirigir sus exportaciones. En este sentido, las ventas procedentes del gigante asiático en España crecieron un 11,6% en mayo respecto al mismo mes del año pasado, según los últimos datos publicados por la Secretaría de Estado de Comercio. Una tendencia que podría consolidarse en los próximos meses, más aún si las conversaciones entre China y EEUU terminan sin acuerdo y Trump mantiene una tarifa del 145% sobre sus importaciones de China.
Pedro Sánchez y Xi Jinping en su última visita a China
El peligro para las empresas europeas -y, por ende, para las españolas- es tan real que el Banco Central Europeo (BCE) advirtió ayer del riesgo de perder millones de puestos de trabajo en el Viejo Continente por la redirección de las exportaciones chinas tras la guerra arancelaria. Hasta un tercio del empleo en la eurozona en el medio plazo podría verse afectado, al incrementar la competencia para las empresas.
Por el momento, explican desde Fráncfort, la creciente competitividad de las exportaciones chinas en Europa ya estaría propiciando la destrucción de empleo en sectores como el automovilístico y el químico. Algo que, en su opinión, "es poco probable" que pueda compensarse si las empresas europeas comienzan a aumentar su exposición al mercado norteamericano para aprovecharse del hueco que dejará el gigante asiático tras el arancel definitivo que imponga la Administración Trump.
Poniendo cifras a esta problemática, desde el BCE calculan que "un aumento de 1.000 euros en las importaciones procedentes de China por trabajador en un sector entre 2015 y 2022 supuso una caída de una décima en la tasa de empleo de dicho sector durante el mismo período", lo que representaría la pérdida de alrededor de 240.000 empleos en la zona euro o que se han reasignado a sectores menos expuestos en ese periodo. La cifra podría ser mucho mayor en los próximos años si el gigante asiático busca inundar Europa con los productos que dejará de vender en EEUU.
En esta línea se han pronunciado varias fuentes consultadas por EXPANSIÓN en las últimas semanas, quienes identifican el incremento de las importaciones procedentes de países como China o India como un riesgo para el crecimiento empresarial dentro de las fronteras españolas, al aumentar su competencia. Es el caso, por ejemplo, del presidente del Consejo General de Economistas (CGE), Miguel Ángel Vázquez Taín, quien asegura que "los aranceles están cambiando las reglas del juego, porque tenemos unos nuevos competidores que no eran tan grandes hasta ahora".
Hace unas semanas, la Comisión Europea anunció la creación de una nueva herramienta de vigilancia, con el objetivo de evitar desvíos perjudiciales en el mercado comunitario como consecuencia de los "aumentos repentinos y potencialmente perturbadores" de los flujos de comercio "que se produce cuando una cantidad significativa de mercancías que no puede entrar en otros mercados debido a aranceles elevados y otras restricciones se desvía hacia la UE". Así, parece que de momento Bruselas ha tomado una postura expectante frente a esta problemática, antes de poner en marcha medidas más concretas para contener una posible avalancha de importaciones procedentes de fuera del bloque.
En paralelo a los riesgos sobre la producción y el empleo que supondría el incremento de las importaciones chinas, las empresas españolas también enfrentan otros peligros tras el acuerdo arancelario que entra hoy en vigor. Entre ellos se encuentra la caída de las exportaciones de determinados productos a terceros países. Por ejemplo, de los bienes intermedios, como los componentes mecánicos que se fabrican en España y se venden a Alemania para producir los vehículos destinados al mercado norteamericano. Si los aranceles a los automóviles europeos provocan un descenso en la producción, las empresas españolas también sufrirían las consecuencias en forma de una caída de la demanda de estos componentes.
FUENTE: RIPE - EXPANSION