16 de mayo 2024
19 de abril 2024 - 15:19hs

Los Emiratos Arabes tienen una visión. El Sultán Al Jaber hizo de su país el primer productor de petróleo de Medio Oriente en declarar como objetivo alcanzar las cero emisiones netas de carbono para 2050.

Masdar, una empresa con una impresionante cartera que combina todo tipo de proyectos de energía renovable, es su gran creación para llevarla adelante esta apuesta. 

Para 2030, la compañía verde de Abu Dhabi piensa invertir unos u$s 50.000 millones para alcanzar al menos los 100 gigawatts. Quieren crecer rápido y saben que necesitan unirse a los mejores jugadores. 

Masdar nació en 2006, fundada por el Sultán en un principio como subsidiaria del fondo soberano Mubadala para diversificar recursos e impulsar la economía. 

Hoy tiene el control accionario del 60% de CEPSA, una de las principales compañías energéticas de España.

Hacia finales del 2022, toda la región venía de un año en que un crudo que no bajaba de los u$s 100 alimentaba grandes emprendimientos y también grandes espejismos.

Emiratos decidió entonces que la petrolera estatal, Adnoc, se hiciera cargo de la unidad de hidrógeno-verde de Masdar, mientras que Taqa -la compañía de energía de Abu Dhabi- fuera la principal accionista (60%) del negocio de energía solar y eólica.

Sí, Taqa, la empresa que ahora negocia para adquirir la energética Naturgy y que conmocionó al mercado español, y a toda Europa, como en su momento lo hicieron los saudíes con su oferta para adquirir el 9,9% de Telefónica. 

La propuesta fue por el 41,6% de Naturgy, el tercer operador eléctrico del país y responsable del 70% de la distribución de gas. Para peor, ahora los emiratíes decidieron ir por el 100%.

La transacción puso otra vez a Pedro Sánchez ante la embestida árabe contra una empresa estratégica española y la presión de toda la izquierda española para que el Estado frene la compra o al menos ingrese como accionista (como ya ocurrió con Telefónica). 

Controversia sustentable

El Sultán Al Jaber, que encabeza la petrolera Adnoc, fue el anfitrión de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático COP28 en Dubai. 

La controversia era inevitable. Y estalló con virulencia. Al punto que trascendieron versiones de que el Sultán aprovecharía el encuentro para negociar acuerdos petroleros. 

“Es un tipo inteligente. Pero un conflicto de intereses es un conflicto de intereses”, dijo el referente en el tema climático, Al Gore. 

Con una maestría en administración de empresas de la Universidad de California y un doctorado en negocios y economía de la Universidad de Coventry, en Reino Unido, fue quien logró que la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) tuviera su sede en los Emiratos.

El país es el séptimo mayor productor de petróleo del mundo, el tercero entre los países de la OPEP. Con 4 millones de barriles al día, Abu Dhabi concentra el 90% de la producción.

En 2020 anunció el hallazgo de 80 billones de pies cúbicos de gas en Jebel Ali, en la frontera entre Abu Dhabi y Dubai. Un descubrimiento que asegura al país la suficiencia energética en lo que a gas se refiere. 

Sin la exorbitante riqueza derivada del crudo y del gas, la gigantesca inversión en el desarrollo de energías alternativas que realizan los Emiratos sería impensable. Contradicciones que se muerden la cola.

Un negocio en transición 

En marzo de 2023, Adnoc Gas sacó a la Bolsa un 5% de su capital con el objetivo de recaudar u$s 2.500 millones. 

Los inversores ofertaron u$s 124.000 millones, lo que equivale a una sobre-suscripción de más de 50 veces.  Un ejemplo del apetito por las compañías del grupo y la facilidad con que accede a fondos. 

La operación, que valuó a la empresa en u$s 50.000 millones, se vio beneficiada por los precios del gas del año anterior durante la invasión rusa a Ucrania. 

Pero Adnoc destina 10% de su presupuesto de u$s 150.000 millones a proyectos de energía de bajo consumo de carbón para los próximos cinco años, más allá de los planes de energía limpia de Masdar. 

Masdar, que ya opera en 40 países, no sólo está en constante búsqueda de posibles adquisiciones y fusiones para crecer sino que también emite “bonos verdes”, títulos destinados a financiar proyectos sustentables.

En 2023, terminó colocando u$s 10.700 millones en bonos verdes, 155% por encima del año anterior, y el 45% del volumen total emitido en la región, líder en Medio Oriente.

Otra particularidad es la fuerte presencia de Emiratos en todo el continente africano. De todos modos, no es la única nación del Golfo. También Arabia Saudita y Qatar están extendiendo su influencia. 

Según los analistas, se está posicionando como la puerta de entrada para China, Rusia y los países occidentales.

Se invirtieron u$s 52.800 millones en 2022, 20 veces más que Beijing y siete más que EE.UU. Y algo menos en 2023, u$s 44.500 millones, así y todo el doble que China.

No sólo son proyectos de energía limpia, en lo que desde ya se avanzó enormemente. Los Emiratos, como otros países del Golfo, ven en el continente vastas necesidades pero también la bendición de innumerables recursos. 

En ese sentido, por ejemplo, buscan compensar sus propias vulnerabilidades, como la dependencia de las importaciones de alimentos. 

En Sudán, Zimbabwe y Angola, por caso, se desarrollaron 3.750 hectáreas de arroz y palta, un área equivalente a unas 5.500 canchas de fútbol.

Quizás sea lo inhóspito del desierto. Quizás la afluencia de dinero. Pero el largo plazo aparece como patrón mental y como estrategia de una forma que es tan ajena a idiosincracias cortoplacistas de políticas espasmódicas.

No por nada la apuesta a renovables. Y esta contradicción que no es más que aparente. La transición energética quizás se prolongue más de lo que piensa pero es irreversible. Cuando los combustibles fósiles dejen de hacer fluir el dinero, los emiratíes tendrán su oasis sustentable. 

 

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