16 de agosto 2025 - 8:52hs

Ir a la guerra cuesta mucho dinero.

En un régimen opaco como el de Vladimir Putin, el verdadero costo de la invasión a Ucrania es una caja negra.

Pero el Kremlin subordinó a la banca a sus metas y la utilizó para financiar los masivos gastos militares que demandó un conflicto que se convirtió en una sangría de recursos.

Sólo este año, sumarán u$s 172.000 millones, el 8% del PBI. Según el banco central ruso, las entidades ya dieron u$s 550.000 en nuevos créditos desde que comenzó la guerra y están en la cuerda floja.

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El segundo banco del sistema, a un paso del derrumbe

Los resultados del segundo mayor banco de Rusia, VTB Bank, fueron la última alarma, con un salvaje deterioro en sus ganancias por el otorgamiento de créditos, que aún así estaría subestimado.

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Sus ingresos por interés neto - la diferencia entre los que cobra por los préstamos y lo que paga por los depósitos- se derrumbaron 49% interanual a u$s 1.900 millones en los primeros seis meses de 2025.

Según reconocieron directivos a Bloomberg, los números no reflejan verdaderamente la seriedad de la situación. Los números se retocan.

Pero otros ya hablaron públicamente de la crisis. En el St. Petersburg International Economic Forum que se celebró este año, German Gref, el CEO de Sberbank, el primer banco ruso, aseguró que la situación era una “tormenta perfecta”.

La jefa del banco central, la dama de hierro de Rusia

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En ese mismo evento, Elvira Nabiullina, presidenta del banco central de Rusia y parte del círculo íntimo de Putin, negó que existiera riesgo de una crisis.

Se apoyó en el hecho de que Rusia cuenta nada menos que con u$s 100.000 millones de reservas, más que suficiente para defender a sus bancos de un shock.

Además, recordó que puede recurrir a un colchón de capital que permita a los bancos absorber pérdidas y operar temporalmente con exigencias de capital menores, si fuera necesario.

Nabiullina -una de las mujeres más poderosas de Rusia- tiene la reputación de ser asertiva. En el pasado no dudó en intervenir para recapitalizar a bancos frágiles y “limpiar” el sistema financiero.

En 2017, destinó al menos 1 billón de rublos a rescatar a tres grandes bancos privados, argumentando que era preciso hacerlo para preservar al resto de la industria.

Tasas de 21% y la obligación de renovar los créditos

En Rusia hay unos 13 bancos considerados de importancia sistémica (“demasiados grandes para caer” o capaces de desestabilizar al sistema), la mayoría estatales y manejados por “amigos” de Putin.

Putin no esperó. Al día siguiente de la invasión modificó una ley que disponía que la banca debía otorgar créditos al sector de defensa y afines a una tasa preferencial.

En la práctica también implicaba que el dinero debía fluir sin importar la rentabilidad ni la capacidad de repago de los contratistas militares.

Las entidades perdieron el manejo del riesgo de sus carteras. Y los gastos de defensa se triplicaron desde 2022.

Rusia pasó a ser el segundo país que destina más recursos a armar el país, superando a EE.UU. tras la invasión a Ucrania. Hoy sólo es superado por Arabia Saudita.

El verdadero problema llegó cuando la inflación -producto del aumento en el gasto público y el estímulo para sostener a una economía golpeada por las sanciones- se disparó en forma abrupta.

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El Banco Central llevó la tasa de referencia hasta niveles de 21% para octubre de 2024 (era de 7,5%), el mayor nivel en dos décadas. En julio, la bajó a 18%.

Los bancos tenían entonces: por un lado, un pila de créditos de defensa con una tasa fija que no podían tocar y por el otro, una cartera con tasa flotante y clientes que ya no podían pagar la cuota de sus préstamos.

Como remate, el banco central instaba a los bancos a reestructurar todos los créditos “malos” y no sincerarlos. Y en Rusia, cuando el regulador bancario pide algo, en realidad lo ordena.

En conclusión, la verdadera magnitud del problema de la deuda es imposible de calcular.

De hecho, esta consigna está plasmada en una de las reglas que nacieron temprano en 2022 en relación a la industria de defensa.

Establece que los bancos no pueden ir tras los activos de compañías insolventes y deben continuar otorgándoles crédito, encubriendo el verdadero nivel de estrés para el banco.

Como aseguró Sergei Guriev, Decano de la London Business School y un destacado economista en temas rusos, “es imposible saber si hay un problema bancario si los bancos siguen renovando los créditos y el banco central está dispuesto a mirar a otro lado”.

Quizás Rusia termine rescatando a su banca "en silencio" a espaldas de Occidente para evitar la humillación. Lo que es claro es que no podrá ignorarlo mucho más.

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