1 de mayo 2024 - 6:49hs

Finalmente, la protesta universitaria y la consiguiente movilización fueron un éxito de convocatoria.

Centenares de miles de personas se congregaron en favor de la educación pública, pero si miramos un poco más detalladamente, también lo hicieron en contra del gobierno de Javier Milei. 

Si bien la marcha fue preponderantemente de gente que ya se oponía al presidente argentino, incluso desde antes de que fuera electo, hay que reconocer que por primera vez toda la oposición política y social logró confluir en un punto geográfico detrás de una sola consigna y convocatoria. 

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Esto ocurrió así porque las universidades son un interlocutor no tan desprestigiado como otros espacios políticos y sociales. 

El 24 de enero pasado, durante el primer paro general convocado por la Confederación General de Trabajo, la principal organización sindical argentina, se reunió una cantidad de gente que no estuvo a la altura de la historia de la organización.

Los gremialistas son personajes muy desprestigiados para convocar más allá del núcleo duro de sus apoyos. 

Al poco tiempo se hizo la manifestación del 8-M, el Día Internacional de la Mujer, que también había sido desde su aparición un movimiento de fuerte influencia política.

En este caso, la concentración y sus efectos posteriores no tuvieron mayor impacto, ni siquiera en redes sociales y medios de comunicación. 

Lo mismo ocurrió el 24 de marzo, cuando se conmemora el inicio de la última dictadura militar.

La tradicional movilización, que también solía ser otro hecho importante del calendario político, repercutió solo en sectores muy politizados de la sociedad.

Sin embargo, ante la convocatoria universitaria, la cuestión fue diferente. 

Las discordias desaparecieron. Una cosa es marchar o unirse detrás de reclamos sindicales, feministas o de organizaciones de derechos humanos, los tres muy asociados con los años kirchneristas.

Diferente es hacerlo con las universidades públicas, donde los peronistas no son la conducción y que está históricamente más cerca de la socialdemócrata Unión Cívica Radical.

Entonces, la primera señal de alerta que recibió el presidente es que la oposición logró unificarse, pero también que en las redes sociales dominó su narrativa, sumada a la generosa repercusión que le otorgaron los medios de comunicación. 

Una cuestión no menor en este asunto es que las universidades agrupan centralmente a los jóvenes, bastión electoral de Milei.

Las diferencias que agrietan a la oposición

Sin embargo, tampoco ha sido decisivo el golpe recibido por Milei. 

Y es que, en general, la participación de los universitarios en la política tiene motivaciones heterogéneas y resultados muy superficiales.

La mayor parte de las veces sirven como arma de choque, causan gran efecto en la coyuntura, pero luego son efímeros. 

Esto se vio claramente, antes que se cumplan siquiera 24 horas de la gran marcha del orgullo universitario, cuando el kirchnerismo intentó replicar esa unión callejera de la oposición convocando una sesión en la Cámara de Diputados para tratar el presupuesto universitario. No consiguió el quórum necesario para sesionar. 

Cuando la oposición tuvo que actuar de forma conjunta, aparecieron las diferencias y se observó una vez más la decisión de gran parte de la clase de política argentina de no acercarse demasiado al kirchnerismo.

La Argentina vive tiempos de crisis, pero además momentos políticamente confusos.

Nada está muy claro, ni las alianzas ni los proyectos políticos, los liderazgos, ni siquiera el rumbo que está adaptando la presidencia de Milei. 

El gobierno libertario transita dos caminos, que son paralelos y simultáneos.

El primero de ellos es el de las reformas económicas estructurales, de la reducción de la presencia estatal en la esfera pública, la privatización, la eliminación de regulaciones y la apertura de la economía.

Este camino lo ha abordado con timidez y sin muchos resultados visibles. Por lo menos no visibles para la gente en su vida cotidiana. 

Por el contrario, ha mantenido impuestos, o los ha aumentado, no ha desarmado estructuras corporativas que habían sido blanco de la ira presidencial y también en la campaña (con los llamados “empresaurios”).

Incluso en ámbitos que no son económicos, como la Justicia. El oficialismo sorprendió con la propuesta Ariel Lijo como candidato para la Corte Suprema.

Este es uno de los jueces más cuestionados del sistema y acusado de buscar impunidad para los empresarios cercanos al último gobierno peronista, en particular, a su ministro de Economía y excandidato presidencial, Sergio Massa. 

Pero hay otro camino que el gobierno ha recorrido con más entusiasmo, con mayor impacto en la sociedad y con éxito relativo a la hora de juntar consensos.

Esta senda se vincula con un populismo declamativo clásico. Es el enfrentamiento dialéctico y la pelea con algunas corporaciones de la cultura y de la educación, con chinos e iraníes, periodistas y artistas, denunciando robos, ataques,  adoctrinamientos y la utilización de fondos públicos para objetivos partidarios. 

Al presidente se lo vio mucho más cómodo en ese tipo de pelea. 

Si bien ambos caminos deben transitarse simultáneamente, la mayor apelación a la disputa discursiva resalta el menor avance en los cambios materiales.

Pasados los primeros 100 días, el gobierno sigue con apoyo en las encuestas y su electorado no parece haberle dado la espalda. Sin embargo, en algún momento esto tiene que plasmarse en cambios reales.

Esta semana se debate la llamada ley Bases, en la cual el Gobierno propuso una larga serie de cambios profundos, que la negociación con las corporaciones parlamentarias fue deshilachando.

Hoy es un proyecto bastante reducida con respecto a las intenciones iniciales. Sin embargo, el oficialismo entregó muchas de esas propuestas para lograr una delegación de funciones del Parlamento a manos del Poder Ejecutivo. 

De lograr esa delegación, Milei podrá manejar más o menos a su antojo una serie de reformas que van a ser importantes para el cambio de la economía. 

Esto, sin embargo, tras ser aprobado por la Cámara de Diputados y, luego por el Senado.

En caso que este último lo apruebe con cambios volvería a la Cámara de Diputados. Por lo tanto, nos estamos refiriendo a plazos no breves para lo que es la política argentina de hoy.

Otra vez se bifurcarán los senderos para el presidente libertario. 

Por un lado, deberá elegir si apela a la paciencia con el Poder Legislativo, y mientras tanto avanza con las herramientas que dispone, en definitiva, practicar un gradualismo que rechazó cuando el presidente era Mauricio Macri.

Por otro lado, puede aumentar los fuegos de artificio, las diatribas y aumentar la polarización contra sus adversarios de turno, tratando de ganar tiempo hasta que aparezcan buenas noticias. 

La política argentina es circular. E incorregible.

 

 

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