El presidente de España luce acorralado en el plano interno por los escándalos de corrupción, y en el externo por la distancia que le ponen los otros líderes europeos. Intenta resistir un ocaso que parece inevitable.
Arrancó la cumbre de la OTAN en La Haya con el presidente de España en el centro de la escena por las acusaciones de Donald Trump que quiere llevarse un triunfo: que todos los miembros europeos de la Alianza se comprometan a gastar en Defensa el 5% de su PIB. Sánchez se planta en el 2,1% "ni más ni menos".
El petróleo aflojó el viernes cuando Trump pasó de pedir evacuar Teherán a hablar de dos semanas de diplomacia. Pero al día siguiente atacó. En u$s 77, el crudo aún está lejos de su máximo de u$s 144. Es clave si Irán entorpece o bloquea el tránsito de buques en el Golfo.
Las trayectorias de Cristina Fernández de Kirchner y Pedro Sánchez exponen la misma parábola: del apoyo popular al triste y solitario final. Mientras una enfrenta el ocaso político en clave judicial, el otro aún resiste, aferrado al poder.
China, con un récord de patentes de sus colosos tecnológicos, intenta disputarle el liderazgo histórico a EEUU. Europa se está quedando afuera de la carrera de innovación y España ni aparece en los rankings.