Todo se alineó para Putin. Levantadas las sanciones petroleras, Rusia gana por la suba del precio y el aumento de las ventas. Descartan que la medida será extendida. Como remate, Hungría vetó la ayuda de la UE para Ucrania.
Israel cambió el juego. Atacó un yacimiento de gas en Irán, del que depende su suministro de electricidad. En represalia, Teherán apuntó contra el GNL de Qatar. Demorarán hasta 5 años en reparar el daño.
Con la infraestructura militar de Irán devastada, Trump se enfrenta a una paradoja asfixiante: la superioridad bélica no logra domar la volatilidad del mercado petrolero ni unificar a un gabinete dividido por el silencio de JD Vance.
Trump no dañó infraestructura petrolera, sólo objetivos militares. Pero ya hubo represalias contra Emiratos y Arabia Saudita, los únicos que pueden sortear Ormuz para exportar. Inyección de emergencia de reservas en Asia.
Hungría y Estonia son dos economía que todavía dependen del gas ruso. Supone el 13% de las compras totales Enfrentan a Ucrania, que controla el oleoducto. La UE organiza una inédita inspección para comprobar si está dañado.
El mercado se animó pero duró poco. Estiman que aportarán un flujo diario de 1,2 millones de barriles cuando circulaban 16 millones. Tardarán demasiado en llegar y está probado que el impacto es mínimo.
El desplome de casi 20% del martes ayudó a descomprimir pero nadie se confía. El mercado ya calcula cuánto habrá que subir las tasas ante un shock de precios. Pero a diferencia de la economía expansiva post Covid del 2022, hoy hay riesgo de recesión.