18 de mayo 2024
13 de mayo 2024 - 5:12hs

El escenario político de España se ha convertido en estos meses en un laberinto infernal por el que transita Pedro Sánchez, y todos los españoles marchan detrás de su sombra con el destino sin rumbo. Como en la tragedia griega del Minotauro, ojalá haya algún Teseo que tienda el hilo salvador que les permita volver alguna vez a la normalidad.

El resultado de la elección en Cataluña, como la compleja investidura de Pedro Sánchez durante la Navidad pasada o la amenaza teatral de su renuncia hace apenas un par de semanas, se ha convertido en otro pasillo de ese laberinto indescifrable que tiene prisionera a la política española.

El conflicto que el separatismo catalán desató hace siete años, no terminó de resolverse este domingo con las elecciones en Cataluña. Los resultados alumbran un Parlamento de conformación incierta y abierto a un campo de batalla con múltiples posibilidades de negociaciones.

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1.- El candidato del Partido Socialista Catalán, Salvador Illa, logró imponerse, pero no puede armar gobierno con mayoría propia. Solo lo podrá hacer si la Izquierda Republicana Catalana (ERC) y el partido Comuns-Sumar les ceden sus diputados para una coalición tripartita. Complicado.

2.- El fugado Carles Puigdemont mejoró un poco su performance de 2021 (suma tres diputados más), pero tampoco le alcanza para formar gobierno y volver como héroe a Cataluña. Apenas terminada la elección, desde su escondite en Francia, llamó a ERC a armar una coalición para armar un gobierno puramente independentista. Muy complejo también, para no decir de lo que se trata: una hipótesis absolutamente perversa.

3.- Hubo un desastre electoral de ERC, que perdió trece diputados respecto de aquella elección de 2021 que le otorgó el gobierno de Cataluña. El presidente Pere Aragonés pasó a ser un cadáver político y la primera reacción fue pasarle la responsabilidad del armado del gobierno a los ganadores del domingo: Illa y Puigdemont.

Lo que viene es un salvaje debate interno en sus filas para ver a quién de los dos les conviene apoyar. Si avalar a los socialistas, y mantener la alianza a nivel nacional con Pedro Sánchez, o si activar la bomba del separatismo y propiciar el regreso con gloria de Puigdemont.

4.- La gran sorpresa del domingo fue la recuperación del Partido Popular. De la mano de su candidato, Alejandro Fernández, multiplicó por cinco aquellos tres diputados obtenidos en la debacle de 2021.

Hubo celebración en Génova porque este resultado puede ser el germen de haber hallado un discurso para Cataluña que el PP hace tiempo no tenía. Además, superó a Vox y se anota una ventaja para liderar un bloque de derecha en un territorio que les es hostil.

5.- La derecha dura de Vox conservó los 11 diputados que había conseguido en aquella sorprendente elección de 2021, pero no logró extender el ciclo positivo. Para colmo, quedó debajo del resucitado Partido Popular y no pudo convertir en votos su prédica contra la inseguridad y la amenaza de los inmigrantes en Cataluña. Deberá buscar nuevos caminos.

LA ESTRELLA DE YOLANDA DIAZ SE APAGA

6.- No fue una catástrofe como en Galicia, pero la vicepresidenta Yolanda Díaz tampoco podrá decir que logró algo parecido a una victoria en Cataluña. De todos modos, los seis diputados cosechados por la alianza Comuns-Sumar son vitales para que el Socialismo pueda armar gobierno si consigue el acompañamiento de ERC.

Esto le permite a Díaz seguir contando con una carta de negociación ante Pedro Sánchez y escapar al menos un poco de la presión a la que la someten sus antiguos socios izquierdistas de Podemos.

Se apaga de a poco la estrella de su pretendida candidatura presidencial con la que soñaba un año atrás.

7.- Si hay una catástrofe que emerge de las elecciones en Cataluña, es la de Ciudadanos. El partido político que amenazó con hacer tambalear a todo el sistema político español hace ya más de un lustro había ingresado en un proceso de autodestrucción al que no le faltaba casi nada.

La frutilla del postre llegó en esta elección, cuando sus dirigentes catalanes rechazaron una coalición con el Partido Popular que les propuso Alberto Núñez Feijóo. Ni un solo diputado y la desaparición electoral fue el ultimo estertor de Ciudadanos para convertirse en un fenómeno político fugaz que guardarán los archivos digitales de la historia.

8.- La incógnita vuelve a invadir el presente y el futuro de Pedro Sánchez. ¿Podrá el presidente de las mil intrigas obtener una ventaja de la elección en Cataluña? Es cierto que su candidato, Santiago Illa, ha salido primero y que se ha quedado con la mayoría de los votos que perdió la Izquierda Republicana Catalana.

Pero también tiene un intríngulis con el separatista Puigdemont, al que debe confirmarle la polémica ley de Amnistía para su regreso a España. Va a ser difícil para el más resbaloso de los dirigentes españoles conservar el apoyo de los siete parlamentarios nacionales de Puigdemont si decide crucificarlo armando gobierno en Cataluña con ERC y con sus aliados de Comuns-Sumar. Claro que esa, la de las crucifixiones, es una de sus especialidades.

9.- Con un 57,92% de participación, la elección en Cataluña registró una suba del 6,63% respecto de aquella elección de 2021 disputada en medio de la pandemia de Covid. A la mitad del domingo, ERC intentó justificar lo que sería una muy mala performance acusando la baja participación de los catalanes. Al final del día, se comprobó que el derrumbe del oficialismo y de Pere Aragones obedecía razones mucho más profundas que ese análisis demasiado liviano y prematuro.

10.- Detrás de las sumas y restas que puedan hacer cada uno de los protagonistas de la elección en Cataluña, hay un dato que asoma discretamente, pero que muestra un pequeño sesgo de debilitamiento en el independentismo catalán.

Los votos independentistas puros bajaron de 71 diputados alcanzados en 2021 a los 61 que la bandera del separatismo catalán cosechó este domingo.

En cambio, los votos más institucionalistas pasaron de los 64 de hace tres años a los 74 diputados que sumaron en esta ocasión empujados por el triunfo del Socialismo catalán, por el sorprendente repunte del Partido Popular y por la vigencia estadística de Vox.

Entre el desastre de la gestión de gobierno de ERC y el tope para la soberbia impune de Puigdemont, se puede advertir un paulatino pero indisimulable eclipse del independentismo.

Es una luz todavía débil pero posiblemente se trate de una señal. Una oportunidad para que la diversidad cultural y las diferencias territoriales se conviertan en un camino que vuelva a conducir hacia el tesoro maltratado de la unidad de España.

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