12 de enero 2025 - 18:23hs

China, la máquina de crecer. Entre 1991 y 2011, su economía se expandió a una apabullante tasa promedio del 10,5% anual. En esas dos décadas, hubo 10 años en los que superó los dos dígitos.

En 1992 y en 2007, con precisión de régimen comunista, repitió su máximo histórico: 14,2%. Todos tenemos todavía esa impresión de un gigante arrollador. Pero China crecerá 4,8% este año. Y no logra aferrarse a su objetivo del 5%. En 2023 lo alcanzó contra todo pronóstico (5,2%) pero este año no llegará y el año que viene declinará otro poco a 4,5%, según el FMI.

Claro que todo es relativo. EE.UU. verá aumentar su PBI 2,2%, aproximadamente la mitad. Nada que amerite un tweet de Donald Trump.

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Pero lo cierto es que China y su líder, Xi Jinping, no sólo enfrentan una desaceleración de la economía producto en parte de un prolongado colapso del sector inmobiliario, sino fuertes presiones deflacionarias ante la falta de demanda doméstica. Esto no por entrar en la bomba de tiempo del endeudamiento colosal de las provincias del interior.

Los precios minoristas, que venían de subir 0,2% en 2023, volvieron aumentar un magro 0,2% este año, con un decepcionante 0,1% en diciembre para rematar el año. El FMI, en su outlook de octubre, proyectaba un 1,7% para 2025 pero ya parece haber quedado en zona de expresión de deseos. Alicia García- Herrero, unas de las especialistas en la región Asia Pacífico más reconocidas, hoy economista jefe en el francés Natixis, pronostica 0,8% siempre que el estímulo no quede corto en relación a las expectativas.

China enfrenta una economía que se enfría tras una larga hecatombe inmobiliaria y la amenaza de una espiral deflacionaria ante una demanda doméstica retraída China enfrenta una economía que se enfría tras una larga hecatombe inmobiliaria y la amenaza de una espiral deflacionaria ante una demanda doméstica retraída

Y por supuesto, una inminente guerra comercial con EE.UU.-la segunda- que ya no desafía a la poderosa fábrica del mundo sino a una economía tambaleante, bloqueará virtualmente el ingreso de todos sus productos encareciéndolos ridículamente vía tarifas de 60% o más, según fue anticipado por el propio Trump.

Es aquí donde Jinping y su Banco Central están atrapados en un laberinto.

Por un lado, explorando ya desde el año pasado distintas medidas monetarias que inyecten liquidez en el mercado para estimular la economía y prepararla para la era Trump, y más recientemente, revisándolas o directamente dando marcha atrás ante un yuan que no deja de perder valor ante el dólar ante esa avalancha de estímulo.

Capital Economics estima en un 1,1 % del PIB chino el impacto de los aranceles estadounidenses si Pekín permite una depreciación del yuan, limitando el impacto de esas tasas a un 0,7%-0,5% en caso de que no se intercepte el trasbordo de mercancías a través de terceros destinos.

Pero si hay algo para lo que China no está preparada todavía es para soltar su férreo control del yuan (aunque el mercado le esté ganando la pulseada).

Suspenden compras de bonos para defender al yuan

La última medida del Banco Central chino fue suspender la compra de bonos gubernamentales en el mercado, una herramienta monetaria que había incorporado el año pasado y que lo ponía a la altura de sus pares globales para el manejo de la liquidez de la plaza.

¿Cuál fue el problema? Los inversores apostaron a que la entidad iría por más ante una economía que no reaccionaba y se volcaron en forma masiva a los títulos en busca de refugio, con lo que el rendimiento -que se mueve en relación inversa al precio- se hundió a su mínimo histórico.

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El retorno del bono de referencia a 10 años de China cayó por debajo de 1,6% por primera vez en la historia.

Este apetito por los bonos chinos combinado con la venta de Treasuries (bonos del Tesoro de EE.UU) hizo que la brecha entre el riesgo soberano de ambos países se ampliara a un nivel sin precedentes de 300 puntos básicos, lo que redunda en presión sobre el yuan y riesgo de salida de capitales.

El yuan tiene una cotización doméstica, o “onshore” y otra “offshore”. La primera tiene como pauta la banda que fija diariamente la autoridad monetaria dentro de la cual puede moverse la moneda en relación al dólar. Establece un tipo de cambio y existe un margen de 2% en ambas direcciones. Un mecanismo para guiar expectativas.

Una moneda debilitada con estampida de capitales

En el mercado offshore, el yuan hoy cotiza a 7,36 por dólar. Pierde 4% en los últimos 3 meses y 2,50% en 12 meses. Desde su punto más fuerte del año pasado, el 26 de octubre, cuando tocó 6,97, retrocede 5,6%.

Goldman Sachs y Barclays coinciden en que aún tiene margen para perder terreno hasta 7,5 para fines de año.

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En el mercado doméstico, las autoridades buscan defender al yuan estableciendo cotizaciones de referencia que no dan señales de desvalorización e incluso más fuertes de lo esperado por los analistas.

Por otro lado, lo que viene ocurriendo en paralelo, es que los traders debilitan a la moneda hasta el límite del área permitida de negociación, al punto de forzar el esquema y quedar a 1,99% de la desviación autorizada. Lo que llaman “no-go area”.

Cada día se fija un precio para el yuan. Hay una banda del 2% en ambas direcciones. Los traders lo debilitan hasta el límite (1,99%). Es su forma de decir que no refleja la realidad. Cada día se fija un precio para el yuan. Hay una banda del 2% en ambas direcciones. Los traders lo debilitan hasta el límite (1,99%). Es su forma de decir que no refleja la realidad.

Pero China no está lista para dejar este rígido sistema. Teme que inversores en pánico generen una ola de ventas de activos en yuanes. Sin ir más lejos, en noviembre, China sufrió la mayor salida de capitales de la que se tiene registro.

El flujo negativo de inversión extranjera marcó un récord de unos u$s 45.700 millones.

Ya el mes anterior habían salido u$s 25.800 millones. Pero el mes del triunfo de Trump aceleró la estampida, sobre todo flujos de cartera relacionados con el yuan.

Aún no se cuenta con los datos del año completo, pero de resultar negativo sería el primero en décadas. Para tener una idea, en 2012, no hace tanto, China se veía inundada por u$s 231.650 millones.

Hace poco, el Instituto de Finanzas Internacionales hizo una estimación, aunque limitados a los flujos de inversión extranjera directa, es decir en economía real. Auguró que por primera vez en décadas en 2024 habrá una salida de unos u$s 10.000 millones y en 2025 se incrementará a u$s 25.000 millones.

Pero la necesidad de mantener a flote de la economía es tan imperiosa, y la amenaza tarifaria de Trump potencialmente tan desestabilizante, que muchos especialistas creen que las medidas de estímulo volverán. Incluso a costa del yuan. Y no sólo es la moneda. El dinero en la calle evitará una espiral deflacionaria a la japonesa de la que puede llevar años salir.

En Bank of America estiman que se retomarán las compras de bonos gubernamentales y que este año alcanzarán unos u$s 400.000 millones. En ING consideran que la suspensión de la medida fue una reacción de corto plazo a las condiciones de mercado y aún esperan un recorte de la tasa de interés u otras medidas de estímulo en el primer trimestre.

El Banco Popular de China (PBOC, por sus siglas en inglés) recortó en octubre la llamada tasa de la facilidad de préstamo a mediano plazo (FML) del 2,3% al 2%, fue el mayor descenso desde que el banco comenzó a utilizar esta herramienta para guiar las tasas de interés del mercado en 2016.

Al mes siguiente, redujo su tasa de interés de referencia para préstamos. El tipo preferencial a un año (LPR) se recortó en 25 puntos básicos, quedando en un 3,10%. Fue el primer ajuste desde julio.

Liberan efectivo que los bancos debían tener inmovilizado

Otras de las herramientas que utilizó China a fines del año pasado para liberar efectivo es reducir los requisitos de reservas de los bancos, esto es, la cantidad de dinero que deben inmovilizar en el Banco Central. Ahora se espera que la repita en los primeros meses del año para aliviar el efecto de las tarifas recién vigentes.

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Pero una vez más, el Banco Central debe medir su uso ya que también puede desestabilizar al yuan y generar presión sobre los rendimientos soberanos si los inversores corren a los bonos. La lógica: si siguen aumentando el estímulo e inundando de liquidez el mercado (relajamiento monetario) es porque la economía está cada vez peor.

En su defensa del yuan, China trata de cubrir todos los frentes. En Hong Kong, la plaza offshore, los bancos estatales están encareciendo el costo de fondeo para las operaciones contra el yuan (“shortear” un activo: apuestas a que va a bajar).

La tasa “overnight” interbancaria -que se emplea en estas transacciones- trepó a 8,1%, un máximo desde 2021

Además, el Banco Central piensa vender un récord de bonos en Hong Kong para absorber toda la liquidez posible y frenar las ventas de yuanes.

Está claro que Xi Jinping tiene problemas que exceden por mucho a Trump.

También resulta evidente que Trump le complicará la vida. Y se intuye, en este imposible acto de equilibrista, que Jinping no puede decidir qué costo pagar. Quiere el estímulo que suavice el ataque de Trump pero también quiere un yuan fuerte que pueda controlar.

Los dilemas tienen eso. En algún momento hay que elegir.

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