A los 85 años, falleció Álvaro Domecq Romero, rejoneador, ganadero y empresario jerezano, una de las personalidades más destacadas de la cultura ecuestre y taurina de Andalucía.
Su legado se extiende más allá de los ruedos, siendo una figura clave en la modernización y difusión del arte ecuestre en la región.
Una carrera marcada por el toreo y la ganadería
Álvaro Domecq Romero nació en Jerez de la Frontera en 1940, hijo del también rejoneador Álvaro Domecq Díez. A lo largo de su carrera, destacó en el toreo a caballo, siendo uno de los grandes rejoneadores de los años 70.
Su participación en el célebre cartel de “Los cuatro jinetes de la apoteosis” marcó una etapa dorada del rejoneo en España. Tras su retiro de los ruedos en 1985, se volcó en el mundo de la ganadería y en la crianza de caballos, heredando la ganadería Torrestrella.
Además de su faceta como rejoneador, Domecq Romero fue un pionero del arte ecuestre en Andalucía. Fue el impulsor de la creación de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, en Jerez de la Frontera, un referente internacional que se ha convertido en uno de los centros más prestigiosos del mundo en la enseñanza y exhibición de la doma clásica y el baile de caballos.
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Un hombre de negocios y empresario
Su influencia no se limitó al mundo del toreo y la ganadería, sino que también se extendió al ámbito empresarial. Domecq Romero fue un destacado empresario vinatero, vinculándose con la producción de vinos de la región.
Además, su contribución al turismo ecuestre y al desarrollo de la ciudad de Jerez fue fundamental para la consolidación de la ciudad como un destino turístico de primer orden en Andalucía.
A lo largo de su vida, Álvaro Domecq Romero recibió numerosos galardones, entre los que destaca la Medalla de Andalucía, otorgada en 2024, así como la distinción de Hijo Predilecto de Jerez. Estos reconocimientos reflejan su gran contribución a la cultura y el patrimonio andaluz.