4 de enero 2026 - 16:21hs

Tras el ataque militar de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, la poderosa vicepresidenta y ministra de Petróleo, obtuvo el respaldo del Tribunal Supremo de Justicia, bajo control del chavismo, para asumir la presidencia en calidad de encargada, con un mandato que podría extenderse lo necesario para intentar estabilizar al régimen. Al mismo tiempo, su manejo del sector energético y los vínculos con empresarios la perfilan como la carta que la administración de Donald Trump parece haber elegido para conducir al país, al menos en el corto plazo.

La Constitución venezolana establece que, si se produce una falta absoluta del presidente durante los primeros cuatro años de mandato, la vicepresidenta debe asumir el cargo y convocar elecciones en un plazo de treinta días. Si la ausencia es temporal, la vicepresidenta sustituye al presidente por un período de 90 días, prorrogable por otros 90 si así lo decide el Parlamento.

En la noche del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia resolvió que Delcy Rodríguez asuma la presidencia en calidad de encargada, sin precisar si se trata de una falta temporal o absoluta. En su lugar, invocó términos como “actuación cautelar”, “falta forzosa” y “continuidad administrativa”. Para José Ignacio Hernández, abogado y profesor de derecho constitucional, en la práctica “es una falta temporal, pero no sujeta a ningún límite fijo. Una arbitrariedad”.

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La consecuencia es que Delcy Rodríguez podrá prolongar su permanencia en la presidencia e intentar recomponer al régimen mediante negociaciones con Estados Unidos, el sostenimiento de la cohesión en la Fuerza Armada —que hasta ahora no se ha resquebrajado— y la continuidad de la represión para contener protestas que podrían agravar la inestabilidad.

Trump conferencia de Prensa Sobre Venezuela. AFP

La condición de Trump

Estados Unidos acusa a Nicolás Maduro de liderar un cartel del narcotráfico y se dispone a juzgarlo en Nueva York tras su detención. Además, al igual que numerosos países, Washington sostiene que su reelección en las presidenciales de julio de 2024 fue producto de un fraude. En ese contexto, Delcy Rodríguez —vicepresidenta de un gobierno señalado como ilegítimo— emerge como interlocutora: la administración de Donald Trump está dispuesta a un entendimiento, siempre que “haga lo que queremos”, declaró el presidente estadounidense al New York Post.

Trump esbozó una suerte de tutela al afirmar en rueda de prensa: “Vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición pacífica, apropiada y prudente”. Consultado sobre quién asumiría ese rol, respondió: “Las personas que están detrás de mí, nosotros vamos a manejarla”, y señaló al secretario de Estado, Marco Rubio, al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine.

Además, Trump dejó en claro su interés en el sector energético al adelantar que las compañías petroleras estadounidenses “entren, inviertan miles de millones de dólares” en Venezuela, el país que posee las mayores reservas de crudo del planeta.

Delcy Rodríguez. 1 afp

No obstante Delcy Rodríguez dio declaraciones que contradicen los deseos de Washington. En cadena nacional afirmó el sábado que “jamás volveremos a ser colonia de ningún imperio del tinte que sea” y agregó: “Estamos listos para defender a Venezuela y nuestros recursos naturales”.

Incluso después de estas declaraciones, el secretario de Estado Marco Rubio mantuvo la prudencia y señaló al New York Times que “vamos a tomar decisiones en función de sus acciones y sus hechos en los próximos días y semanas”.

Gestión del petróleo

Abogada especializada en derecho laboral, Delcy Rodríguez permaneció en segundo plano durante la etapa de Hugo Chávez. Con la llegada de Maduro, sin embargo, se convirtió en una figura decisiva del viraje económico del chavismo, tras el desgaste del modelo basado en la expansión del Estado y el control absoluto. Desde agosto de 2024, Rodríguez combinó su rol de vicepresidenta —cargo que ejerce desde 2018— con el de ministra de Petróleo y presidenta del Consejo Superior de Economía.

En el sector petrolero —clave en los intereses de la administración de Donald Trump—, Rodríguez ha gestionado las relaciones con Chevron, la única empresa estadounidense que aún opera en el país. A través de vínculos con Irán, Rusia y China, consiguió que la producción, que había caído hasta mínimos históricos, se estabilizara y repuntara hasta alcanzar el millón de barriles diarios, una cifra que si bien es un tercio de lo que producía el país cuando el chavismo llegó al poder es el doble comparado con los tiempos de la pandemia.

Petroleo Venezuela. AFP

Al mismo tiempo, mediante el uso de intermediarios logró eludir durante largo tiempo las sanciones de Washington y mantener las exportaciones de crudo, colocando ventas en Asia, principalmente en China, para sostener la caja del régimen.

Además, tendió puentes con el empresariado y consolidó una alianza con grupos económicos que ocupan un lugar tan relevante como los actores políticos o militares dentro de la cúpula en el poder. No se trata únicamente de los grupos privados tradicionales: Rodríguez es considerada la figura central de un nuevo entramado de empresarios que han acumulado fortunas inmensas a la sombra del poder y controlan amplias cadenas de valor en el país.

Transición incierta

Mientras la figura de Rodríguez se fortalece como opción de la administración de Donald Trump la de María Corina Machado, la principal líder de la oposición, parece haber quedado relegada. En su rueda de prensa el presidente estadounidense señaló que machado “no tiene el apoyo o el respeto” necesarios para liderar este momento en lo que apunta a la poca conexión con la Fuerza Armada.

La posibilidad de que Washington, como todo indica, apueste por una transición encabezada por Delcy Rodríguez genera preocupación entre analistas. Benigno Alarcón, politólogo, explicó en un análisis para Americas Quarterly que “Delcy Rodríguez ejerce la autoridad de facto en virtud de su cargo dentro de un gobierno no reconocido internacionalmente”.

Delcy Rodríguez con Maduro - AFP.jpg

Agrega que “esta distinción es crucial. Sea cual sea su función administrativa, Rodríguez no puede servir de base para una transición política porque hereda el pecado original del régimen: la ausencia de legitimidad democrática. Una transición que parte de una fuente ilegítima no puede aspirar de manera creíble a la reinstitucionalización democrática”.

Un punto clave es que las actas en poder de la oposición muestran que su candidato, Edmundo González, ganó ampliamente las elecciones presidenciales de julio de 2024. Alarcón indica que “el camino a seguir por Venezuela es estrecho, pero claro. Una transición que no respete el resultado electoral de 2024 no es una transición, es una evasión. Y la evasión siempre ha conducido de vuelta al autoritarismo bajo un nombre diferente”.

Washington Abadala, exembajador de Uruguay en la OEA, señaló a NTN 24 que “estaba esperando un respeto nítido del resultado del 28 de julio de 2024. Me parece que la comunidad internacional tiene que insistir en este tema, porque es el punto de legalidad, de legitimidad, y hay que devolverle a Venezuela el momento de su propia soberanía”.

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