Ataque quirúrgico, apuesta riesgosa: la jugada de Trump contra Irán
Los jóvenes en Irán salieron a protestar contra el autoritarismo de los ayatolas y fueron brutalmente reprimidos. Trump intentó capitalizar esas protestas con un ataque quirúrgico. El peligro de la jugada es encontrar el efecto contrario al buscado: amalgamar a la sociedad detrás del régimen frente a un enemigo externo.
Un hombre camina por un mercado con una bandera de Irán y una estadounidense en la Plaza Persa en Los Ángeles, California.
AFP
28 de febrero 2026 - 16:32hs
El ataque fue simultáneo y en dos frentes bien diferenciados. Por un lado, blancos militares muy específicos, especialmente vinculados a la Guardia Revolucionaria, que es la verdadera guardia pretoriana del régimen iraní. Por otro, objetivos políticos, lo cual marca un cambio respecto de operaciones anteriores, más enfocadas en infraestructura nuclear.
No fue un bombardeo masivo indiscriminado. Todo indica que fue quirúrgico. Y eso no es casual. Cuando uno mira la relación entre cantidad de misiles lanzados y número de bajas, el dato es revelador: menos de una baja por misil. Eso habla de precisión, pero también de un mensaje. Estados Unidos no quiere —al menos por ahora— poner pie en tierra.
Y ahí está uno de los puntos centrales. No hay señales logísticas de una invasión. Se desplegaron barcos, pero no con el volumen de infantería, blindados y logística pesada que requeriría una ocupación. Invadir Irán no es Irak. Es un territorio complejo, rodeado de actores que aprovecharían cualquier desembarco para desestabilizar la región. Washington sabe que un escenario así sería inmanejable.
Desde mi perspectiva, quien arrastró a Estados Unidos a este conflicto fue Benjamin Netanyahu. Netanyahu jugó a fondo: o va solo o arrastra a Washington. Si Israel actuaba unilateralmente, la retaliación iraní era un hecho y, en última instancia, Estados Unidos iba a tener que proteger a su principal aliado en la región. Era una ecuación casi inevitable.
Pero la jugada tiene también aristas internas. Irán atraviesa una crisis económica profunda: sanciones, escasez de recursos, sequía severa que impactó incluso en infraestructura energética. Los jóvenes salieron a protestar contra el autoritarismo del régimen y fueron brutalmente reprimidos.Trump intentó capitalizar esas protestas con un mensaje de apoyo, pero recibió una respuesta incómoda: muchos iraníes no quieren que el cambio venga de una mano extranjera.
Y ahí está el dilema estratégico.
Canciller de Omán con Witkoff y Kushner en Ginebra - 26-2-26 - AP
Los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, en Ginebra durante negociaciones (fallidas) con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Omán.
Atacar a Irán puede tener un efecto contrario al buscado: amalgamar a la sociedad detrás del régimen frente a un enemigo externo. Incluso analistas estadounidenses que apoyaron a Trump han advertido sobre ese riesgo. Por eso el ataque fue contenido. No quisieron una masacre. No quisieron una imagen que unificara al país detrás del liderazgo clerical.
Incluso si se confirma, tal como afirmó Israel, que el ayatolá Ali Jamenei murió en los ataques, ese podría ser un peor escenario para EEUU. ¿Por qué? Lo convertiría en un martir, estando en el final de su vida. Respecto a Reza Pahlavi, el expríncipe heredero del sha exiliado en EEUU y que busca liderar Irán si colapsa el régimen, no tiene apoyo interno. No tiene posibilidades ni la ascendencia necesaria.
El uranio enriquecido
En cuanto al argumento nuclear, se volvió a instalar la idea de que Irán estaría a semanas de lograr uranio enriquecido en grado militar. Ya vimos algo parecido con la llamada “guerra de los 12 días”, cuando se lanzó la bomba antibúnker y se dijo que el programa nuclear había quedado retrasado entre dos y cuatro años. Muchos analistas dudaron de la efectividad real de ese golpe. Hubo reportes de movimientos previos en las instalaciones. Es posible que los objetivos más sensibles no estuvieran allí cuando se bombardearon.
Ataque a Irán - Netanyahu - 28-2-26 - AFP
Mi intuición es que Irán aún no tiene el arma, y que parte del discurso forma parte de la guerra psicológica. También su respuesta ha sido relativamente tibia, al menos en esta primera fase. Eso sugiere que nadie quiere escalar demasiado rápido.
Hay además factores de fondo: el desgaste de arsenales occidentales tras Ucrania, la tensión energética global —con el 20% del petróleo mundial pasando por el estrecho de Ormuz— y el cálculo de que un conflicto mayor podría desestabilizar mercados ya sensibles. Si el cierre de Ormuz se dilata, el petróleo de Venezuela ganará preponderancia.
Entonces, ¿qué busca Trump?
Donald Trump. AP 1
AP
En parte, fue arrastrado por la dinámica israelí. En parte, responde a una lógica de demostración de fuerza sin compromiso total. Y en parte, también hay política doméstica: cuando la agenda interna se complica, los conflictos externos tienden a reordenar prioridades.
Pero el margen de maniobra es estrecho. Si Irán escala fuerte, la presión para responder crecerá. Si no responde, Washington podrá presentar la operación como una victoria estratégica y abrir una puerta a negociaciones desde una posición de fuerza.
La apuesta parece ser esa: golpear, mostrar capacidad, evitar una guerra total y luego ofrecer una salida diplomática.
El problema es que en Medio Oriente las apuestas tácticas suelen derivar en consecuencias estratégicas imprevistas. Y una vez que el fuego empieza, no siempre se controla dónde termina.