30 de septiembre de 2026 9:24 hs

A menos de dos semanas de la primera vuelta del 4 de octubre, la elección brasileña llega en empate técnico. La encuesta de BTG/Nexus muestra a Flávio Bolsonaro con 46% frente a 45% de Luiz Inácio Lula da Silva en un eventual balotaje, y Quaest registra 41% para cada uno.

La oposición de derecha llega fragmentada en varias candidaturas, por lo que es muy probable que la definición pase a la segunda vuelta del 25 de octubre. En ese escenario, la pregunta relevante deja de ser quién tiene más votos propios y pasa a ser quién conquista a los que todavía no decidieron.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el Senador y candidato a la presidencia, Flavio Bolsonaro.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el Senador y candidato a la presidencia, Flavio Bolsonaro.

Ese electorado es, sobre todo, femenino. Según Quaest, Lula aventaja a Bolsonaro por nueve puntos entre las mujeres, mientras que en el total la diferencia es de apenas tres. La brecha pesa más de lo que parece, porque en Brasil las mujeres votan más que los hombres y en 2022 aportaron el 53% de los sufragios.

Las indecisas tienen un perfil muy definido. Son mujeres de entre 25 y 40 años, en su mayoría madres solteras, católicas, de clase media baja y residentes en las periferias de las grandes ciudades del Sudeste. Son las llamadas mães coragem, que encabezan más de la mitad de los hogares brasileños, encadenan varios empleos y, típicamente, deciden su voto en los últimos días.

La economía, la corrupción y la seguridad

Por perfil, este votante está más cerca de Lula que de Bolsonaro. Pero dos factores lo alejaron del gobierno. El primero es la economía. El PBI creció 1,1% en el primer trimestre y apenas 0,5% en el segundo, y se proyecta casi estancamiento para el resto del año. Con la tasa de interés de referencia en 14%, las familias destinan cerca del 30% de sus ingresos al pago de deudas, el nivel más alto desde que hay registros, y casi la mitad de los brasileños siente que su situación empeoró. El paquete de alivio del gobierno amortiguó el golpe, pero no lo evitó.

El segundo factor son los escándalos de corrupción que hoy podrían tener más capacidad de mover el voto que la propia economía. Finalmente, en la región, y Brasil no es la excepción, la seguridad es una de las principales preocupaciones de la población, razón por la cual Lula anuncio en los últimos días un plan de seguridad para Rio de Janeiro.

Del otro lado opera una fuerza contraria. Las nuevas derechas cargan con un rechazo persistente entre las mujeres, del que no escaparon Jair Bolsonaro, Donald Trump ni Javier Milei. Flávio lo sabe. Su primer spot lo mostró junto a su esposa, su madre y sus hijas, como el "Bolsonaro moderado", y su plataforma incluye crédito para emprendedoras y un canal de denuncias de violencia doméstica.

Lo que debemos observar es si el bolsillo, la (in)seguridad y la corrupción pesarán más sobre las mães coragem que el espanto, hasta ahora generalizado, que les despiertan los candidatos de las nuevas derechas.

El impacto en Argentina

Para la Argentina, el impacto llega por dos canales. El primero es económico. Los mercados empezaron a descontar un triunfo de Bolsonaro, asociado a mayor disciplina fiscal, y el real se apreció en las últimas semanas, lo que quita presión al peso en términos de tipo de cambio real. Un gobierno de Flávio podría además recomponer la relación bilateral y alinear la política comercial, con beneficios para la industria, la energía y los exportadores.

A la inversa, un resultado que los inversores lean como negativo podría contagiar a los bonos soberanos argentinos, los activos más expuestos al riesgo regional. Aun así, los analistas coinciden en que el riesgo propio de la política argentina seguirá siendo el factor dominante.

El segundo canal es geopolítico y probablemente más duradero. Así como Lula fue uno de los mimados de Washington durante los años de Barack Obama, por ser el más moderado de los importantes de la “marea rosa”, hoy ese rol lo ocupa la Argentina. De los tres grandes de la región, es el único con el que Trump construyó una alianza estrecha, que ya se tradujo en vínculos económicos y, en alguna medida, militares. El contraste con Brasil es nítido. Washington revocó la visa de la embajadora brasileña, y Lula degradó la relación diplomática con Buenos Aires después de que Milei viajara a Brasil a respaldar a Flávio.

Una victoria de Bolsonaro devolvería a Brasil al lugar de privilegio y relegaría a la Argentina a un segundo orden de prioridad. Un triunfo de Lula preservaría la posición de centralidad de Buenos Aires.

A su vez, esto tiene consecuencias directas sobre 2027. Como viene haciendo en las últimas elecciones de la región, Estados Unidos apoyará a su candidato en la Argentina, y ese candidato será Milei. Con Lula reelecto, la Casa Blanca tendría más incentivos para intervenir y apostar fuerte en las elecciones, con el objetivo de sostener el principal contrapeso regional a Brasil.

Cabe destacar que el desempeño electoral y financiero de la Argentina dependerá principalmente de las expectativas sobre su propia evolución interna. Brasil es un agregado. Pero es uno que puede anticiparnos qué estrategia desplegará Estados Unidos en la región y en la Argentina en particular.

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