El fuerte reproche de Javier Cabrera a Leonel Jaime el último viernes ante Juventud de Las Piedras encendió las alarmas en Peñarol, pero no por novedoso, sino por reiterado, ya que no es la primera vez que el Cangrejo protagoniza algo así dentro de la cancha.
Corría la media hora del empate sin goles en el Estadio Centenario por el Torneo Clausura cuando Ignacio Alegre fue al cruce con Kevin Rolón. El lateral pedrense quedó tendido por una plancha no sancionada por Andrés Matonte y la pelota derivó en Jaime. Con el equipo bien perfilado para atacar -Cabrera abierto y Abel Hernández marcando el pase-, el juvenil argentino prefirió apelar al fair play y tiró el balón afuera para que atendieran al rival.
La reacción del Cangrejo fue inmediata y desmedida: gritos, reproches a viva voz y una recriminación cara a cara que terminó por quebrar anímicamente al joven delantero, quien minutos después rompió en llanto.
El antecedente de Javier Cabrera en otra discusión en la cancha con la camiseta de Peñarol
El episodio dejó en evidencia una conducta que ya tiene antecedentes claros en Peñarol.
En marzo de 2024, durante un partido ante Racing en el Parque Viera por el Torneo Apertura, Javier Cabrera ya había protagonizado un insólito y tenso cruce en pleno partido nada menos que con Leonardo Fernández, la máxima figura y estandarte futbolístico de aquel equipo aurinegro.
El insólito cara a cara entre Leonardo Fernández y Javier Cabrera en pleno partido entre Peñarol y Racing
En aquella ocasión, un desentendimiento en el retroceso y una jugada no culminada generaron un intercambio de reclamos airados entre ambos mientras el juego continuaba, obligando a sus compañeros a intervenir para calmar los ánimos.
Llama la atención que las dos exposiciones públicas más vehementes de Cabrera en el campo hayan tenido como destinatarios a los futbolistas más determinantes y talentosos del plantel: primero a Leonardo Fernández, conductor del equipo, y ahora a Leonel Jaime, el arma más desequilibrante del actual ataque carbonero.
Si bien la exigencia y las pulsaciones altas son naturales en un grande obligado a ganar, la reiteración de estas recriminaciones a la vista de todos expone tensiones internas innecesarias y marca un patrón complejo en el extremo carbonero.