Hablemos del precio del vino en los restaurantes

¿Por qué no se sientan a conversar los involucrados y todos salimos ganando?

Seguramente alguna vez se sorprendió al ver el precio de los vinos en la carta de algún restaurante. En Uruguay, ordenar una botella para la cena o el almuerzo en un establecimiento gastronómico puede engrosar la cuenta más de lo deseado. Y por ese motivo, sumado a la imposibilidad de manejar vehículos si se ingiere alcohol, muchos uruguayos prefieren adquirir el vino y degustarlo en casa.

Hace algunos días, en las redes sociales, circuló una factura de un distinguido restaurante en Maldonado; la botella de un vino tino uruguayo salía más de $ 2.000. El mismo vino, en tiendas y supermercados, tiene un precio inferior a $ 400. El ejemplo es absurdo porque no refleja la realidad, más allá de lo legítimo del lugar de cobrar lo que quiera cobrar. Pero lo cierto es que en general los restaurantes, parrilladas, bares y lugares de comida cobran el vino mucho más caro que su precio de tienda.

Usted podrá decirme, con razón, que se debe adicionar un costo de servicio. Es cierto. Pero de ahí a duplicar o triplicar el costo de la botella en relación a las tiendas de vino, hay una gran diferencia. Esa dinámica plantea entonces que vinos de $ 200 en tiendas o supermercados cuesten $ 400 o más en restaurantes por el hecho de ser servido junto con la comida, lo que debe ser cobrado, por supuesto.

De esos $ 200 del vino hipotético, aproximadamente, 40% se lo lleva el que vende el vino (tienda, supermercado o similar). Los restantes $ 160 se reparten entre el productor de la uva y el vino, el costo "seco" (botella, corcho, etiqueta, caja, etc), la logística y los impuestos.

Se asume que los restaurantes reciben el costo del vino igual que los demás vendedores, es decir, a $ 160. Entonces, si lo colocan en su carta a $ 400 no solo se cobrarán la ganancia de la tienda, sino $ 200 más por descorcharlo y servirlo en su establecimiento. Cada uno puede ponerle precio a su trabajo y su servicio, pero francamente para el caso de los vinos uruguayos en restaurantes, el precio parece mucho y desestimula el consumo.

La pregunta es entonces: ¿por qué no se sientan todos los involucrados en una mesa a conversar el tema y logran que los consumidores podamos acceder a vinos uruguayos a un precio más accesible cuando salimos a almorzar o cenar?

¿Es tan difícil dialogar y juntar las posiciones de bodegueros, distribuidores, dueños de restaurantes y organismos de promoción interna?

¿No será que bajando el precio del vino uruguayo en los restaurantes todos salimos ganando?

Admito que parte de mi reclamo puede estar invadido de ingenuidad. Es cierto, de todas formas, que un intento por atender esa situación sería agradecido, más allá de que toque intereses de distribuidoras o empresas potentes que marcan el ritmo del mercado.

Un tema aparte es la oferta que se nos presenta a los consumidores en los restaurantes. También, el servicio y la atención sobre el descorche, donde existen valiosas excepciones pero en general deja mucho que desear. Entiendo que la generalización es injusta, pero estoy convencido de que la mayoría acompaña estos conceptos.

En fin, se trata de promover el consumo responsable de la bebida nacional, que involucra a miles de trabajadores, se elabora a partir de un producto de la tierra tan noble como la uva y, además, es un alimento.


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