Rutas del Oro-02

El oro bajo el suelo uruguayo: la historia de un negocio al compás del precio internacional

Aunque el país lleva años con recaudación fiscal nula y extracción paralizada, el récord en la cotización global reactivó el interés privado: ocho empresas mantienen permisos vigentes para explorar el subsuelo

19 de septiembre 2026 - 5:00hs

Hay un cartel de letras blancas y fondo verde, gastado, al lado de un camino. Lee: Bienvenidos a Minas de Corrales, “capital del oro”. Todas las imágenes que hay de ese cartel lo muestran entre una calle de asfalto y otra de pedregullo. Pasto crecido y árboles, siempre.

Ese cartel se encuentra a 96 kilómetros de la ciudad de Rivera y a 60 kilómetros de la ciudad de Tacuarembó, en la ciudad de Minas de Corrales, que hoy tiene un fantasma, un rastro, y una oportunidad turística.

Allí, es posible recorrer minas de extracción de oro, vehículos especiales usados en minería, un sistema de aerocarriles y la represa hidroeléctrica de Cuñapirú, un Museo del Oro. Las ruinas del primer (y único) pueblo minero del Uruguay.

Unas ruinas que no eran ruinas del todo porque, hasta 2018, funcionaba allí la Mina de San Gregorio.

La historia del oro local

La historia de la extracción del oro en Uruguay comenzó en 1820 cuando el hacendado portugués José Suáres halló pepitas en su estancia en Cerro Blanco, según redacta el profesor Eduardo Palermo en la revista Estudios Históricos. Hacia 1830, Suáres trasladó mano de obra esclavizada y cateadores desde Minas Gerais.

En la zona, el único oro familiar eran las libras esterlinas; por eso, escribe Palermo, cuando su estancia fue asaltada en 1843, los ladrones robaron ropa y aperos pero dejaron olvidada una botella repleta de pepitas doradas.

A partir de 1850 inició una fase de cateo artesanal. La historiadora local Selva Chirico le dijo a la agencia EFE que esta etapa estuvo dominada por garimpeiros que extraían el mineral bateando en los arroyos.

En julio de 1852, el empresario Federico Nin Reyes registró formalmente las minas de la zona, hecho que el periódico La Constitución destacó al reportar pepitas de muy buena calidad en Tacuarembó. Tras el descubrimiento del filón principal de San Pablo en 1858, el arribo en 1866 del ingeniero asturiano Clemente Barrial Posada marcó el inicio de la minería industrial: fundó una compañía y levantó en Cuñapirú la primera represa hidráulica del país.

Tras exhibirse muestras en París y luego de maniobras fraudulentas que despojaron a Barrial Posada, se creó en 1878 la Compagnie Française des Mines d’Or de l’Uruguay. La firma transformó la región con tecnología de punta: amplió la usina-represa de Cuñapirú, montó un hospital e inauguró una línea férrea con locomotoras a aire comprimido conocidas como la Clotilde.

El dinamismo atrajo a obreros de múltiples orígenes y la prensa de la época bautizó al enclave como la “Babel del norte uruguayo”. En 1879, Santa Ernestina fue escenario de la primera huelga obrera del país, protagonizada por mineros italianos. Hacia 1901, la británica Gold Field Uruguay Limited instaló un aerocarril de 11,7 kilómetros con 104 torres de hierro para unir la mina San Gregorio con Cuñapirú, un ciclo europeo que cerró en 1914 con la Primera Guerra Mundial. Entre 1935 y 1945, el Estado explotó los yacimientos a través de UTE para generar energía eléctrica, hasta que las inundaciones de 1959 rompieron la represa.

Pero, aunque la historia del oro uruguayo está muy atada a los franceses, hay un indiscutido ícono de la minería nacional. En 1936 dos mineros le enseñaron los secretos para encontrar oro en las cercanías de Minas de Corrales a Tito Pereira, un adolescente de 14 años que aprendió a identificar oro en rocas y arroyos y, con el tiempo, a distinguirlo a simple vista.

De hecho, según dijo al diario El País en 2007, cada compañía minera que se asentó en la zona le pidió asesoramiento. "Yo les mostraba dónde podían encontrar en la superficie. Lo que hay abajo, ya no sé", dijo Pereira en ese entonces.

Si en el siglo XIX fueron capitales franceses y británicos los que llevaron a cabo la extracción de oro, en el siglo XX fueron compañías americanas y canadienses las que reanudaron la producción en 1996, según ese mismo artículo.

La gran minería resurgió a finales del siglo XX con capitales internacionales. En 2003, el grupo Uruguay Mineral Exploration (UME), siendo dueña de la única compañía que se dedicaba a la explotación de oro, la Minera San Gregorio, detectó que las reservas de oro en la zona no eran suficientes. Por esa razón, se iniciaron trabajos de búsqueda con la inversión de grandes capitales, encontrando un yacimiento nuevo.

En 2004, el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente autorizó al grupo minero titular de San Gregorio a operar el yacimiento a cielo abierto El Arenal.

Por el 2007, el presidente de la empresa, David Fowler, declaraba al diario El País que pasaban 1,2 millones de toneladas de mineral por la planta cada año y que, de eso, se extraían 100 mil onzas de oro. En 2006, la producción supuso exportaciones por el valor de 56 millones de dólares.

El rubro ganó relevancia pública —reflejada en la inauguración de la Expo Oro 2008 con la presencia del vicepresidente en ejercicio José Mujica—, aunque hacia 2012 debió reestructurarse ante la caída de las cotizaciones internacionales, los cambios de canon en el Código de Minería (el Estado pasó a cobrar el 5% de canon sobre las ventas) y los reparos técnicos de la Asociación de Geología del Uruguay sobre el marco regulatorio de la megaminería.

Un pueblo huérfano

"La actividad de oro en Uruguay existe desde 1800, con diferentes vaivenes. El auge lo tuvo en Minas de Corrales con Orosur, que fue la empresa líder en volumen y en tamaño de la mina que estaban explotando hasta el 2017-2018”, explica Walter Verri, actual diputado y ex subsecretario del Ministerio de Industria, Energía y Minería, y continúa: “a partir de allí, Orosur entró en el proceso de cierre de la mina”.

En 2018 la única empresa dedicada a la explotación de oro en la zona, Orosur Mining, cesó sus actividades y envió a sus trabajadores a seguro de paro. Según le dijo la empresa a InfoNegocios años más tarde, fue un proceso que duró cuatro años y que pagó 7 millones de dólares en despidos a 320 empleados.

Hasta ese momento, indicó, se habían producido más de 1,4 millones de onzas de oro.

“Minas de Corrales es la urbanización actual más importante de la cuenca minera , con una población que se ha caracterizado por la migración constante, acompañando los ciclos de prosperidad y depresión de las explotaciones auríferas, con un éxodo casi inmediato cuando estas terminan”, explicó Palermo en su artículo.

Por eso, para 2019 había menos movimiento en el pueblo y eso empezó a repercutir en la actividad diaria de la zona.

"La mayoría es gente de acá. Ya se está sintiendo en la parte comercial, almacenes que han mermado muchísimo sus ventas, otros que están al borde del cierre. Se ha reducido el movimiento que generaba en la economía la empresa minera. Había sueldos razonables, de $ 30 mil líquidos que para el norte es buena plata y que se han resentido", dijo a El Observador el asesor de la alcaldía de Minas de Corrales, Hugo Pereira, en aquel entonces.

Según Marcelo Pugliesi, ex Director Nacional de Mineria y Geologia (DINAMIGE), es típico de la minería. “Debe ser una de las industrias que genera más movimiento económico interno, no solo por la cantidad de empleados y mano de obra, sino por todo lo que gira alrededor… y Minas de Corrales funcionaba alrededor de la mina de oro”, comenta.

Según su análisis, Verri distingue que hubo tres razones para el cierre. Una, la caída del precio internacional del oro. La segunda, el agotamiento de los yacimientos importantes que justificaban el movimiento de la mina. La tercera, el aumento de los costos de la energía.

El cese de las actividades de Minera San Gregorio, subsidiaria de Orosur, reconfiguró el escenario para la administración pública del sector. "Cuando nosotros llegamos al Ministerio, lo que había era un interés muy bajo por el oro. Había algunos interesados en comprar los bienes de Orosur, los permisos mineros se fueron cayendo y fueron pasando a otras manos”, dice Verri.

A lo que agrega: “nosotros agarramos una etapa de la minería de oro paralizada prácticamente, no hicimos experiencia en oro porque en 2018 empezó el proceso de cierre y recién ahora se está empezando a hacer rentable”.

Es que “la época en que se explotó con mayor volumen fue en el periodo aquel, entre 2012 y 2018, con Orosur, hasta que cerró”, comenta Pugliesi.

En aquel entonces, se informó que un grupo de empresarios compró parte de la estructura que la minera canadiense había dejado atrás, formando una empresa nueva bajo el nombre Italma S.A.S.

Esa misma empresa, en diciembre de 2024, solicitó un permiso de prospección minera para la búsqueda de yacimientos de varios minerales en Rivera. La misma poseía, al menos hasta 2025, 5 mil hectáreas de concesiones de un cinturón de rocas de 100 kilómetros por explorar.

El interés floreciente y el desinterés uruguayo

“Es como el petróleo, descubrir un yacimiento bueno de oro y explotarlo solucionaría unos cuantos problemas en el Uruguay”, dice Pugliesi y agrega: “pero a Uruguay no le interesa la minería y le interesa muy poco la geología” porque hay “un problema cultural, de falta de preparación y de que la vez que se hizo alguna cosa se hizo mal, como Aratirí, que fue un fracaso”.

Hoy, la minería de oro en Uruguay atraviesa un período de inactividad extractiva y recaudación fiscal nula.

Según un pedido de acceso a la información pública realizado al MIEM, este ministerio no registró en los 5 últimos años fiscales actividad para oro con respecto al volumen de producción y canon.

Es que la viabilidad técnica y económica de estos proyectos está condicionada de forma directa por la concentración del metal en el subsuelo y las cotizaciones en el mercado internacional.

Actualmente, “la industria del oro es una industria pequeñísima para lo que es el PBI de Uruguay”, resume Verri.

“La cantidad de oro que tienen nuestras rocas es pequeña y las coyunturas de que sea rentable dependen del precio internacional, básicamente. Y para que la actividad del oro sea posible tiene que haber más de 1 gramo por tonelada de roca. Entonces, tenés que mover millones de toneladas de roca para sacar, de repente, poco volumen de oro del subsuelo uruguayo”, agrega.

A pesar de la falta de producción efectiva, los registros oficiales confirman la existencia de actores privados con derechos sobre el territorio. Según ese pedido de acceso a la información pública realizado al MIEM, en Uruguay, actualmente hay 8 empresas que poseen títulos vigentes para la búsqueda y explotación de oro: Brimol SA, Dalvan SA, Dialeca SA, Domo Minerals SAS (ex Italma SAS), Glendora SA, Minera San Gregorio (registró hasta el año 2018 cuando concluyó sus operaciones), Sun Valley Resources SAS y Vidal Norando Hernán Rodrigo.

“Empezó a moverse un poco el ambiente minero relativo al oro porque, indudablemente, el oro empezó a subir cada vez más de precio”, explicó Pugliesi.

El proyecto presentado por la firma Italma SAS, actualmente Domo Minerals SAS, busca reactivar la explotación de oro en las inmediaciones de Minas de Corrales, Rivera, según el propio ministerio. Para ello se encuentran realizando tareas de prospección y exploración en 8 permisos de Rivera, se encuentran tramitando además 9 permisos, en todos los casos de prospección y exploración.

En contraposición, proyectos de otras empresas mencionadas anteriormente no buscan reactivar explotaciones, dado que se encuentran buscando minerales en áreas no explotadas.

De hecho, en febrero de este año, Infobae América publicó que debido a la suba del precio del oro en las últimas semanas, en un contexto de tensiones geopolíticas y amenazas de ataques militares, “en países como Uruguay, esta tendencia ha derivado en que resurja el interés por la explotación minera, luego de años en los que la actividad ha estado detenida”.

En ese sentido, DINAMIGE declaró al semanario Búsqueda haber percibido el interés de la industria del oro, porque a comienzos del 2026 y finales del 2025 recibió proyectos que renovaban el atractivo. A esa altura del año, la onza de oro había superado los 5.300 dólares.

La presencia de formaciones geológicas con mineralizaciones auríferas no se limita a Minas de Corrales, sino que abarca diversos puntos del país vinculados a estructuras de cuarzo. Sobre la distribución territorial de estos recursos, Verri indicó: "Uruguay tiene básicamente 6 yacimientos de oro, uno es Minas de Corrales, el otro en Pirarajá -Lavalleja, donde investiga Sun Valley- y después hay cuatro más. Están todos asociados al cuarzo del subsuelo, similar a lo que hay en el sur de Brasil".

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