Agro > ASESOR DE TALVI EN AGRO

“El Frente Amplio no está tan cerca del campo como lo están el Partido Nacional y el Partido Colorado”

El vocero del equipo de agro de Ernesto Talvi, Carlos María Uriarte, dijo que Uruguay debe apostar a un modelo "agroexportador" y que en los últimos años ha habido un desconocimiento de la esencia del sector agropecuario  

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26 de septiembre de 2019 a las 17:05

Carlos María Uriarte proviene de una familia relacionada al campo “desde la época de la colonia”. Los Uriarte, cuenta este productor ganadero de 59 años que trabaja desde el "vamos" como arrendatario, fueron de las primeras familias en establecerse en la zona este del país, principalmente en Rocha.

Aunque se educó en Montevideo, su vida y su forma de vida siempre estuvo vinculada al campo y también a la militancia gremial, particularmente en la Federación Rural, gremial que presidió y en la que ahora oficia como vicepresidente. “Siempre me he sentido en la necesidad de colaborar con lo gremial, desde chico, cuando mi padre me llevaba con él”, relata.

En 1990 Uriarte se fue a Nueva Zelanda. Vivió en ese país en siete oportunidades distintas, con algunos períodos de seis meses alternados entre Uruguay y el país ubicado en Oceanía, donde realizó un máster en ciencias agrícolas. Por eso, para Uriarte el camino que debe seguir Uruguay es el de Nueva Zelanda que, según considera, es uno de los países más prósperos del mundo a partir de un modelo “agroexportador” y una economía agropecuaria similar a la uruguaya.

Aunque es blanco de toda la vida, Uriarte decidió hace unos años trabajar y asesorar al candidato colorado, Ernesto Talvi, por el respeto intelectual que le genera y por la postura del político de priorizar al agro como motor de desarrollo del país. En la tercera entrega del ciclo de  entrevistas a referentes en agro de los principales partidos, es el turno de Carlos María Uriarte.

¿Siempre estuvo vinculado al Partido Colorado?
Yo vengo de cuna blanca, mi abuelo peleó con Aparicio (Saravia) y mi padre era wilsonista a muerte. De hecho, estuve vinculado con Luis Lacalle Pou durante la campaña pasada. También llegué a votar a Jorge Batlle en el balotage de 1999. Lo importante es estar juntos. Se podía hacer si se tenía la suerte de ganar las elecciones o más adelante –se refiere a ambos partidos–, entonces por qué no hacerlo desde el vamos. Cuando surgió la posibilidad de acercarme a Ciudadanos lo dejé claro desde el principio y Ernesto me respondió: “Yo no te pregunto a quién vas a votar, te pregunto si quieres servir a la patria”.

¿Por qué se da ese acercamiento a Talvi particularmente?
El motivo que nos acercó a Ernesto fue que siempre fue una persona que seguimos como economista y técnico. Sus opiniones eran de muchísimo valor y hace tres o cuatro años nos llegó a través de un amigo que estaba buscando alguien que lo asesorara en agro y puntualmente sobre Nueva Zelanda. Él estaba convencido, a partir de lo que había estudiado sobre ese país, que era el ejemplo a seguir y que la salida para Uruguay es a través del agro. Tradicionalmente los políticos tienen cierto cuidado a la hora de discutir los votos, particularmente de comprometerse mucho con el agro porque no es redituable en cuanto a la cantidad de votos. Lo que destacamos de Ernesto es que no le tembló la mano al priorizar la potencialidad que tiene el agro para el país. Esto viniendo de una persona con formación citadina. Para mí no es un tema de colores, es de valores. Y para mí blancos y colorados estamos luchando casi que por los mismos valores.

¿Es tan diferente la visión que hay desde el Frente Amplio?
Yo me críe con la educación casi de que (José) Batlle y Ordoñez era lo malo y que Saravia era lo bueno. Hoy por hoy con la formación que he adquirido como ciudadano uruguayo reconozco que ambos fueron muy buenos uruguayos. Ambos, desgraciadamente, se enfrentaron en lugar de ser capaces de sentarse en un mesa y sin derramar sangre uruguaya poder haber edificado un país más fuerte. Hubo un sentimiento de desamparo por parte de la gente del campo y de pensar en una ciudad, que es parte de nuestra historia, de tener una capital muy grande, una cabeza grande y un cuerpo flaco. Eso ha permeado en la realidad de hoy. Los uruguayos vivimos del campo, pero la gran mayoría no tiene consciencia de lo que se depende del campo.

¿El gobierno actual estuvo lejos del campo?
En los últimos tiempos lo que ha pasado es que se han usado características que no existen más, que pueden haber existido en el pasado, pero que hasta el día de hoy autoridades del gobierno las utilizan para rédito político porque resulta rentable desde el punto de vista político para pegarle al agro. Hoy el Frente Amplio realmente no está tan cerca del campo como lo están el Partido Nacional y el Partido Colorado. Es evidente. En la representatividad de las diferentes instituciones es difícil encontrar en el sector gente vinculada a la producción en el Frente Amplio. Eso ha provocado que haya una distancia apreciable entre el sector productor y la parte política. El desconocimiento que hubo en estos últimos gobiernos en el Parlamento de la esencia del sector agropecuario ha sido preocupante.

¿En las comisiones parlamentarias? 
Yo tengo más de una experiencia como representante de los productores de  haber ido a las distintas comisiones a discutir diferentes aspectos y salía con el alma vacía. Uruguay es un país urbano, un país que piensa en todo lo que es la vivencia urbana. Por eso los aspectos relacionados a la conciencia agropecuaria los consideramos esenciales, con el fin de revertir esa no conciencia. No es un eslogan, sí al agro le va bien, a todos nos va a ir bien. 

"El productor no vive de la tierra, sino de lo que hace arriba. Y no siempre se persigue solo un fin económico. Aunque  se dice que todo es por plata, yo creo que en el campo no todo es tan así. Hay una esencia de ser orgulloso y gustarte lo que se hace, es una forma de vida. El hecho de vivir instalado en el medio rural te da una forma relacionarte con la naturaleza que no son iguales a los de la ciudad. Además se mantienen más sencillos los valores de la familia, la amistad, el honor y el respeto al trabajo. Hay una cultura, la palabra vale más en el campo que en la ciudad todavía” 

¿Cómo define esa esencia?
 Hay muchos aspectos. Primero es entender que el productor no vive de la tierra, sino de lo que hace arriba. Y no siempre se persigue solo un fin económico. Aunque se dice que todo es por plata, yo creo que en el campo no todo es tan así. Hay una esencia de sentirse orgulloso y de gustarte lo que haces, que es una forma de vida. El hecho de vivir instalado en el medio rural te da una forma de relacionarte con la naturaleza que no es igual a la de la ciudad. Además se mantienen más sencillos los valores de la familia, la amistad, el honor y el respeto al trabajo. Hay una cultura, la palabra vale más en el campo que en la ciudad todavía. 

¿Cuáles son las prioridades de Ciudadanos? 
Hay que estimular al sector sacando el peso y las trabas que hoy tiene para que pueda manifestar su potencial en el corto plazo. Hay cosas urgentes porque hay aspectos relacionados al sector productivo y del trabajo que no admiten dilatoria. No podemos permitir que siga habiendo el drenaje que ha habido de productores y de trabajadores en el sector rural, ni la inseguridad que existe, que también es consecuencia de la mala educación que se ha tenido. No solo a nivel de las escuelas, sino también de los ámbitos familiares. El concepto de familia y de persona donde se contiene a los niños en esa formación se ha perdido. Hace ya demasiado tiempo que en Uruguay nacen jóvenes en contextos en los que no tienen esa contención de vida. Mientras no controlemos eso, va a ser una fuente de uruguayos que no van a terminar sus estudios y van a estar tentados a una vida que nos complica a nivel de seguridad. 

¿Qué se puede hacer para que la gente deje de abandonar el medio rural?
Hay que darle esperanza a la gente para que pueda decir: “Me aguanto un poco más y sigo trabajando”. Hay momentos como el de la ganadería en el presente que hay que aprovecharlos. El último contexto similar que hubo fue entre 2005 y 2014, cuando los precios de casi todos los commodities explotaron. Hoy eso está pasando en la ganadería exclusivamente, con un contexto que es quizás hasta mejor. Es como un cambio estructural que aparentemente va a durar más de lo que cualquiera esperaría. Estamos a valores históricamente altos, con la salvedad que el manejo de la política económica del país ha hecho que esos buenos momentos no los aprovechara el sector productivo.

La ganadería está en un gran momento, pero puede haber problemas de stock. 
Si lo expresas en términos de dólares constantes –se le saca la inflación en dólares– los resultados económicos de las empresas ganaderas en 2018 –con precios inferiores a estos– fueron los peores de los últimos diez años, debido al manejo del valor del dólar que estuvo planchado. Ahora es cierto que se ha recuperado, aunque quizás debiera recuperarse algo más, pero los valores de la hacienda hoy están por encima que en el pasado. El gran desafío como ganaderos es aprovechar el momento y corregir el procreo histórico que anda en torno del 60%, pero no lo logramos mover. 

¿Sería valioso promover la importación en pie? 
En estos momentos tenemos una muy buena parición, con la que deberíamos tapar el agujero que nos quedo este año y probablemente el año que viene en las categoría de las faenas acelerando los procesos. De todas formas, una de las medidas que debería implementarse es la importación de ganado en pie de los países que podamos, más particularmente de Brasil, siempre y cuando se salvaguarden los protocolos firmados (China) y el estatus sanitario que tenemos. Esto busca acompañar el grado de desarrollo que la ganadería ha tenido, que incluso ha llevado a la exportación de ganado en pie, que en nuestra concepción es una actividad que le ha hecho mucho bien al país y le puede hacer incluso mejor.

¿Es buena a su entender la exportación en pie?
Sí, pero creemos que llegó el momento de hacer una política de vaivén. Brasil (en particular Río Grande del Sur) va a dejar de vacunar contra la aftosa, por lo que su estatus sanitario será mejor que el de nosotros. Es necesario para asegurarle a la industria los suficientes insumos para mantener su actividad.

"El desconocimiento que hubo en estos últimos gobiernos en el parlamento de la esencia del sector agropecuario ha sido preocupante”

¿Es Uruguay un país ganadero a pesar de la diversificación que hubo los últimos 20 años?
Es el país que más vacas tiene por habitante en el mundo. En esencia nos podemos definir como un país ganadero. Lo primero que hay que pensar es qué país queremos, hacia donde apuntamos. Si no, no tiene sentido decir “vamos a apostar al agro”, pero a la vez seguimos pensando en servicios, en consumo. Uruguay debe ser un país agroexportador y turístico. Es lo que pasó en Nueva Zelanda, que nadie pone en tela de juicio que es un  país agroexportador. Y turístico también. Cuando tenemos eso claro, las políticas económicas, monetarias y de comercio exterior están enfocadas en ese sentido, no dejando que otras prioridades se interpongan. A la hora de firmar un tratado, un acceso o tarifas (aranceles) saber que el acceso a mercados es prioritario para un país agroexportador.

En los últimos meses se lograron dos avances importantes, como el acuerdo UE-Mercosur y la apertura de Japón. 
Una cosa es apertura de mercados y en ese sentido creo que tenemos todos los posibles abiertos. En relación al acceso de los mercados es que la cuestión cambia. Ahí entran a jugar los protocolos y las tarifas, que es en donde hay muchísimo por trabajar. Estamos dejando demasiado dinero en las fronteras para poder vender nuestros productos. Solo en la carne casi US$ 200 millones. La realidad hoy del acceso a China para nuestras carnes es que pagan un arancel del 18%, cuando Australia y Nueva Zelanda pagan 0%. O nuestra leche que paga 10% cuando los otros dos países pagan también 0%. Ahí se ve el rezago que tenemos en ese sentido. Obviamente también hay que aspirar a los mercados que pagan mejor, como Japón.  

¿Qué otros sectores hay que potenciar? 
Vemos que hay dos rubros que son importantes en Uruguay, que son el sector lechero y el ovino. Sobre todo porque tienen la virtud de arraigar a la familia en el medio rural, y eso entendemos es vital. A su vez, ambos rubros están pasando por un mal momento, por diferentes razones, de gran desmotivación y abandono principalmente por parte de los productores chicos. Esa es otra de las realidades que ha tenido este gobierno con el cual discrepamos. Ha permitido lo contrario a lo que pregona históricamente, porque la acumulación de poder y capital ha barrido con los pequeños y medianos productores. Y se ha hecho en forma sistemática. Hoy tenemos más tierra en manos de menos empresas en todos los rubros prácticamente. A nosotros nos preocupa mucho y pensamos trabajar fuerte desde el vamos para revertirlo.

¿Hubo falta de políticas dirigidas a mantener a los productores arraigados en el campo? 
Son varias cosas y todos los sectores son distintos. Pero evidentemente la falta de rentabilidad hace que la escala económica aumente. Cuanta más rentabilidad por hectárea se logra, la unidad baja. Entre 2005 y 2014, que los precios aumentaron a valores históricamente altos, lo que se dio fue una gran transferencia del sector productivo y que produce en dólares al resto de la sociedad, principalmente al Estado. 

¿Hubo una priorización a la hora de recaudar y se descuidó al sector productivo? 
Cuando hay dinero porque tenés un sector que lo produce de forma genuina, lo podés distribuir. Ahora cuando no lo tenés o lo pedís prestado, que es lo que se está haciendo en el último tiempo, va a llegar un momento en que no vas a tener que distribuir. Es fundamental que esté alineado el Ministerio de Economía con el de Ganadería, que es algo que tampoco ha pasado en el último tiempo. Economía tiene que tener claro que si le pone costos que no son genuinos a insumos como el combustible y la energía, eso incide en la competitividad de los que los usan.

¿Qué se propone? 
Uno de las herramientas que estamos pensando para terminar con ese drenaje es el Instituto de Colonización, que ha sido mal usado desde el punto de vista ideológico. Aunque no ha sido patrimonio solo del Frente Amplio, anteriormente también se usó mal políticamente. Hoy tiene 600 mil hectáreas que es capital de todos los uruguayos. Es muchísimo dinero y abarca a 5.000 y pocos colonos. Nosotros proponemos hacer una auditoría y rever su fin y su uso para cumplir con su objetivo que es facilitar el acceso a los que no pueden hacerlo. Se han adjudicado tierras con poca escala económica que prácticamente condenan al minifundio a muchos de los colonos. Hay demasiados suelos del instituto que están muy deteriorados y solo permiten un uso forestal por ejemplo. 

¿Qué se piensa a nivel medio ambiental?
Una frase que describe el agro que queremos es: “Queremos un agro económicamente rentable, socialmente responsable y ambientalmente sostenible”. Tenemos que ser conscientes en cómo estamos afectando a nuestras aguas. Recién nos estamos dando cuenta de lo mal que la hemos tratado en los últimos 50 años. El uruguayo se dio cuenta de lo mal que estaban las aguas del río Santa Lucía recién el día que abrió la canilla en Montevideo y salió un olor espantoso. Ahí nos dimos cuenta que todos los frigoríficos, todas las industrias y todos los pueblos estaban volcando las aguas como vienen al río Santa Lucía. Aparecieron las cianobacterias en las playas y ahí nos dimos cuenta de la importancia de lo que estaba ocurriendo. Aunque no se puede negar la responsabilidad que tiene el agro a través de la erosión laminar, de las deposiciones de los animales, de la erosión tanto en agricultura como de campo natural que contribuye al nivel de fósforo, también hay un contribuyente que somos nosotros mismos a través de las aguas servidas de los pueblos que se vierten sin ningún tratamiento más que un filtrado. Cualquier pueblo mediano de Uruguay aporta más fósforo que UPM 1 y de esas cosas no se hablan.

La coincidencia con Talvi 
Ernesto Talvi estudió en la década de 1990 –cuando Carlos María Uriarte vivía en Nueva Zelanda–, como especialista en políticas públicas, los fenómenos que estaban sucediendo ante un cambio de gobierno en ese país. Según Uriarte, después de un período largo de “políticas de precio sostén”, la situación se había vuelto complicada para ese país. El ministro de Economía, Roger Douglas, impulsó reformas muy fuertes que hicieron que en los últimos 10 años “Nueva Zelanda sea el país más próspero del mundo”, aseguró Uriarte.
 
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