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El taxi

Antes de los taxis, los autos de alquiler tuvieron su reinado en todas partes y, como es lógico, en Uruguay

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03 de mayo de 2019 a las 05:01

Ha pasado el tiempo y los ”autos de alquiler” fueron reemplazados por taxímetros, los taxis. Viajar en auto daba un ”scialo”, un aire especial a sus pasajeros. En la literatura, hay una obra de Bernard Shaw, que es “Pigmalion”. En la misma, una sencilla vendedora de flores va a visitar al  profesor Higgins. La pasajera es Eliza. Viaja en taxi y se lo hace notar al ama de llaves que la recibe. Londres fue la ciudad que marcó unas normas de urbanidad, de comportamiento para viajar en auto y en taxi.

Antes de los taxis, los autos de alquiler tuvieron su reinado en todas partes y, como es lógico, en Uruguay. No descenderé a más detalles, porque pobre o rico, alguna vez usó el auto de alquiler en el interior y en nuestra ciudad capital.

Antes de pasar a los taxis y para animar esta nota, recuerdo el chiste que nos contó un profesor en Facultad. Nos estaba hablando de las servidumbres urbanas y, como observó nuestro aburrimiento, acudió a un chiste. Se trataba del viaje en taxi de un caballero. Iniciaron la marcha y con elegancia, el pasajero le tocó el hombro del conductor para indicarle que debía doblar en una calle determinada. El taxista detuvo el auto bruscamente. Reponiéndose, se disculpó. “Perdone, señor, pero cuando me tocó el hombro reaccioné mal... Pero debo decirle la verdad: soy nuevo en el taxi porque hasta la semana pasada conducía a finados al Buceo. No se me van de la cabeza y, por eso, cuando sentí unos golpecitos me salió del alma un ¡“resucitó la finadita”. “Perdone por el frenazo y por el susto, pero usted me comprenderá”

La palabra taxi es un apócopo de taxímetro, el aparato que se pone en movimiento cuando los pasajeros ascienden al vehículo y muestran al final del viaje, el importe adeudado. Dije en una nota anterior, que los franceses consideran al automóvil como una prolongación de sus hogares o sitios de trabajo. Es muy acertado ese concepto y colabora para que el taxi sea lo que realmente es: un transporte cómodo para las personas y sus pertenencias. Es evidente que entre las “pertenencias” están las valijas y otros elementos razonablemente considerados. El conductor del taxi tiene derecho a admitir a un pasajero y también a negarse a llevarlo. Así son los contratos civiles aunque a veces no se alcance a comprender cuando se niega a llevar a una familia con cinco niños, dos jaulas con pájaros y un hermoso perro policía de 40 kilos de peso. Volvamos a la sensatez. 

En nuestra capital los taxis tienen fama de ser veloces cuando lo permite el tránsito Por eso, un señor mayor recién llegado a la terminal de ómnibus, ascendió con su equipaje a un automóvil. Después del saludo amable, el conductor le preguntó el destino del viaje. “Voy a Avenida Italia...”  “Pero, a qué altura va mi amigo?” “Sí, enseguida se la daré cuando mire la agenda. Pero por favor, vaya bajito porque me han dicho que en Montevideo los taxis van que vuelan”.

No soy defensor de los conductores de taxis porque no lo necesitan. Reconozco, sin embargo, que el primer caso que tuve como abogado fue el de un taxista. Fue su mujer al estudio con dos niños. Pidieron que los ayudaran, que me pagarían, que el suegro era ”adinerado”. Cosas que se dicen al pasar. Para alegría de todos conseguí que lo pusieran en libertad. Quedó como una anécdota y no olvido la alegría de aquel hombre cuando se vio en la calle. Era un padre de familia honesto, trabajador. Lo habían “guardado” a la espera de antecedentes que no tenía..

Pero los taxistas manifiestan sus quejas y hay que escucharlas. A ellos les resulta mal cuando un pasajero utiliza el celular y habla a los gritos.  También cuando ascienden usuarios  sin responder a su bienvenida. ¿El auto no es acaso “una casa” con dueño? Pero se suben y bajan las ventanillas sin pedir permiso. También les duele que  los pasajeros no cuiden las alfombritas o cuando comen descuidadamente y dejan las migas sobre ellas.  No me lo han dicho, pero si hasta a mí me duelen los portazos cuando los pasajeros descienden y cierran las puertas descuidadamente.  

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