Temas > COLUMNA NATALIA TRENCHI

¿Los niños pueden deprimirse?

Les puede pasar al igual que los adultos, y es importante tratarlo cuando antes

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01 de noviembre de 2017 a las 05:00

No solo los adultos se deprimen, sino que a los niños también les puede suceder. Incluso a los bebés les pasa.

Para comenzar, es importante comprender que existe una diferencia entre la depresión y la tristeza. La primera, es algo más complejo que estar triste porque algo no salió como se deseaba.

La depresión abarca un conjunto de síntomas, entre ellos la tristeza, el decaimiento, las pocas ganas de hacer cosas, la pérdida de placer en ciertos momentos, entre otros. A su vez, se pueden presentar problemas con el apetito, tanto para comer de más como de menos, y con el sueño, que puede aumentar o disminuir.

La depresión es un trastorno que se expresa en una sintomatología variada. Se considera el resfriado de la salud mental, por su frecuencia en la vida de las personas, y que puede acompañar a lo largo de toda la vida.

En los niños, el aspecto determinante es el humor. A diferencia de los adultos, el malestar se refleja con mal humor. Los pequeños rezongan y nada les conforma. Suelen querer dejar de hacer actividades extracurriculares, porque dicen que ya no les gustan. Incluso a veces se despiertan de mal humor. En general, estos pequeños bajan su rendimiento y dejan de jugar, hasta a sus juegos favoritos.

Por otro lado, en ocasiones, cuando los niños abusan de las pantallas (televisión, tablet, juegos electrónicos) en realidad pueden estar presentando un cuadro de depresión.

Las causas de la depresión son totalmente variadas, tanto en niños como en adultos. Por una parte, existe vulnerabilidad biológica. Hay familias donde la depresión es más frecuente y hay otras donde no se deprimen más allá de lo que pase.

Luego, en suma a esa vulnerabilidad biológica empiezan a intervenir factores del entorno que desencadenan este trastorno. Esto muchas veces tiene que ver con alguna pérdida. Esto refiere a perder a un ser querido o a perder un estilo de vida determinado.

De todas formas, sucede también que hay niños que se deprimen sin ninguna causa aparente.

¿Cómo detectar depresión en las primeras etapas?

En el primer tiempo de vida del bebé, generalmente se deriva de una crianza muy defectuosa, o de que la madre sufre una depresión.

Por más que la progenitora cumpla todas las tareas de madre normales -alimentarlo, abrigarlo, cambiarle los pañales- si está angustiada se nota y se lo transmite. Lo que puede repercutir en que el bebé empiece a manifestar un cuadro depresivo que se puede reflejar en gran apatía. Es decir, en estos casos el bebé no llora, no reclama, no sonríe, o por el contrario, se irrita, molesta, llora mucho, y no se calma fácilmente.

Hay un cuadro extremo que sucede cuando se separa al bebé de su vínculo de apego primario, que puede ser la madre, y si no aparece ninguna figura sustituta, ese bebe se empieza a deprimir y puede llegar a morir. Es muy delicado. Hay otros casos, no tan extremos, donde se observa a bebés que no avanzan en el peso, ni en el crecimiento, a pesar de que orgánicamente lo tiene todo; se le mejora el vínculo con la mamá, o con quien haga de mamá, y automáticamente cambia su situación y comienzan a crecer.

¿Cuándo consultar?

Es fundamental que si surge la duda lo consulten con un especialista. La depresión es tratable y mejorable, pero si no se atiende puede tener consecuencias muy penosas. Asimismo, alguien que ya tuvo un cuadro depresivo puede volver a presentarlo.

Estas experiencias pueden servir para que el niño aprenda a manejar la situación de una mejor manera. En cierto momento, el pequeño aprende a reconocer sus propios estados. El objetivo es darle estrategias para que pueda enfrentarlo de manera inteligente.

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