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¡No más pálidas, por favor!

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19 de enero de 2020 a las 05:00

Claramente no es un concepto motivacional exclusivo para el ámbito corporativo sino que se aplica en cualquier organización o incluso en la vida de las personas. Cuantas veces una actitud pesimista ha impedido a la gente superar problemas, dificultades, traumas. Y cuántas veces, en cambio, el deshacerse de las pálidas ha permitido salir adelante frente a un problema familiar, personal, emocional, físico o psicológico.

Fue Enrique Baliño, exgerente general de IBM Uruguay, y que luego realizó una lucida carrera internacional en dicha empresa, el que acuñó la ya célebre frase “No más pálidas”. Harto de las quejas y del “no se puede”, decidió escribir esa frase en una hoja de papel y pegarla en la pared de su escritorio de modo que todo quien entrara a visitarlo no tuviera más remedio que verla. La frase tuvo efectos muy importantes en la organización y luego Baliño decidió hacer un libro sobre ella y sus consecuencias. El libro se convirtió rápidamente en un best seller y el tema fue objeto de cientos de conferencias pronunciadas por Baliño en Uruguay y en el mundo.

La frase de Baliño me rondó la cabeza estos días a medida que se iban conociendo reacciones a la idea, aún poco concreta, del presidente electo de traer a Uruguay un importante número de ciudadanos argentinos. Sean 100000 como se dijo inicialmente en un período de 5 años, sean 50000 o sea el número que sea. La idea que subyace es que hay muchos argentinos de talento o de trabajo, que están molestos por la situación en su país, por la inseguridad, por la creciente carga impositiva, por el desmanejo económico, por el hecho de caer en graves problemas económicos cada 10 años, que están buscando una salida para ellos y para sus hijos. Para algunos será algo posible, para otros una mera expresión de deseo de vivir en un país previsible, con seguridad jurídica, con menor carga impositiva, con instituciones republicanas que funcionan razonablemente bien desde hace mucho tiempo.

Lacalle percibe ese problema y comprende la oportunidad que tiene Uruguay si se convierte en lugar de destino de muchos de ellos. Se potenciaría nuestro país como ocurrió en la época de los Kirchner, cuando muchos productores agropecuarios -asustados por la alta carga tributaria que cayó sobre el campo argentino- compraron o arrendaron campos en Uruguay e hicieron una verdadera revolución productiva, que duró más allá del boom de las materias primas.

Sin embargo a la idea de Lacalle Pou le salieron pálidas, desde las principales figuras del Frente Amplio. Tabaré Vázquez dijo que era algo que se había intentado desde hace décadas sin mayor éxito y que incluso el ex presidente Mujica lo intentó con ciudadanos sirios pero fracasó. Claro que esto último es muy distinto a lo que está proponiendo Lacalle Pou, y además ha cambiado radicalmente la posición de Uruguay respecto a los demás países de región.

Luego fue el ministro de Economía Danilo Astori que disparó munición muy gruesa y un duro ataque personal. En declaraciones a La Diaria señaló que esa propuesta constituía una “nueva demostración” de que Lacalle Pou adolece de “impericia” y desconocimiento de los asuntos del Estado.

“Está proponiendo retroceder a tiempos que Uruguay superó hace bastante, suscribiendo acuerdos internacionales de intercambio de información y de combate al lavado de activos y a todos los delitos organizados que están asociados al lavado de activos”. Y poco menos que acuso a Lacalle de querer convertir a Uruguay en un paraíso fiscal.

Y finalmente José Mujica puso la guinda en la torta. En declaraciones a El Observador dijo que “En vez de traer 100 mil cagadores argentinos preocupémonos de que los nuestros inviertan acá”. “Tenemos unos US$ 24 mil millones desparramados por el mundo. ¿Por qué no intentamos que una parte de esa plata venga para el país?”

Quizá Mujica se estaría refiriendo a los dos empresarios argentinos que hicieron el show del cordero arrojado desde un helicóptero. Pero esos ya están en Uruguay desde la década del 80. También hay otros a los que el invitó a invertir en Uruguay. Recordemos que por lo menos en dos ocasiones reunió en el Hotel Conrad a la flor y nata del empresariado argentino invitándolos a invertir en Uruguay, señalando que no les iba a doblar el lomo con impuestos y que en nuestro país se respetaba la seguridad jurídica, cosa que no ocurría en Argentina, a la sazón gobernada por la señora Fernández de Kirchner.

De modo que la idea de Lacalle Pou debe ser bienvenida. Y si fue probada antes sin éxito, ello no es óbice para intentarlo de nuevo dados los cambios geopolíticos y tecnológicos que hemos experimentado. Por lo demás, no hace falta ser paraíso fiscal para atraer argentinos a salir del infierno fiscal en el que viven. Y hay muchísimos argentinos “no cagadores” que vendrían aquí con gusto como ya lo han hecho en el agro y en el software. Solo no hay que dejarse llevar por las pálidas o por el “no se puede”.

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