A los uruguayos todavía nos cuesta dejar de relojear a cuánto está el dólar. Y no es por mera curiosidad. Buena parte de nuestras decisiones de compraventa de bienes y servicios están atados al comportamiento o tendencia que puede mostrar el billete verde. Es que somos una economía bimonetaria (peso/dólar). Esta semana se dio un dato anecdótico: el dólar cayó por debajo de los $ 42 y volvió a los niveles prepandemia de casi un año atrás, algo que no debería sorprender teniendo en cuenta la debilidad global que viene mostrando la moneda estadounidense desde hace varios meses. ¿Cómo le cae a la economía uruguaya este nuevo viento de un dólar más flojo mientras busca salir a flote? A quiénes benefician y quiénes lo ven con preocupación. De eso irá esta entrega de Rincón y Misiones.
En bajada y con viento para que siga
Estimar a cuánto podrá estar el tipo de cambio es de las variables más difíciles de proyectar y de embocarle para los economistas. En todo caso, más que la cifra exacta, lo relevante es tratar de descifrar su tendencia y fundamentos. El contexto global actual está pautado por una debilidad del dólar y ese parece ser el horizonte que perdurará durante 2021.
En Uruguay, el dólar cayó este martes de los $ 42 en el mercado mayorista, aunque en la operativa siguiente se recuperó levemente y retornó a esa franja, pero está lejos de los casi $ 46 que tocó en marzo del año pasado cuando apareció la pandemia y las bolsas eran un mar de incertidumbre y volatilidad.
Según la última encuesta de Expectativas Económicas del BCU, analistas esperan para fin de año un tipo de cambio en $ 45,3 por dólar, de acuerdo con la mediana de las respuestas, lo que implica una suba de 7% respecto al cierre de 2020, muy alineada con la suba de precios que proyectan los analistas privados para este año.
Los supuestos de trabajo sobre los cuales se elaboró la estrategia presupuestal del MEF dan también cierta orientación. Allí se maneja una suba para el tipo de cambio de 7,3% en 2021, y de 4,9% en 2022.
Para el economista Aldo Lema, hay tres factores que fundamentan un dólar globalmente débil. Uno es la presión hacia el fortalecimiento relativo del yuan en China por un mejor desempeño relativo de su economía (crecería 8% en 2021, según el FMI). En segundo lugar, la mayor expansión fiscal y monetaria en EEUU. Y como tercer factor, el carácter contracíclico del dólar que tiende, a fortalecerse en malos tiempos de la economía mundial y a debilitarse en su fase expansiva.
Las perspectivas económicas son "altamente inciertas" en EEUU, alertó este miércoles el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que pidió nuevos estímulos para la principal economía del planeta. En este contexto, la Fed mantuvo –como se esperaba– las tasas de interés en un rango de 0 a 0,25%, como ocurre desde marzo de 2020 cuando la pandemia golpeó bruscamente a la economía estadounidense. Estas tasas seguirán en niveles históricamente bajos hasta que el país recupere el pleno empleo y la inflación se acerque a 2% o esté "en vías de superar moderadamente el 2%", destacó el titular de la Fed.
El índice dólar, que mide el valor de la divisa estadounidense frente a una canasta de monedas relevantes (euro, yen, libra, dólar canadiense, corona sueca y franco suizo), viene mostrando una tendencia bajista en los últimos meses, como te muestro en este gráfico.
El viejo debate por el atraso cambiario y la competitividad
Algunos referentes del empresariado uruguayo –como el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Gabriel Capurro– ya salieron a levantar su voz por la reciente debilidad del tipo de cambio en la plaza local. “Es un tema de preocupación porque influye en la competitividad de Uruguay. Brasil y Argentina han tenido mayores depreciaciones de sus monedas y son países competidores”, alertó.
Como te muestro en este gráfico más abajo, hace un buen tiempo (desde fines de 2017) que Uruguay está más caro que sus vecinos según el índice del BCU del TCR regional (Brasil y Argentina), pero más barato con el resto del mundo (TCR extrarregional).
“Nos preocupa que el dólar vaya quedando atrasado con respecto a la inflación que se viene dando en estos últimos períodos y que sea un elemento que mantenga un país caro, poco competitivo y atractivo para las inversiones”, dijo Capurro al programa Agronegocios de Sarandí.
Es cierto que Uruguay está caro respecto a sus vecinos y eso dificulta la competencia en los mercados externos, pero pegarnos a los vecinos (que tienen otros problemas en sus economías) tampoco parece ser el camino más correcto.
“Que el tipo de cambio caiga en términos nominales o respecto al IPC no necesariamente refleja un problema de competitividad para los sectores transables en su conjunto, ya que puede reflejar la mayor inflación en dólares y fuertes alzas en precios de bienes de exportación”, posteó en un hilo de Twitter hace unos días Lema, que tuvo como disparador el título de una columna suya sobre el falso dilema entre Tipo de Cambio Real (TCR) e inflación.
Ese ejemplo puede darse con la explosiva valorización que experimentó la soja (y otros commodities) en los mercados internacionales, la vedete de la agricultura uruguaya de los últimos 15 años. Aunque su cotización se bajó de los US$ 500 por tonelada, está muy cerca de ese umbral, un valor muy superior a los US$ 300 que había a esta altura del año pasado. Para los agricultores uruguayos (aunque ahora tiene el corazón en la boca por un clima seco en pleno proceso de crecimiento del cultivo) es claro que la ecuación de rentabilidad cambió sustancialmente para esta campaña porque se requerían menos kilos de la oleaginosa para cubrir sus costos de implantación y cosecha.
Los industriales uruguayos también mostraron su preocupación por la trayectoria del billete verde. El expresidente de la Cámara de Industrias Washington Corallo dijo que la racha bajista del tipo de cambio “no augura una mejora de la alicaída competitividad”. “Tanto el sector exportador como la industria que trabaja para el mercado interno son afectados seriamente”, agregó.
“Los márgenes de la industria, que comparan precios con costos unitarios, parecen indicadores mucho más consistentes de rentabilidad”, respondió a ese posteo en Twitter el economista José Licandro, intendente de Regulación Financiera del BCU y docente de macroeconomía de la Udelar, con una gráfica de un indicador que publica la autoridad monetaria.
Los industriales, sin embargo, no comparten ese índice de rentabilidad del BCU por diferencias metodológicas, por lo que el viejo tema de la competitividad seguirá dando para el debate entre académicos, gremiales y las autoridades de gobierno de turno.
Aliado para la batalla contra la inflación
Dada la incidencia que tiene el dólar en la formación de los precios en Uruguay, un dólar más calmo es un elemento que jugará a favor para un descenso (pronunciado) de la inflación que proyectan las autoridades del equipo económico y los analistas para los próximos meses. Pero no será la única variable que empujará para moderar el ritmo de suba de los precios internos. Una demanda interna golpeada todavía por los efectos de la pandemia, la caída del poder de compra de los salarios públicos y privados, y un menor ajuste nominal de las tarifas públicas en 2021 serán factores que ayudarán a que ese escenario se consolide.
El último informe de política monetaria del BCU proyectó una trayectoria descendente de la inflación desde el 9,4% que cerró el 2020. Los técnicos del organismo ven una inflación cercana al 6% para fines de este año, y aproximándose al 5% al final del horizonte de su política monetaria (24 meses).
“La inflación va a empezar a ceder y se va a notar en los próximos meses; cuando terminemos muy bien este 2021, ahí sí la credibilidad va a estar cumplida”, dijo a Búsqueda este jueves el presidente del BCU, Diego Labat.
Un reciente informe de Cinve también avaló esa “pronunciada caída de los precios” para los primeros meses del año y en niveles cercanos al 7% durante el segundo semestre del año.
Un dólar más fuerte y subiendo por encima de la inflación sería un empujón para los exportadores e industriales que anhelan una mejora en sus márgenes de rentabilidad, pero también sería un golpe adicional para un consumo privado que viene cascoteado por los efectos de la pandemia y la pérdida de salario real. Además, si esta coyuntura de dólar débil se sostiene, será más que bienvenida para que las autoridades del equipo económico (MEF y BCU) puedan ir cumpliendo gradualmente con una ambiciosa meta de llevar una inflación por debajo del 5%. Si el gobierno logra anclar las expectativas y sostener esos niveles de precios, ganarán todos, incluso los que hoy se quejan por la trayectoria bajista del tipo de cambio.
Soy Andrés Oyhenard, editor de Economía y Empresas de El Observador. Hasta aquí esta nueva entrega de Rincón y Misiones, la newsletter exclusiva para suscriptores Member de El Observador para entender mejor la realidad económica y los temas que tocan nuestro bolsillo, y contar con mejor información para tomar decisiones.