26 de marzo 2019 - 5:02hs

Hay una clara distancia entre los discursos del presidente Tabaré Vázquez en su Rendición de Cuentas el 1º de marzo y el del Ministro de Economía, Danilo Astori, en su presentación en ADM el día 20.

El primero, apuntado a encender a la militancia política, mostró un absoluto desconocimiento de los problemas económicos. El segundo, apuntado a empatizar con el empresariado y su diagnóstico gris y pesimista sobre las posibilidades del país en el corto plazo, acertó la posición del gobierno a la hora de reconocer los problemas, pero falló en un elemento fundamental, que es el trazado de propuestas que permitan elevar la confianza del empresariado y subsanar los dos problemas fundamentales que bien definió el ministro: la inversión y el empleo.

Ante el reclamo desde el público sobre la pérdida de más de 50.000 puestos de trabajo durante la presente administración, el presidente Vázquez respondió con la creación de 300.000 empleos en términos netos desde la asunción Frente Amplio. Al cierre de empresas emblemáticas, Vázquez retrucó con la apertura de 63.000 empresas en términos netos –de nuevo– desde marzo de 2005.

“Cerraron algunas y se abrieron otras. Me van a decir que muchas son empresas unipersonales. Sí, pero son empresas. Y el pero va a estar siempre”, dijo el presidente.

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La apuesta de Astori fue diferente. “Las dificultades han crecido y los desafíos también”, reconoció el ministro e identificó “la debilidad de la inversión y los problemas de empleo” como los “dos problemas económicos más importantes que tiene Uruguay, (...) articuladas a la evidente desaceleración del crecimiento que ha tenido en los últimos años”.

Mostró la caída de la inversión a niveles mínimos desde 2005 y una gráfica de empleo que no hacía énfasis en la creación de puestos durante las dos primeras administraciones de gobierno sino en el deterioro del último período.

Camilo dos Santos

No es menor ese cambio, porque ayuda a revertir la percepción que prima entre el empresariado –y que tanto daña el clima de inversión– de que el gobierno no es consciente de los problemas que afectan a los sectores productivos.

Habló de pérdida de competitividad. Y sobre todo, de los problemas de Uruguay para la inserción internacional, una batalla que el propio ministro dio a la interna del gobierno y en la que se ha chocado una y otra vez con el dogma ideológico de una izquierda reticente a la apertura y cómoda en un esquema regionalista –obsoleto por la rotación de partidos en la región– donde la apertura comercial estaba supeditada a la afinidad política con los vecinos.

Aun con algunos matices, el diagnóstico planteado por el ministro comulga con el del sector privado hasta el punto de entenderse. Pero no alcanza con diagnósticos compartidos para esa necesaria empatía que el gobierno necesita transmitir al empresariado.

Dos elementos se encontraron ausentes. En primer lugar, el sentido de responsabilidad. El ministro atribuyó los problemas económicos a un deterioro de las condiciones externas y a los problemas de inserción internacional. El agravamiento de la cuestión fiscal para el ministro Astori es producto de la desaceleración económica y del deterioro del sistema de seguridad social, como también de la baja calidad del gasto. Como si no hubiera responsabilidad en la actual administración de que los problemas que enumera continúen siendo problema y no hayan encontrado ya una solución definitiva.

Leonardo Carreño

Señaló que los cambios en el régimen de promoción de inversiones permitieron aumentar en 2018 en un 50% el número de proyectos promovidos y en más de 200% su monto. Y que por ahí vendrá, luego de un proceso de maduración de estos proyectos, el verdadero revés en la situación del mercado laboral, aunque omite que en promedio anual esos proyectos esperan generar 3.126 empleos en los próximos cinco años, insuficientes para cubrir incluso el crecimiento anual de la población en edad de trabajar.

Pero sobre todo, si algo le falta al discurso del ministro para recomponer la confianza es revertir con argumentos otra de las percepciones que paraliza al sector privado. “Quiero empezar manifestando mi desacuerdo con la afirmación de que el gobierno no tiene agenda. De que está agotado y se encuentra prácticamente en suspenso en la espera de la finalización de su mandato”, señaló Astori.

En su discurso habló de áreas de trabajo, pero omitió mencionar medidas concretas para este año. Y eso hace difícil a los empresarios comulgar con el ministro. Un diagnóstico alineado no es suficiente. No alcanza con reconocer los problemas si no se reconocen responsabilidades y cambios en la acción. La inversión, para volver, necesita seguridad. Y la seguridad se la dan los planes seguidos de acciones. Eso no forma parte del discurso oficial.

 

 

 

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