La pobreza, medida por los ingresos que perciben los hogares uruguayos, está estancada. Lo confirmó el Instituto Nacional de Estadística (INE) este lunes. Y una nueva publicación del mismo organismo, este martes, acota que la desigualdad tampoco varió significativamente entre 2024 y 2025.
El empleo —como es el generador de cerca del 70% de las chances de reducción de la desigualdad monetaria según la literatura científica internacional— puede haber hecho que la pobreza quedase quieta y, sin embargo, mejorase la equidad del país. ¿Cómo? Por ejemplo que, por los acuerdos en los Consejos de Salarios y negociaciones colectivas, en porcentaje aumentase más los ingresos de los más pobres que el porcentaje de los sectores más altos (pero no un incremento suficiente para que den el salto al otro lado de la línea de la pobreza).
Pero ese escenario no sucedió. O, al menos, los datos del INE no permiten decir que hubo una modificación estadísticamente significativa entre los valores de 2024 y 2025. En el siguiente gráfico puede verse esa conclusión:
La desigualdad —valga el juego de palabras— no es igual en cada zona. El coeficiente de Gini, ese indicador que varía entre cero y uno, en que cero es lo más igualitario y uno lo más desigual así lo refleja.
“El análisis del coeficiente de Gini por departamento permite observar que Montevideo, Salto y Canelones son los departamentos con mayor nivel de desigualdad. Por su parte, los departamentos de San José, Colonia, Lavalleja y Flores son los que presentan los menores niveles”, dice el informe del INE:
En una entrevista que dio a El País de España Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, fue tajante: “La ideología de los millonarios tiene actualmente un grado de egoísmo alucinante”.
Lo decía en referencia a lo que sucede a escala mundial y, sobre todo, en Estados Unidos con algunos de los principales líderes de las empresas tecnológicas.
Uruguay, definida como la última democracia de partidos de América Latina, parece todavía conservar aquello de que aquí “todo llega tarde”. Es según el Banco Mundial el país más equitativo de la región. Puede que sea porque no hay multimillonarios, sino millonarios a secas. Ni niveles de pobreza tan altos como sus pares de América Latina y el Caribe.