Pocas horas después que el ciclón más poderoso en décadas castigara la costa del noreste de Australia, antes del amanecer del lunes, el primer ministro John Howard había enviado a sus consejeros para que se reunieran con las autoridades de emergencia, jefes militares y abogados del gobierno para planear el operativo de rescate y la estrategia de limpieza.
La magnitud de la destrucción no se comparaba con los daños provocados por el huracán Katrina cuando azotó a la costa del Golfo de México estadounidense en agosto pasado, inundando a Nueva Orleáns y dejando a decenas de miles de personas varadas durante días.
Miles de residentes y turistas que llegaron a la región en busca de una de las maravillas naturales más importantes del mundo, los arrecifes de corales Great Barrier, pasaron la noche refugiados en casas y hoteles.
Las autoridades australianas no dejaban lugar para las críticas sobre la falta de preparativos y la lenta respuesta que afectaron a la Casa Blanca en las semanas posteriores al paso de Katrina.El servicio de emergencias del estado Queensland comenzó a emitir advertencias públicas el sábado, e incrementó sus esfuerzos durante el fin de semana, aconsejándole a la población proteger sus ventanas y limpiar los jardines para evitar que los objetos sean llevados por el viento.
El portavoz Ben Creagh expresó que era difícil comparar el ciclón de Australia con Katrina, principalmente por las inundaciones. Nueva Orlénans permaneció bajo el agua durante semanas después que se rompieron los diques que protegían a la ciudad.
"Todos aquí estudiaron a Katrina y ... aprendieron muchas lecciones a costa de esa pobre gente", indicó.
(AP)