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La economista dijo que sería ideal que la reforma de las jubilaciones logre un consenso político.

Economía y Empresas > Entrevista a Sofía Harguindeguy

Baja del déficit fiscal: “Las tuercas para ajustar son menores y son necesarias reformas estructurales”

La gerenta de Consultoría Económica de Grant Thornton en Uruguay dijo que los inversores del exterior siguen observando algunos “debes” históricos del país

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15 de febrero de 2022 a las 05:02

Para la nueva gerenta de Consultoría Económica en Grant Thornton Uruguay, Sofía Harguindeguy, el 2022 promete ser otro año de dinamismo para la economía doméstica, aunque también será tiempo de encarar reformas estructurales para atender ineficiencias como los costos del transporte, una variable que los inversores siguen considerando está "en el debe". Espera que el proyecto de reforma de la seguridad social logre un consenso (que no tuvo hasta ahora) y explicó por qué será todo un desafío continuar reduciendo el déficit fiscal estructural a 2,7% como prevé el MEF para este año. A continuación, un resumen de la entrevista que la economista concedió a El Observador. 

El dato oficial del PIB del 2021 se conocerá el próximo mes. Hay consenso en que la economía crecerá por encima de la meta que se había trazado el MEF (de 3,5%) y también de los pronósticos iniciales de la mayoría de los analistas privados. Hoy se habla de un 4% como piso. ¿Qué perspectivas tiene para este año con algunos indicadores adelantados que ya se publicaron?

Es cierto que no tenemos el dato oficial pero conocemos algunos indicadores que nos hacen pensar que el crecimiento para 2021 estará por encima del 3,5%. Para este año, estamos manejando una expansión por encima de lo que tiene hasta ahora el Ministerio de Economía y Finanzas (2,9%), levemente por arriba del 3%. La variable que estaría acompañando es un crecimiento en el plano externo de la economía mundial. El World Economic Outlook proyecta una expansión del 4,5%. Para Uruguay es importante China, que va a estar creciendo, aunque a una menor tasa que la registrada en 2021 (8%). Para este año, se proyecta un crecimiento de 5% para esa economía, que sigue siendo alto. Esa desaceleración de China no estaría impactando en las exportaciones de bienes de Uruguay a ese mercado, que hoy ya se ha consolidado como el principal destino.

En el plano regional da la sensación de que Argentina y Brasil ayudarían poco a la economía uruguaya en 2022. 

Exacto. En el plano regional encontramos que existen ciertas incertidumbres desde lo político porque tenemos elecciones en octubre en Brasil y aún está pendiente el acuerdo de Argentina con el FMI, que no sabemos si va a pasar el filtro del Congreso. El crecimiento previsto para Argentina es de 2,5% para este año, mientras que Brasil será todavía menor: apenas 0,3%. Y estas últimas proyecciones han estado ajustando a la baja en los últimos meses. Por otro lado, a nivel internacional, podríamos tener condiciones internacionales que pueden estar complicando el panorama. La inflación de Estados Unidos está en 7,5% y cerró su onceavo mes consecutivo por fuera del rango meta.

Eso que plantea debería reforzar la política de suba de tasas de la Fed algo que, en teoría, debería fortalecer el dólar. Sin embargo, desde que arrancó el año en Uruguay y otros emergentes está ocurriendo lo contrario y el dólar cayó más de 3%. ¿A qué lo atribuye?

Lo hemos analizado con detenimiento y hoy no tenemos algo concluyente para explicar por qué se está dando esa tendencia. Es verdad que se podría esperar que en el mediano plazo la decisiones que está tomando la Fed afecten nuestros mercados, pero siempre puede existir algún rezago en esos efectos por la suba de la tasa de interés. Ahora ya se está hablando de aumentos de entre 100 y 125 puntos (1% a 1,25%) en la tasa de la Fed para la primera mitad de este año. Esto podría tener sus efectos para economías como la de Uruguay, pero más en el mediano y largo plazo, en posibles decisiones de inversores que consideran la tasa de interés de EEUU para definir si venir al país o no.

Usted suele estar en contacto permanente con inversores del exterior. ¿Cuál es hoy el clima que se está observando en la toma de decisiones para invertir en economías emergentes? ¿Hay más cautela por este nuevo contexto internacional o la buena reputación de Uruguay sigue siendo un llamador para captar el interés del capital?

La buena gestión del gobierno con todo el manejo de la pandemia y el compromiso por la estabilidad de las finanzas públicas está repercutiendo de forma positiva. Sin embargo, hay algunos puntos en las conversaciones con los inversores que suelen repetirse como son los costos de producción en Uruguay, del transporte, de los combustibles. Eso son temas que el país tiene en el debe desde hace unos cuantos años. Ahora se ha retomado un poco la discusión por la política de combustibles, pero son problemas que ya veníamos hablando desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, un reciente informe de un consultor privado —que publicó Uruguay XXI— identificó que el costo del transporte en el caso de la madera estaba entre el 30% y 60% de su precio. Eso es altísimo. El debe de Uruguay está en lograr reformas e inversiones para contar con carreteras que logren un tránsito más fluido para ahorrar tiempos y/o en combustibles.

El actual gobierno introdujo un nuevo esquema para regular el mercado de combustibles que fue aplicado parcialmente hasta ahora. De todas formas, Uruguay tiene un componente importante de impuestos sobre el consumo de combustibles respecto a otros países de la región. ¿Se puede apelar a reducir impuestos para hacer más competitivas las tarifas en el corto plazo?

El precio de los combustibles que consumimos depende del petróleo, de la eficiencia que pueda tener Ancap, de la comercialización, la distribución, y también del costo de los salarios en cada uno de los puntos de esta cadena. Obviamente que también depende de los impuestos. Si el objetivo está en reducir el valor de los combustibles, hay muchas vías por las cuales podemos llegar a esa meta. Una puede ser reduciendo los impuestos, pero también hoy hay margen en toda la cadena para reducir sus costos.

Más allá del resultado del referéndum del próximo 27 de marzo, varios de sus colegas hablan del 2022 como el "año bisagra" para que el gobierno avance con reformas más estructurales pendientes. Una de esas es la de la seguridad social. ¿Cómo ve hoy el abordaje de ese tema? ¿Es optimista en que pueda aprobarse este año?

El diagnóstico de la Comisión de Expertos fue muy bueno y las recomendaciones estuvieron apoyadas por muchos estudios de consultores externos. Sin embargo, un tema que me preocupa es que esas recomendaciones no hayan sido aprobadas por la totalidad de los miembros de la comisión. Si estamos pensando una reforma para que sea sostenible en el largo plazo, es importantísimo que exista unanimidad en esa decisión. Quizás todavía queda una instancia más de negociación; esperemos pueda salir con el proyecto de ley.

El déficit fiscal mostró una caída en último año que superó la previsión del propio Ministerio de Economía. Sin embargo, hay analistas que atribuyen esa mejora adicional a la baja en el pago de remuneraciones y jubilaciones por debajo de la inflación y también a la escasa inversión del Estado. ¿Qué visión tiene sobre esta variable?

Espera un crecimiento para la economía uruguaya algo por encima del 3% para este año.

La caída de los salarios tuvo su efecto en ese resultado fiscal que vimos al cierre de 2021. También se vieron buenos resultados de las empresas públicas, en particular de UTE por la exportación de energía eléctrica a Brasil. Sin embargo, ese resultado de UTE consideramos que es transitorio y sí se necesita un ajuste adicional en lo que es la eficiencia de las empresas públicas. Por otra parte, en lo que respecta a la mejora de la recaudación impositiva, que es otro punto importante dentro de las cuentas públicas, el 2021 tuvo una recaudación superior a la de 2019 y 2020, algo que jugó a favor en la mejora del déficit. En la medida que la economía sigua creciendo, esos ingresos van a ir aumentando, aunque quizás no con las tasas del año pasado. El desafío de este 2022 es mayor porque el gobierno espera mejorar aún más las finanzas públicas. Por eso, estas reformas estructurales se van a volver cada vez más relevantes porque las tuercas para ajustar son menores. En 2021, el papel de la inversión pública fue marginal y también lo va a hacer en 2022.

La inflación se moderó al cierre del año pasado, pero está aun más de 1 punto por encima del techo del rango meta (7%). Además, desde setiembre el nuevo rango será más exigente con un piso de 3% y un techo de 6%. ¿Puede este escenario de fuerte de subas de commodities y ajustes de salario por fuera de la pauta complicar las metas oficiales? El gobierno espera una inflación de 5,8% para el cierre de este año.

Lo vemos como un gran desafío. En nuestro caso estamos proyectando una inflación por arriba de ese rango. Tuvimos el dato de enero (8,15% anual), que fue alto, pero estuvo acorde a lo esperado. Estamos viendo una inflación cayendo recién para el segundo trimestre del año, por lo que es probable ver inflaciones elevadas en febrero y marzo. Quizás para el resto del año se ubique sobre un eje de 6%, 7%, con lo cual no daría una inflación anualizada por encima del rango meta. Acá está incidiendo la inflación que estamos importando desde el exterior, que es generalizada a nivel mundial, y que se está dando con la cotización del petróleo y otros commodities. 

 

 

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