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Biden: previsible y aburrido… hasta que tenga que decidir hacia dónde va

El nuevo presidente representa al establishment tras cuatro años de excesos de Trump; sin embargo llega con una alianza muy diversa que le pasará factura

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20 de enero de 2021 a las 17:23

En su discurso de asunción, Joe Biden ofreció todo lo que se podía prever: defensa de la democracia, llamado a la unidad, puentes hacia los socios extranjeros, mención al sueño americano y a la constante lucha de ese concepto contra el racismo y la violencia que viven desde siempre en ese mismo país. El asalto al Capitolio, y el ataque de Donald Trump a las instituciones y a su credibilidad, le permitieron al presidente 46 las notas más fuertes de su discurso de asunción. Que el presidente de EEUU diga que la democracia fue puesta bajo ataque nunca puede dejar de estremecer, por más que fuera obvio.

Después de cuatro años en los que desde la Casa Blanca se puso en duda gran parte de los conceptos que han guiado al país hacia adentro y hacia afuera, Estados Unidos eligió previsibilidad. Esa es la fortaleza mayor de Joe Biden. Fue previsible cuando le ganó al amplio abanico de candidatos demócratas: a los más izquierdistas como Bernie Sanders o Elizabeth Warren, a los poco conocidos como Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, o a los demasiado establishment como Michael Bloomberg (y eligió como vice a la más centrista, Kamala Harris). Pero también fue lo suficientemente previsible para captar votos de republicanos espantados con el giro populista de su partido bajo el mando de Donald Trump, o a todos aquellos, tan diferentes, que no querían un segundo mandato del magnate. A los que marcharon por el Black Lives Matter, a los que piden desfinanciar la policía, pero también a los que defienden un poco de vieja normalidad en Washington.

Biden reúne a públicos extremadamente diversos, y eso le permitió conseguir los más de 80 millones de votos que le ganaron a Trump en las elecciones con más participación de la historia. Y lo hace sin prometer grandes locuras: a los que lo acusaban de socialista les respondió que ganó las primarias por oponerse a los candidatos socialistas. Pero así y todo Sanders será su hombre fuerte al frente de la comisión de Presupuesto. 

El presidente dejó claras sus prioridades: pelear para unir al país, dejar atrás la división de Trump. Trazar una línea de sentido común: hay cosas que son verdades y otras mentiras, y el trabajo del gobierno es no decir mentiras. ¿Bastante obvio, no? Pero indispensable en este contexto.

El tema será cómo. Buscará la solución a la pandemia con un gasto inédito de US$ 1,9 billones para ayudar económicamente a las familias, y multiplicando los esfuerzos de vacunación en todo el país, luego que Trump directamente dejara de gobernar en las últimas semanas, absolutamente concentrado en tratar de revertir los resultados de la elección.

Seguramente en esas políticas tenga un apoyo de ambos partidos. Incluso lo ayuda que el ala más trumpista de los republicanos, que se opone a algunas de esas medidas, quedó golpeada luego de los sucesos del 6 de enero y aún está recalculando sus pasos, aunque mantiene su fuerza electoral intacta.

Pero la cosa se complicará cuando empiece a concretar otras partes de su agenda: las reformas judiciales y policiales para atacar el racismo sistémico, los cambios en migración tirando atrás varias medidas de Trump consideradas discriminatorias (¿conseguirá la reforma profunda para regularizar 13 millones de inmigrantes ilegales, que Obama no logró?), derogar las piedras que puso Trump en la ley de Salud de Obama. Y estará arriba de la mesa el impeachment a su antecesor. ¿Hará pesar el concepto de unidad y mirar hacia adelante o el de que el presidente saliente pague por sus excesos? Sea cual sea el camino, el riesgo de que la sombra de Trump lo siga en su presidencia está latente.

Tendrá un dilema similar al de Obama: ¿ir por todo y no poder lograr casi nada? ¿Ir por el camino del medio y rezar por no perder el Congreso a mitad de camino?

Biden tiene una ideología similar a Obama, pero sin su oratoria ni su sex appeal. No será tan encantador cuando vaya a los principales shows de TV. Pero tiene un punto que todos destacan: una enorme capacidad de trabajo con gente diversa, de ambos lados de las cámaras. Empatía en el mano a mano. Llegó al Congreso en 1973, y desde ahí negoció con todos y votó de todo, hasta una ley de seguridad que ayudó a presar de cientos de miles de personas negras, lo cual le costó defender años después.

Por eso, y por su apelación a unir a EEUU bajo el sueño americano común, generó una sugestiva primera reacción del Congreso: volvió el establishment. Se alegra el ala demócrata, pero también buena parte del ala republicana, cansada de haberle cedido el control del partido a un populista extremo. Trump los ayudó, es cierto: dejó claro que hay límites donde todo sistema político decente debería trazar una linea clara. Algunos republicanos demoraron algunas semanas, durante las cuales jugaron con fuego, pero al final lo hicieron. 

Su tarea será buscar candidatos que le permitan abrirse del tóxico Trump sin perder buena parte del electorado que el magnate atrajo. Si no lo logran, la presión por olvidarse del amigo Joe para volver a recurrir a Trump será mucha. 

Además, la tentación de oponerse a cada medida del presidente, por pequeña que sea, también es grande, porque la historia les ha dicho (a ellos pero también a los demócratas) que paga en las urnas. Biden va un paso adelante en ese punto: al menos hasta las elecciones de medio período tiene mayoría en ambas cámaras, por lo que los republicanos se ven forzados a negociar o a ser una fuerza testimonial en muchos temas que requieren mayoría simple.

Biden promete ser previsible, alejarse de los extremos. Pero en algún momento deberá volcarse hacia uno u otro lado. Se aliará con los verdes, con Sanders o con Ocasio-Cortez algunas veces. Acordará con el establishment grueso del demócrata en otras y hasta con los republicanos. Irá hacia un lado u otro. Eso es lo que marcará su legado como presidente.

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