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10 de octubre 2023 - 5:04hs

Nacida el 14 de mayo de 1946 en Nueva York, en el seno de una familia judía, Claudia Goldin estudió economía en la Universidad de Cornell y completó un doctorado en la Universidad de Chicago, en 1972. En la actualidad, la galardona por la Real Academia Sueca de Ciencias con el Premio Nobel de Economía 2023 por sus investigaciones sobre “los ingresos de las mujeres y su participación en el mercado laboral”, se desempeña como catedrática de la Universidad Harvard.

A diferencia de los casos de Paul Samuelson (1970), Friedrich Hayek (1974), Milton Friedman (1976) y Joseph Stiglitz (2001), por citar apenas algunos de los otros 98 premios Nobel que la antecedieron, no alcanzó el galardón precedida por la fama.

En sus más de 40 años de carrera, Goldin investigó los efectos económicos del cambio tecnológico, la contaminación del agua y la corrupción, además de otros temas relevantes. No obstante, se la conoce en los círculos académicos, sobre todo, por sus pormenorizadas investigaciones sobre la economía del trabajo y las cuestiones de género.

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Las indagaciones la llevaron a trazar un perfil histórico del papel de la mujer en la economía estadounidense; una interpretación, compleja y matizada del porqué de la brecha salarial entre hombres y mujeres que sus estudios ayudaron a comprender y cuantificar.

El premio otorgado, conocido formalmente como Premio del Riksbank Sveriges en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, se constituyó, no sólo en un reconocimiento a sus aportes, sino también en un pequeño paso para cerrar la brecha de género en el propio Comité del Nobel. Goldin, a los 77 años, es la tercera mujer en la historia en recibir el galardón, y la primera en no compartirlo.

La decisión de este año, además, pone distancia de la elección de 2022, que recayó en un trío de economistas estadounidenses, incluido el ex presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, por sobre cómo regular los bancos y apuntalar a los prestamistas en quiebra con dinero público puede evitar una crisis económica aún más profunda, como la Gran Depresión de los años ‘30.

Los expertos señalan que las investigaciones de Goldin, que abarcan un período de 200 años, proporcionaron el primer relato exhaustivo de los ingresos de las mujeres y la participación en el mercado laboral a lo largo de la historia. “Su investigación revela las causas de los cambios, así como las principales fuentes de la brecha de género que todavía persiste”, explicó Randi Hjalmarsson, miembro del comité.

Goldin, que se convirtió en la primera mujer en ocupar un puesto en el Departamento de Economía de la Universidad de Harvard, saludó la decisión como “un premio a las grandes ideas y al cambio a largo plazo”.

Horas después, la autora del influyente Comprendiendo la brecha de género: una historia económica de la mujer americana (1990), recordó desde su casa en Cambridge, Massachusetts, que “todavía hay grandes diferencias entre mujeres y hombres en términos de lo que hacen y las remuneraciones que reciben”.

En su trabajo, rastreó las causas teniendo en cuenta una enorme cantidad de factores, como el impacto de la píldora anticonceptiva en las decisiones profesionales y matrimoniales de las mujeres, los apellidos de las mujeres después del matrimonio como indicador social y las razones por las que las mujeres constituyen en la actualidad la mayoría entre los estudiantes universitarios.

Según los académicos, sus descubrimientos tienen enormes implicancias para las ciencias sociales debido a que demuestran sobre la base de una enorme prueba documental que la naturaleza del problema, o las fuentes de la brecha de género subyacente, cambia a lo largo de la historia y con el curso del desarrollo económico y social de los países.

En palabras de Goldin: “Si por fin entendemos el problema y le damos el nombre correcto, podremos trazar un mejor camino a seguir”.

Si bien en gran parte del mundo es ilegal que los empleadores discriminen por motivos de género, las mujeres todavía enfrentan importantes déficits salariales en comparación con los hombres.

En Estados Unidos, el año pasado, las mujeres ganaron en promedio el 82% de lo que percibieron los hombres, según un análisis del Pew Research Center. En Europa, ganaron en promedio un 13% menos por hora que sus pares varones, según la Comisión Europea (CE).

El trabajo de Goldin revela que, si bien hubo avances durante las últimas tres décadas, hay poca evidencia de que la brecha se cierre por completo en el corto plazo. La autora lo atribuye a factores que van desde la discriminación absoluta hasta fenómenos como el “trabajo codicioso”, término que acuñó para referirse a los empleos que pagan desproporcionadamente más por hora cuando alguien puede desempeñarse durante largas jornadas, lo que penaliza a las mujeres que necesitan una mayor flexibilidad.

“Siempre fui optimista, pero cuando miro las cifras, creo que algo sucedió en Estados Unidos. En la década de 1990, la tasa de participación de las mujeres en la fuerza laboral era la más alta del mundo, y ahora no lo es”, expresó tras enterarse del premio. “Tenemos que dar un paso atrás y hacer preguntas sobre cómo reconstruir la familia, el hogar, el mercado y el empleo”, agregó al ser consultada por los medios.

Según sus colegas, aunque los estudios de Goldin no ofrecen soluciones, permiten a los responsables políticos abordar el problema. “Ella explica el origen de la brecha, cómo cambió con el tiempo y cómo varía según la etapa de desarrollo. Por lo tanto, no existe una política única. Se trata de una cuestión compleja, porque si no se conoce la razón subyacente, la política que se aplique no funcionará”, afirmó Hjalmarsson al anunciar el premio.

La tarea que emprendió Goldin hace ya cuatro décadas no fue sencilla. Tuvo que salir de su gabinete y convertirse en una suerte de detective para completar los datos faltantes para su investigación. La razón: la inexistencia de registros sistemáticos sobre el mercado laboral y, en algunos casos, incluso cuando existen no contienen información sobre las mujeres. Una tarea que la impulsó a rastrear archivos y hallar fuentes novedosas, además de formas creativas de utilizarlas para cuantificar las incógnitas.

Según la investigadora, todo comenzó con el desarrollo del movimiento feminista en la década de 1970. Fue cuando Goldin descubrió dónde podía dejar su huella. “Vivía en un período de grandes cambios sociales y de transformación de la percepción sobre el papel de las mujeres. Fue entonces que comprendí que faltaba algo”, escribió en El economista como detective, un ensayo autobiográfico de 1998.

“Estaba desairando al miembro de la familia que, a largo plazo, experimentaría el cambio más profundo: la madre y esposa. La tenía descuidada, porque las fuentes lo habían hecho. Las mujeres figuraban en los datos cuando eran jóvenes y solteras, y a menudo al enviudar. Pero casi nadie escuchaba sus historias una vez casadas”, recuerda Goldin en el texto.

Durante 28 años, hasta 2017, fue directora del Programa de Desarrollo de la Economía Estadounidense (DAE) de la Oficina Nacional de Estudios Económicos (NBER).

“Convirtió el programa en un entorno de estudio productivo, que combina teoría económica y datos históricos”, rememora Leah Boustan, de la Universidad de Princeton, ex codirectora del programa. “Bajo su dirección, la DAE se convirtió en un entorno caracterizado por la crítica constructiva y una actitud receptiva a nuevas ideas”, agrega la experta.

Goldin, por su parte, considera que su principal aporte a la labor de la NBER fue su amplia visión del espectro que ofrece la economía. “Creo que mi legado es haber ampliado el grupo para incluir ámbitos que no se tenían en cuenta”, afirmó entrevistada por el Fondo Monetario Internacional.

Goldin suele señalar que si sólo son las mujeres las que presionan a las empresas para conseguir mejores salarios y una mayor flexibilidad laboral no se avanzará demasiado en el objetivo de cerrar la brecha. También destaca la necesidad de una mayor complementariedad en los roles que asumen hombres y mujeres en los hogares. Algo de esto último quedó flotando cuando respondió sobre la forma en reaccionó al enterarse del premio.

“Lo primero que hice fue contárselo a mi marido. Me preguntó qué podía hacer para ayudarme y le respondí que prepara un poco de té y sacara al perro a pasear porque tenía que prepararme para una conferencia de prensa”, relató desde su casa en Cambridge.

 

(Con información de agencias)

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