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Corazón de Tero: Uruguay ganó un partido imposible

La selección celeste venció en la última pelota a Canadá 20-17 luego de jugar 65 minutos con un jugador menos

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03 de febrero de 2019 a las 02:23

La gente salta y festeja en el Charrúa sin poder creer lo que está viendo. En realidad, el único motivo por el cual cree que lo que ve es real es porque en cancha están unos hombres con camiseta celeste y un Tero en el pecho. Es que estos Teros, que nos han acostumbrado a hazañas, que han alcanzado hito tras hito, escribieron la noche del 2 de febrero de 2019 (364 días después de la clasificación al Mundial) una nueva historia: esta vez, ganar un partido que parecía que no podían ganar de ninguna manera.
 
Estos Teros, que ya le habían ganado a Canadá en casa, de visitante, por mucho, por poco, jugando bien, jugando mal, ahora lo hicieron jugando con 14 durante 65 minutos: 20-17 en la última pelota.

Una roja a Santiago Arata puso el partido inesperadamente cuesta arriba para los celestes a los 15. Obligó al equipo prodigarse en defensa, a dejar el alma para tratar de disimular los claros espacios que había en la cancha. Cuando eso no alcanzó, cuando los brazos y las piernas por fin de se cansaron, Canadá pasó el frente. Pero fue allí que estos Teros volvieron a sacar la casta, la garra. Con argumentos de juego pero sobre todo con una personalidad arrolladora, para dominar los últimos diez minutos y apoyar los dos tries que le dieron una victoria para la historia, de las mejores de esta larga lista de éxitos a los que nos han acostumbrado. Y encima, con un juvenil como Pujadas apoyando el try definitivo, como para dejar claro que la estirpe se va transmitiendo de generación en generación.
 
Lo de Los Teros fue corazón por sobre todas las cosas. Hasta los 15 minutos jugaron más o menos a lo que pretendían: Buena defensa, con agresividad y mucha actividad y movilidad, dominio en el pack de forwards (no arrollador pero suficiente para generar inercia). Los espacios por afuera no eran muchos, pero con un maul avanzando Arata vio el espacio y jugó bien con el pie para que Favaro se adelantara y apoyara el 5-0 a los 12’.

Luego llegaron esos segundos fatídicos, en los que Arata  tomó la peor decisión y se le colgó a Coe del cuello con la jugada terminada para enterrarlo de cabeza y ver la roja. Y a partir de ahí empezó otro partido. Con Uruguay multiplicando ese tackle y esa actividad defensiva, y con menos riesgo en ataque, apoyándose en los forwards, sabiendo que la aritmética no estaban para los backs.
 
Un penal desde el scrum trajo el 8-0 que era un gran negocio, para un equipo disciplinado pero que jugaba al límite en defensa. Hadta que finalmente Canadá supo leer el espacio en un contraataque de un kick para llegar al try de Sauder con el que se iban 8-5 al descanso.
 
En el segundo tiempo se vino el temporal. De movida try canadiense, moviendo la pelota, viniendo con inercia, en una de las pocas jugadas del partido en la que la defensa uruguaya no tuvo tackles efectivos, para que el visitante pasara 12-8 a los 42’.
 
El equipo de Meneses era como uno de esos boxeadores con un ojo morado, con la ceja rota y con la sangre cayéndole por el rostro, pero que se tapa con los brazos, que se defiende contra las cuerdas, que consigue abrazar al rival, buscando que pase el temblor para poder atacar. Uno tras otro ataque de Canadá dentro de las 22 celestes terminaba en penal del ataque rojo, como para generar los gritos de la tribuna y la motivación celeste.

Pero Los Teros no podían pasar al ataque. Mitad por falta de ideas, mitad porque perdieron la posesión cuando más la necesitaban, entre penales con pelota y errores en la obtención.  Diga que el fullback Theo Sauder tuvo una malísima noche con el pie (11 puntos errados), porque pudo ser el momento que los norteamericanos pasaran definitivamente al frente,
 
De todos todos, la entrega uruguaya en el tackle y la defensa no alcanzó para evitar que Mackenzie llegara al try del 17-8 a los 60’, tras percutir una y mil veces. Nueve puntos de diferencia, un hombre más, el dominio de los últimos 25 minutos… ¿qué podía salir mal para los Canucks?
 
Con lo que no contaban los canadienses, seguramente, era con el corazón uruguayo, que con todos los pronósticos en contra por fin salió a  jugar y buscarlo. Allí fue Gaminara, allí fue Soto Mera, allí fue Prada. Con la rabia de no dejar que una roja tuviera la última palabra. El equipo empezó a mover la pelota y a exigir a la defensa canadiense. Encontró espacios, encontró un rival al que superaba en el contacto, y esa fue la motivación que necesitaba.


 

El maul y varias fases en corto trajeron el try de Dotti para el 17-13. Y a partir de allí los fantasmas de las tres victorias anteriores (más una con los segundos equipos) le empezaron a pesar a Canadá. El hombre de menos no se sentía del lado celeste. Una patriada de Dibu Silva, volviendo a ser aquel de Vancouver, permitió ganar varios metros, y unas cuantas fases después Vilaseca con otra penetración provocó el penal. 

El resto fue el empuje colectivo: en el maul tras el line, en el scrum siguiente (que salvó Gaminara cuando era pelota perdida), en un eterno pick and ho que pareció de media hora, y en el que participaron todos. Hasta la tribuna, que empujaba con el grito de “Uruguay, Uruguay”.

 La historia, el destino: póngale el nombre que quiera, pero alguien quería que fuera try. Era el premio al equipo que tuvo un corazón de oro, y que se rebeló cuando todo parecía perdido y cuando más oscura era la noche. Apoyó Pujadas, el de la nueva generación, pero en realidad fue el equipo entero que creó ese try, para llevarse una victoria agónica, sufrida, merecida y que se recordará por mucho tiempo.

Gracias Teros. Otra vez hicieron historia.

 

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