Julio Vilamajó fue uno de los dos arquitectos sudamericanos (el otro fue el brasileño Oscar Niemeyer) que tuvo como cometido la construcción del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Hecho que tiene un valor real por su extraordinaria trayectoria y simbólico por la política aliadófila del Uruguay. Muere con 53 años cuando mucho se podía esperar de su talento.
En 1960 Román Fresnedo Siri gana en concurso internacional el edificio de la Organización Panamericana de la Salud en Washington. En 1983 Carlos Ott es designado para la realización de la emblemática Opera de La Bastilla en París. En 1997 se inaugura el Tokio International Forum de Rafael Viñoly.
Estos son sólo algunos de los muchos logros obtenidos por arquitectos uruguayos en estas últimas décadas. Una muestra sobre croquis de viaje de arquitectos compatriotas de distintas generaciones parece entonces una buena idea. Y es lo que se puede apreciar actualmente en la Sala Sáez. Así nos podemos encontrar con distintas formas intimistas y afectivas que estos arquitectos realizaron de distintos lugares del mundo, incluido claro el propio Uruguay.
La curadora de la muestra, María Yuguero, dice: “Las monumentales concepciones de Román Fresnedo Siri sensiblemente imaginadas en un tiempo removedor preñado de futuro, armónicas y elegantes al tiempo que integradoras de elementos plásticos ornamentales, y atenidas a premisas fuertemente arraigadas en una estética contemporánea; los exquisitos apuntes intimistas de Rafael Lorente Escudero, de manifiesta seducción por los paisajes donde armonizan edificio y contexto, en general de pequeñas dimensiones y rápido coloreado –como signo inequívoco del dibujante siempre dispuesto a registrar lo bello; los estructurados, racionales, pero expresivos apuntes de Julio Vilamajó –Maestro de égida internacional en los planos teórico y práctico –proyectando obras con sentido intuitivo de afinidad con el entorno o describiendo con espíritu progresista detalles mecánicos de maquinarias modernas, como testimonio de sus premisas arquitectónicas de funcionalidad y rápida aceptación de los avances tecnológicos, son en cualquier caso testimonio de instancias de reflexión o de solaz, reformuladas en códigos icónicos…”.
Así podemos enfrentar croquis de distinta naturaleza y hasta técnicas, permitiendo en ocasiones realizar asociaciones con los mundos que les tocó enfrentar. Así lo que se exhibe de Lorente Escudero nos puede llevar a pensar en la arquitectura industrial, pero también en De Chirico y hasta con el futurismo italiano. Aunque sobre todo nos hace pensar en él mismo, en sus maravillosas realizaciones que llenan de modernidad a su Montevideo. Cabe recordar que este arquitecto estuvo vinculado al Taller Torres García a través del arquitecto Ernesto Leborgne y trabaja en proyectos conjuntos con Julio Uruguay Alpuy, Gonzalo Fonseca, José Gurvich y otros.
Pero aparecen también situaciones monumentales en Fresnedo Siri, tanto como instancias de la vida parisina en Héctor Viglieca, el pequeño legado portugués en Colonia a través de Hugo Gilmet y hasta una mirada posmoderna en Bernardo Cardarelli, entre otros. En suma, una manera muy humana de acercarnos a estas figuras.