12 de abril de 2023 5:00 hs

Alemania se apresta a abandonar la energía nuclear, pero esta fuente de generación de electricidad tiene adeptos en otros países, con los argumentos de su factura climática (cero emisiones de carbono) y de su bajo coste una vez realizada la inversión inicial.

La energía nuclear representa actualmente el 10% de la electricidad mundial y es producida en 32 países, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

El átomo sufrió una frenada en seco tras el sismo en Japón en 2011, seguido de un tsunami, que provocó el desastre de la central de Fukushima.

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Alemania y Suiza anunciaron entonces el abandono progresivo de esa energía y China redujo su enorme programa de construcción de centrales.

El número de reactores en funcionamiento en todo el mundo pasó de 441 en 2002 a 422 a finales de 2022, según el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

La producción nuclear total llegó en 2021 a su nivel máximo histórico, pero el parque de reactores está envejeciendo y su renovación desacelerándose.

En 2022 solo se anunciaron diez proyectos, la mitad de ellos en China. En 1976 habían sido 44.

Campeones históricos

AFP

Estados Unidos sigue siendo la primera potencia nuclear civil, con 92 reactores. Su edad media de actividad de 42 años y solamente tiene 2 en construcción.

Francia tiene 56 reactores, con una edad media de actividad de 37 años. Es el país con más energía de origen nuclear por habitante en el mundo.

Hasta el año pasado, Francia planeaba reducir paulatinamente su dependencia del átomo, pero el presidente Emmanuel Macron dio un giro y anunció la construcción de seis reactores como mínimo. El primero debería empezar a funcionar entre 2035 y 2037.

Gran Bretaña, otro pionero de esta energía, tiene nueve reactores en funcionamiento, la mayoría en ciclo final.

De aquí a 2050 planea construir ocho, pero los costes del único reactor que ya inició sus obras, Hinkley Point C, han subido estratosféricamente.

China y Rusia, grandes constructores

Los dos países más activos actualmente en el frente nuclear son China, para su mercado interior, y Rusia, que se ha especializado en la construcción de centrales en el extranjero.

De los 25 reactores cuya construcción arrancó en los últimos tres años, los que no están localizados en China están a cargo de una firma rusa, según el informe independiente World Nuclear Industry Status Report (WNISR).

China tiene 57 unidades y utiliza indistintamente tecnología rusa, francesa, estadounidense o canadiense.

Rusia está construyendo cinco reactores en su territorio y 20 en una amplia variedad de países: Bangladés, Bielorrusia, China, Egipto, India, Irán, Eslovaquia y Turquía.

"La novedad es la entrada de países que hasta ahora no tenían energía nuclear: Bangladés, Egipto...", explica Mycle Schneider, autor principal del WNISR, que señala lo que parece una estrategia rusa para "crear interdependencias a largo plazo".

Declaraciones de intención

AFP

La crisis energética provocada por la guerra en Ucrania ha llevado a muchos países a anunciar la reactivación de los programas de desarrollo de la energía nuclear, aunque por el momento se trata solo de declaraciones de intención.

Bélgica anunció en 2003 que renunciaba a los reactores, pero ahora está dispuesta a prolongar su funcionamiento otros diez años.

Japón dice estar reflexionando, pero la opinión pública es reticente.

Para Polonia, República Checa o India, la urgencia es eliminar su dependencia del carbón. Suecia y Países Bajos también han expresado su interés en esta fuente de energía.

Nueva Zelanda en cambio se ha refirmado en su rechazo al átomo.

El OIEA calculó en 2022 que la potencia instalada de la energía nuclear se duplicará de aquí a 2050.

Desmontar una planta

Desmantelar una central nuclear no es tarea fácil; al contrario, puede llevar décadas de delicado trabajo. El caso alemán es un ejemplo.

Tras la reunificación alemana, Hartmut Schindel, un operario de la central nuclear de Lubmin, pensaba que debería buscarse otra forma de ganarse la vida, pues rápidamente se decidió el cierre de esa planta, la mayor de Alemania Oriental, desaparecida con el bloque comunista.

Pero 33 años más tarde, Schindel sigue trabajando en esa central a orillas del mar Báltico, o al menos en lo que queda de ella después de varias fases de un desmantelamiento que aún no llegó ni a la mitad.

"Estábamos convencidos de que se desharían de nosotros", recuerda este empleado que comenzó como aprendiz, se especializó luego en la gestión de residuos nucleares y ahora se ocupa de la comunicación de la planta.

Las obras, que se iniciaron en 1995, eran titánicas: se debía desmantelar cinco reactores y descontaminar 1,8 millones de toneladas de material potencialmente radiactivo. Actualmente, unas 900 personas siguen trabajando en Lubmin.

"Ninguna radiactividad artificial (producida por los reactores) debe escapar de aquí. Actuamos con mucho cuidado y eso, forzosamente, lleva tiempo", explica Schindel.

El mismo proceso se iniciará en las tres últimas centrales nucleares en funcionamiento de Alemania, cuando cesen definitivamente sus actividades el próximo sábado.

En el taller central de Lubmin, un ruido constante acompaña a los trabajadores, con cascos y vestimentas de protección.

Cortan, comprimen y purifican bloques de acero o haces de cables, equipados con un dispositivo especializado: soplete de 1.200 grados, sierra de metal XXL, chorros de agua de alta presión.

Los materiales se almacenan en palés estandarizados de 120 por 80 centímetros. Los residuos radiactivos se colocan en otra área, dentro de enormes contenedores rojos, amarillos y azules.

Partes enteras de la central desaparecen así lentamente, a un ritmo de 600 toneladas al año. 

En los cinco reactores, activos entre 1973 y 1990, algunos componentes siguen emitiendo radiaciones en dosis elevadas.

"Para desmontarlos de forma segura, hubo que construir un edificio especial, que estará listo en 2025", explica Kurt Radloff, portavoz del grupo EWN encargado de la obra.

Los componentes más radiactivos serán sumergidos en agua y se desmontarán a distancia, "una técnica pionera" que podría inspirar el desmontaje de las otras centrales, apunta.

La cuestión de su almacenamiento es más espinosa, ya que Alemania no dispone hasta ahora de ningún centro para enterrar residuos altamente radiactivos.

Sin olvidar el reto del reciclaje, ya que 98% de los materiales de la central, una vez descontaminados, podrán reutilizarse.

El desmantelamiento de la central de Lubmin es un caso especial. Los costes de desmontaje se dispararon y los retrasos se acumularon. Y se necesitarán unos treinta años más para completar el trabajo.

"Al principio, se esperaba que todo terminara hacia 2030", explica Christian von Hirschhausen, experto del instituto económico DIW.

"Pero fuimos aprendiendo de a poco, a medida que se desmantelaba la central", concede Radloff.

Además de la enorme dimensión del sitio, las centrales de Alemania Oriental son "más complejas" de deconstruir, porque se han perdido datos en el momento de la reunificación.

Tras la caída del Muro de Berlín, se decidió el cierre de Lubmin por razones de seguridad, aunque parecía "construida para la eternidad", recuerda Schindel, que pronto se jubilará.

Una veintena de reactores han dejado de generar energía en los últimos años, aunque los procesos de desmantelamiento deberían ser más cortos que en Lubmin.

La mayoría de los operarios se someten diariamente a un procedimiento largo y tedioso, en espacios tabicados, con cambios sucesivos de ropa de trabajo y escáneres en cabinas estrechas.

Dentro de ellas, acatan las instrucciones de una voz robótica grabada en los años 1980, hasta que oyen: "Gracias. No hay contaminación".

Las pruebas de radiactividad se aplican también a cada palé que sale del emplazamiento. Si la luz es roja, se vuelve a descontaminar.

Incluso las cámaras y las baterías de los periodistas no escapan a ese control, que puede durar unos 40 minutos.

Imagen insólita en este entorno de seguridad drástica: un club de tenis local se entrena en una cancha situada en la parte superior del antiguo bloque 6, reactor que nunca entró en servicio y fue reconvertido hace mucho tiempo.

(Con información de AFP)

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