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Espectáculos y Cultura > LA DÉCADA 2010-2019

De las grandes visitas a la coronación del hip hop: cinco tendencias que marcan la música de los 2010

Nuevos métodos de consumo, géneros populares y la inserción de Montevideo en las giras internacionales

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29 de diciembre de 2019 a las 05:00

Al igual que ocurre con el mundo audiovisual, la música también tuvo un cambio de paradigma en su consumo durante la última década. Con la masificación definitiva de internet en la década pasada, la industria musical sudó la gota gorda a causa de la piratería y el consumo digital, pero a medida que la velocidad de las conexiones se hizo más veloz, el streaming comenzó a ganar espacio en detrimento de las descargas. Plataformas como iTunes, Tidal y sobre todo, la sueca Spotify, se convirtieron a lo largo de los años 2010 en el método más habitual de acceso a la música, al tiempo que YouTube también ganó espacio en ese rubro. La plataforma de videos se convirtió también en la más usada para escuchar música. Según publicó en julio de 2019 el Washington Post, la plataforma propiedad de Google recibe cada mes a mil millones de oyentes. Al igual que con otros soportes artísticos, el streaming también ha acarreado la sensación de que ya no hay una homogeneidad en lo que se escucha: los hits siguen existiendo y hay canciones repetidas por todas partes, pero la radio ya no tiene la hegemonía, y la celebridad puede llegar de forma autogestionada por el artista, o a través de las plataformas digitales. Aunque también ha acarreado otros desafíos, como el poco dinero que reciben los creadores por sus reproducciones virtuales (Spotify paga US$ 0,004 por reproducción).

La era del streaming
El disco ha muerto, larga vida al simple

Los cambios en el consumo musical (la perdida de dominio de los soportes físicos y el ascenso de lo digital, la curaduría personal a través de la confección de playlists y la sucesión de canciones elegidas por un algoritmo en base a los gustos del oyente) han llevado a que al menos en la música pop, se haya dejado de lado la modalidad del disco, que dominó las últimas cinco décadas en la industria, para volver a un sistema que ya tuvo su época de dominio antes de los años 1960: el simple. Las canciones sueltas o a lo sumo, una compilación de dos, tres o cuatro novedades es el método más habitual en estos tiempos. Claro, cada lanzamiento se realiza con mucho bombo, viene con su videoclip y en las semanas siguientes aparecen remixes o versiones alternativas con artistas invitados – o al menos invitados que no están en la versión original -. Los discos, como pasaba hasta los 60, son colecciones de singles que ya han sido publicados con algún agregado menor, aunque el álbum no ha desaparecido. Hay géneros como el rock donde siguen siendo la base, e incluso hay artistas pop que no reniegan de ellos (desde Beyoncé hasta Harry Styles y Taylor Swift), sino que crean obras más o menos conceptuales para ser consumidas en su totalidad, que se convierten en eventos mayúsculos, y suelen copar buena parte de la charla. En paralelo, el vinilo ha tenido un resurgimiento dentro de los formatos físicos, en una combinación de esnobismo, una búsqueda de conexión con un objeto bello y tangible en un mundo cada vez más digital, y un aprecio por la buena calidad de sonido que ofrece ese soporte.

El hip hop es el nuevo pop

Esta década que termina fue en la que el hip hop completó un círculo que ya atravesaron otros géneros, como el rock o en cierta forma, el tango. Nació en los años 70 como algo marginal, en los 80 consolidó su identidad, en los 90 se masificó, y entre la década pasada y esta pasó de ser un género de nicho a ser pieza integral del pop mainstream. En Estados Unidos se convirtió, en 2017, en el género más consumido, desbancado al rock. En el resto del mundo ha ganado también preponderancia, tanto con artistas extranjeros como nacionales. Uruguay no es la excepción: si bien hay hip hop nacional desde al menos los años 90, fue en el último quinquenio en el que un contingente de bandas y raperos solistas comenzaron su despegue hacia la masividad, acompañados por algunos veteranos del género. El hip hop ya tiene participación en los grandes festivales musicales, y hasta tuvo el suyo propio, organizado por la Intendencia de Montevideo. Mientras que los hip hoperos uruguayos tienen una mayor influencia de España y de los clásicos estadounidenses, en los últimos años también han aparecido algunos locatarios, pero sobre todo, una corriente argentina de un subgénero que se ha transformado en la nueva moda del hip hop y del pop: el trap. Aunque apareció en la ciudad de Atlanta hace 30 años, fue en la última parte de esta década que este sonido, caracterizado por el uso del platillo hi-hat para llevar el ritmo (en lo que musicalmente se conoce como subdivisiones binarias), sonidos graves, la presencia de sintetizadores y un tono a la vez épico y triste, así como el uso del autotune (es decir, la afinación artificial) para las voces. Ya sean argentinos, estadounidenses o puertorriqueños, los traperos se han consolidado y ganado espacio en los sonidos más escuchados. El hip hop también ha sido uno de los géneros que mejor aprovechó el envión del streaming, e incluso el excéntrico Kanye West dijo que su disco Life of Pablo marcaba la muerte definitiva del CD, y solo lo publicó en formato digital.

Montevideo entra al circuito de los grandes shows

Como no se veía desde mediados de los 90, Montevideo se convirtió durante esta década en una parada más frecuente para las giras de artistas internacionales, a veces ayudado por la coyuntura regional que hacía más difíciles las visitas de los músicos extranjeros a Argentina, por un público local con mayor poder adquisitivo y una mejor estructura de producción, con empresas establecidas y dedicadas a este rubro. Si bien en los primeros años de la década ya hubo algunas visitas, como el regreso de Roxette y la llegada de la versión moderna de los Guns n’ Roses (con Axl Rose y nadie más), el quiebre se marca con la primera de las dos presentaciones en Montevideo de Paul McCartney. El paso del exBeatle por el Centenario en 2012 (en detrimento de Buenos Aires) puso a la ciudad en el circuito, y durante los años siguientes se presentaron en la capital tanto leyendas veteranas, como artistas de moda, y referentes de subgéneros como el punk, el indie y el britpop. Patti Smith, Ed Sheeran, los DJs Armin van Buuren y Carl Cox, Roger Waters, Nick Cave, Phil Collins, David Byrne, The Pretenders, Gorillaz, Iggy Pop, Morrisey, Kiss, Franz Ferdinand, One Direction, New Order, Blur, Aerosmith, los Jonas Brothers y hasta los Rolling Stones fueron algunos de los que pasaron (en su mayoría por primera vez) por Montevideo, con shows que hasta esta década había que viajar para ver.

Los idiomas ya no importan

Para algunas cosas, las fronteras se han difuminado. Así como algunas bandas de rock uruguayas han logrado proyectarse hacia la región, los oídos de todo el planeta han empezado a recibir propuestas extranjeras y las han abrazado al punto que se han convertido en géneros redituables. En esta década, en particular, han emergido dos tendencias, la del kpop, y un boom de la música latina, en particular la producida en las zonas aledañas al Caribe y en Estados Unidos. Hallyu es un término coreano que se traduce como “ola coreana”, y que refiere a la exportación de cultura surcoreana, ya sea programas de televisión, cine o música. En los años 90 la ola se extendió por el continente asiático, en los 2000 llegó a Norteamérica, y en esta década que termina se expandió al resto del mundo. El primer aviso vino con el Gangnam Style, aquella extraña canción que se hizo viral gracias al “baile del caballo”. Por detrás de su responsable, el rapero PSY, llegaron bandas pop como BTS y Super Junior, que se han convertido en fenómenos mundiales, impulsados en parte por el gobierno surcoreano, que utiliza a la cultura como una forma de dar a conocer a su país. En tanto que gracias al reguetón y el trap, la música latina trascendió a los mercados hispanoparlantes. Las canciones de artistas como Ozuna, Maluma y Daddy Yankee son de las más escuchadas cada año a nivel internacional, y esta década vio también un fenómeno irrepetible como el de Despacito, la canción de Luis Fonsi que llegó al primer puesto de los rankings en 80 países, es el video más visto de la historia de YouTube, y se la considera como la iniciadora de un período de expansión mundial para la música en español.

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