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El potencial estético y las cuatro fuerzas fundamentales

Hoy en día está de moda el contour que es una nueva tendencia que se basa en una técnica para darle luminosidad a tu rostro, pero la belleza no pasa por eso

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12 de marzo de 2019 a las 05:04

Por Priscila Guinovart*.

El comienzo de estos párrafos se vio retrasado por mis propios prejuicios; a saber, un pánico indescriptible a sonar superficial - dicho sea de paso, mucho se habla de “empoderamiento femenino” pero desde el momento en el que una recurre a Google para saber cómo retrasar el envejecimiento de la piel, no falta quien te tilde de frívola. Voilà mi libertad. Consideré entonces jugar con la semántica: ¿y si en vez de titular esta columna “cómo lucir más bella” la bautizo “explote su potencial estético a través de simples hábitos (no ‘rituales’ ni nada que consuma demasiado tiempo)”?. No, no funcionaría.  

¿Cómo disimular mi miedo al ridículo intelectual? El lector debe saber, de antemano, que esta no es una columna sobre “tips” que nos imponga “aparentar”. Aparentar es afirmar que uno ostenta un doctorado en Física cuando en realidad no podría enumerar las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza (gravedad, electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte). No, para nada. Lo que propongo aquí es cuestionar nuestros estereotipos de belleza (no, no voy a agarrar para el lado que usted imagina) y la forma en la que uno los imita hasta perpetuarlos y clavarlos en la memoria colectiva como verdades indiscutibles.

“No tenés nada que temer”, me digo. La realidad es que - y esto no es el chiste que desearía que fuese - incluso trabajando 12 horas por día, y a pesar de hablar cinco idiomas con fluidez y de estar leyendo un extensísimo análisis sobre la obra de Homero, existe un miedo inmensurable entre mujeres a hablar de estética, no vaya a pasar una por superficial. Parece que si no intentamos refutar a Thomas Piketty (convengamos que la elegí bien fácil) con cierta asiduidad,  una es lisa y llanamente idiota. Y no, en la mayoría de las ocasiones, esta “microviolencia” no viene de los hombres.

En fin, al punto - pues mis inseguridades son sapo de otro pozo -: ¿han notado lo distorsionado que está el concepto de belleza? No me refiero a cuestiones de peso ni cosa que se le parezca, sino a que, con demasiada frecuencia, las mujeres solemos asociar “verse bella” o “producida” (admito no comprender del todo este adjetivo) con mucho (¡mucho!) maquillaje. Internet está lleno de tutoriales que básicamente nos enseñan a cambiar la forma de nuestra cara y camuflar todo rastro de humanidad con cinco capas de base. Un verdadero horror.

Por supuesto, la belleza es relativa. Una persona maquillada en exceso es, seguramente, “bella” según los estándares de millones de individuos en el mundo. Pero - justamente - la hegemonía del contouring está matando esa relatividad, la subjetividad que hace que la hermosura sea… pues bien, hermosura.

Extensiones en el cabello, en las uñas, en las pestañas… no, el alcance del potencial estético no pasa por allí. A continuación, una lista (muy corta y personal, evidentemente), de por dónde va la mano cuando de belleza se trata:

Una buena piel es una piel limpia.
Este postulado abarca mucho más que el maquillaje y la obligatoriedad de deshacernos de él tan pronto como podamos. Recordemos que el simple hecho de caminar por la calle es nocivo para nuestro órgano más grande. Lo ideal es limpiar nuestra piel tres veces por día y exfoliarla dos veces por semana.

Limpiar la piel, sí; jabón… no.
A menos que sea uno específicamente desarrollado para uso facial.  En mi experiencia, un agua miscelánea basta.

Dientes y uñas, reflejo indiscutido de salud y belleza.
Ni locos blanqueamientos ni acrílicos. Use hilo dental después de cada comida (sí, es tan importante como el cepillado) y coma de manera equilibrada. Recuerde que en su plato debe haber abundantes fibras, proteínas (de diversas fuentes) y cereales. Una mala alimentación se reflejará en todo su cuerpo, no solo en un potencial aumento o pérdida de peso.

No se realice un corte de pelo que no pueda reproducir en su casa.
Nos ha pasado a todos, ¿verdad? Salimos de la peluquería hechos unas estrellas de Hollywood y escasos días después, nuestro cabello es una masa amorfa que pasaría por un zorrillo muerto. Less is more: un corte sencillo que no nos demande un talento reservado a profesionales o a personas con mucho tiempo libre, suele ser la mejor alternativa.

Use protector solar.
Sí, sí: la vitamina D es necesaria. No obstante, la exposición al sol seca y avejenta la piel. Use protector solar en todo su cuerpo, independientemente de la estación.

¡Manténgase hidratado!
Su piel, su cabello, sus uñas y su metabolismo se lo agradecerán. ¡Ah! No olvide que uno se hidrata con agua sin gas, no con mate o café o vino.

Ojo con las bases.
Las bases no siempre tienen éxito a la hora de esconder nuestros defectos. En determinados tipos de piel, de hecho, tienden a acentuar las líneas de expresión. Esto se debe a la textura del producto, motivo por el cual es conveniente recurrir a las muestras que suelen lanzar las distintas marcas de la industria para después elegir una base que sea su amiga, y no su opuesto.

Los pies son importantes.
Necesitamos de ellos para hacer básicamente cualquier cosa y aún así, son víctimas de una inmensa negligencia de nuestra parte. Una pedicuría básica no requiere de una inmensa inversión. Una exfoliación regular es de gran ayuda, así como dejarlos respirar e hidratarlos con frecuencia. Después de todo, el peso de toda nuestra existencia recae sobre ellos. Merecen algún mimo, ¿no es así?

Notará el lector que todos mis consejos, o la mayoría de ellos, están relacionados con el cuidado de nuestra salud. La salud es belleza que perdura, que trasciende. El maquillaje y las extensiones son ornamentos, como un buen par de caravanas: sí, quedan bien en una ocasión particular, pero no son usted.

Por último, acotaré que la fuerza nuclear débil no es tan débil, puesto que es más fuerte que la gravedad (que es, en efecto, la más débil de las fuerzas fundamentales). Por otro lado, al fin y al cabo “La Ilíada” y “La Odisea” tratan de lo mismo: libre albedrío versus predeterminación.

À la prochaine!

*Esta nota fue originalmente publicada en Blog Delicatessen

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