Opinión > EDITORIAL

El alma de Vitale

Uruguay debe darle las gracias a Ida Vitale 

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25 de abril de 2019 a las 05:00

E l premio Cervantes 2018 a la poeta compatriota Ida Vitale nos ha colmado de orgullo a todos y, no menos, el contenido de su conferencia y la naturalidad con la que habló desde lo alto de la cátedra del Paraninfo de la antigua Universidad de Alcalá, el martes 23, cuando a los 95 años de edad recibió el más distinguido galardón de las letras en español. 

La poeta uruguaya, con un temple que hizo honor a su apellido paterno, leyó una conferencia con gratos recuerdos de su infancia y época escolar, de la influencia cultural de su abuelo italiano, de su temprana fascinación por la poesía de Ludovico Ariosto y su devoción permanente por el Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

El inicio improvisado de su conferencia, en el que confesó su necesidad de “abrazar” y decir cosas “absurdas y desacomodadas” en lugar de dar lectura a sus razonadas palabras escritas, nos habla de una mujer auténtica, con un fino sentido del humor y sencilla, apartada de oropeles y fanfarrias. Sus gestos de respeto y consideración hacia los reyes de España, lanzando besos con sus manos hacia los distinguidos invitados en la imponente edificación del siglo XVI, hablan de la diáfana personalidad de Vitale, algo que está muy presente en su poesía. El jurado del Cervantes valoró “su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda”. 

La dramaturga Josefina Trías se preguntaba ayer en El Observador, en una nota alusiva a Vitale, si “somos conscientes de lo que esta mujer de letras, por su vida y su obra, representa”. Y la verdad es que no la tenemos muy presente y muchos menos todavía el significado de lo que hemos perdido.

Su historia vital nos muestra todo lo mejor de un Uruguay integrado, lleno de oportunidades, un país “epígono de Europa”, al decir del historiador Washington Reyes Abadie, que fue recreado por los emigrantes del viejo continente en el siglo XIX.

El Cervantes a Vitale ha sido un premio a una gran mujer que supo aprovechar lo mejor que ofrecía el país, un legado que hoy resulta difícil proyectar porque se trata de valores y saberes que poco a poco se nos están escapando de las manos.
Vitale es una masilla de ese Uruguay perdido y que se continuó moldeando con la hospitalidad de México que supo acogerla en los tiempos nefastos de nuestra dictadura militar.  Un país que la recibió con los brazos abiertos y en el que pudo lucir su gran talento de la mano de Octavio Paz. 

Hoy, desde su nuevo hogar en Malvín, Vitale es una agradecida de lo que le dio su país, de la bienvenida de México y de lo que le ofreció Estados Unidos, durante su estancia en Austin, Texas. 

Italo Calvino le confiere una gran importancia a la levedad en la escritura, un valor que podemos percibir en el universo poético de Vitale, cuyo lenguaje, y también actitud de vida, nos ayuda a alejarnos de la pesadez, de una “opacidad del mundo” que por momentos se convierte en una piedra.

Solo por eso es que deberíamos ser nosotros quienes le demos las gracias a Vitale que, por un excepcional talento literario, que se nutre de un espíritu apacible y libre, este miércoles ocupó la tapa de diarios internacionales, un lugar en general reservado para uruguayos como Luis Suárez. 

 

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