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Robert Lima, uno de los símbolos del segundo quinquenio de Peñarol

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El Bola Lima repartió carne, salía en las Llamadas, fue a Los Aromos en su motito y dejó a Gregorio "patas arriba"

El exfutbolista de Peñarol falleció este jueves y dejó su recorrido en el fútbol marcado con historias e inolvidables anécdotas

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18 de junio de 2021 a las 18:06

Fue repartidor de carne en Melo, trabajo que le consiguió su primer entrenador, Danielo Núñez -actual técnico de Cerro Largo- cuando lo dirigió en Melo Wanderers. El Bola Lima fue mucho más que un zaguero recio, con un corazón de oro (porque todos lo querían), aunque a fines del año pasado, ese mismo corazón que este jueves se apagó para siempre, le había dado un susto importante por el que estuvo internado.

Robert Lima vivió su infancia en Melo y fue criado por su abuela. Por esa razón, Danielo Núñez, quien trabajaba en la carnicería La Reina, en Justino Muniz y Castellano, atrás del club Unión de la capital arachana, le consiguió un trabajo con el cual ayudaba también a su abuela económicamente.

Recuerda Danielo a Referí que no le gustaba entrenar a sus 14 años y cuando se jugaban los partidos, “lo pasaba a buscar por su casa en la bicicleta para ir a la cancha”.

Robert Lima defendiendo a Melo Wanderers de sus pagos en Cerro Largo cuando lo dirigía Danilo Núñez; es el penúltimo de los parados hacia la derecha

En los ratos libres y en carnaval, le gustaba salir con las comparsas en las Llamadas, ya que le daba con todo al piano, el tambor más grande.

Empezó en Quinta división y si el técnico no pasaba a buscarlo, no iba a jugar.

Con Melo Wanderers fue campeón de los cuatro torneos que disputó en Cerro Largo: el Preparación, el Ciudad de Melo, la Liguilla y el Departamental.

Walter "Indio" Olivera fue quien pidió que trajeran desde Melo a Robert Lima a Peñarol

“Luego lo llevé a la selección juvenil de Cerro Largo. Jugaba de zaguero y a veces de lateral, pero donde explotó en esa posición fue en Peñarol”, agrega.

A fines de 1989 dejó sus pagos y viajó a Montevideo. ¿Quién había recibido buenas referencias suyas? Un ídolo de Peñarol, hoy integrante de la dirección deportiva y quien sería el que lo hizo debutar en la Primera mirasol cuando estuvo en un interinato junto a Roque Máspoli: el Indio Olivera.

En los aurinegros había un melense que jugaba de ‘9’, quien nunca llegó a debutar en Primera y así comenzaron los contactos para contratarlo.

Entonces Lima se hizo el bolsito y junto a Luigi Rodríguez se vinieron para la capital. Aquel paso marcó un cambio tremendo en su vida. Un año después llegaron, también desde Melo, Boris Acuña y Heberley Sosa.

Robert Lima, titular en Peñarol y antes de un partido

“Él venía ascendiendo y lo dirigí en Peñarol en 1991. Empecé a conocerlo porque era muy joven y yo también, tenía 34 años”, contó a Referí, Ricardo “Tato” Ortiz.

En 1991 había integrado la selección sub 20 que disputó el Sudamericano de Venezuela. Ese equipo logró el tercer puesto y la clasificación al Mundial de Portugal. Jugó de zaguero junto a Paolo Montero, con el Colorado Néstor Márquez y Mario Peñalba como laterales, una recia zaga de zurdos.

Ese año, César Luis Menotti hizo un selectivo con juveniles de Peñarol y Lima fue uno de los elegidos. Trabajó con su ayudante Ángel Cappa, pero no llegó a debutar en el primer equipo. 

Gregorio Pérez lo conoció en 1992 cuando con Gimnasia y Esgrima La Plata enfrentaron a Peñarol en los cuartos de final de la Copa Conmebol. El aurinegro venía de eliminar por penales a Danubio y jugó con un equipo alternativo ya que los titulares estaban de gira por Europa y ese mismo día perdió 2-1 con Bari en Italia.

Hasta que Gregorio Pérez se hizo cargo en 1993 y tomó al Bola Lima como un estandarte de la defensa aurinegra.

Robert Lima y el utilero Tito, un amigo de todos los jugadores y exjugadores de Peñarol

En la pretemporada, Enrique De los Santos, que venía de Basáñez donde había jugado a préstamo, iba de ‘5’ y Darwin Quintana, retornado de Rampla Juniors, de zaguero. Pero a la tercera fecha decidió cambiar el equipo. De los Santos pasó a la zaga, el Bola Lima al lateral y para la cuarta fecha tenía armada la oncena.

Las anécdotas con Gregorio

Gregorio Pérez, quien lo tuvo en cuatro años del segundo quinquenio, recordó una anécdota imperdible en el libro Quinquenio, que editó Editorial B en 2017, al cumplirse 20 años del logro de Peñarol con sus cinco títulos consecutivos en el fútbol uruguayo.

“Me operaron de una hernia de la ingle. Se venía el viaje a jugar la Copa Parmalat en San Pablo. Llovía y había un barrial bárbaro en Los Aromos. Me habían dado el alta, y aunque me tenía que quedar en casa, fui al entrenamiento. Me abrigué bien y me puse en la mitad de la cancha a hacer unos trabajos por esa obsesión de estar siempre. Entonces les dije a los jugadores: ‘Bueno, yo me voy a parar en la mitad de la cancha, traten de esquivarme’. Habían terminado de calentar, estábamos ahí en la rueda hablando y le digo en broma, ‘¡y vos tené cuidado Bola!’. Y el Bolita jugaba como entrenaba. Era así, no era malintencionado, era temperamental. Y agachaba mucho la cabeza porque transportaba”, recordó el DT.

Gregorio Pérez y Robert Lima, dos viejos conocidos que hicieron historia en Peñarol

Así siguió el relato de Gregorio: “Entonces yo estaba parado en una carga de los suplentes, salieron los titulares y apareció el Bola por el lado de la pared de Los Aromos y yo parado en la mitrad de la cancha. Y el Bola arranca en diagonal hacia el medio. Y lo veo venir... Algunos muchachos empezaron a decir, ‘¡cuidado Bola!’. Y venía como un toro. Y le grité: ‘Cuidado Bola que estoy parado acá’. ¡Y pah! Me tiró en el barro. Caí con las patas para arriba. Se me salieron los puntos y desde el suelo le grité ‘¡la puta madre que te parió Bola!’. Pobre Bola, quedó blanco. Los muchachos me pararon, me acomodaron ahí como pudieron, me dejaron parado. Y viene el Bolita me dice: ‘Disculpe Gregorio, no lo vi’. Y le contesté: ‘¡Cómo no me vas a ver si mido 1,85. ¿No me vas a ver? Arrancaste 40 metros con la pelota derecho a mí y encima le pegás’. Después venía a pedirme disculpas. Terminé en el sanatorio para ver qué me había pasado. A los dos días me fui para San Pablo”.

Cuando tiró para afuera a Hugo Sánchez

A fines de marzo de 1993 jugaron el último partido de pretemporada ante la selección de México en el DF mexicano.

Así lo recordó Gregorio Pérez: “Estando en México me fue a visitar el profesor José Ricardo De León, que estaba brindando charlas. Teníamos una gran relación porque me había dirigido en Defensor (en 1976, cuando por primera vez un equipo chico logró el primer Uruguayo de la historia)”.

Robert Lima y Cristian Rodríguez en uno de sus últimos encuentros en plena pandemia

“Empezamos a hablar y le dije que estaba trabajando lo mismo que hacía con él en Defensor, el pressing, por esa mística que tiene Peñarol de meter a los equipos debajo del arco y porque hay una necesidad imperiosa de salir campeón. Y me preguntó: ‘¿Acá también le vas a hacer pressing a esta selección?’. Tenían un cuadrazo, jugaba García Aspe, Hugo Sánchez. ‘Sí, profe -le dije-. Ahora no puedo cambiar y esperar atrás’. ‘Mira que son bravos cuando empiezan a tocar’, me advirtió. Era una selección bárbara y sabía que era una parada difícil. Pero allá fuimos. Empezamos a hacer el pressing y de pronto llegó una pelota larga a Hugo Sánchez, salió el Bola Lima, lo cruzó y lo dejó sentado en la falda de todos los que estábamos mirando desde el banco. Desapareció Hugo Sánchez. Nos pusimos 1-0 y nos empataron pasada la hora con un penal que no fue. Ahí fue una demostración de que se veía que podíamos armar algo importante”, dijo Gregorio en el libro Quinquenio.

En la motito con Martín Rodríguez

Martín Rodríguez fue compañero del Bola en el segundo quinquenio. Así recordó algunas anécdotas con él.

“En la Tercera división era de arreglarse los pelos y se agarraba esos rulos y se los ponía bien. Y el Indio (Olivera) le decía: ‘No, no, Bola. Sáquese los dientes para jugar y póngase feo. ¡Es defensa!’”.

Robert Lima junto a José Perdomo y Gabriel Cedrés en el Centro de Alto Rendimiento de Peñarol

También comentó al libro Quinquenio que una tarde de 1992 llamaron a Las Acacias para avisar que él y Lima no iban a practicar con Tercera, porque debían presentarse en Los Aromos para entrenar con el plantel principal.

“El Indio Olivera nos dijo que nos teníamos que ir. ‘¿Y en qué nos vamos Bola?’, le pregunté. El Bola tenía una motito y arrancamos los dos. La dejamos en 8 de Octubre, agarramos un ómnibus de Copsa que nos dejó en la ruta y nos fuimos a pie hasta Los Aromos. Llegamos y nos presentamos”, agregó el exdelantero. 

Las “caricias” al Marujo Otero

Marcelo “Marujo” Otero era endiablado con la pelota y el Bola Lima un defensa recio y duro. Como rivales eran dinamita. Y en la práctica una mañana en Los Aromos habían quedado frente a frente.

Robert Lima nunca dejó de hacer ejercicio en plena pandemia

‘¡El Bola te pegaba cada patada! En esa práctica casi terminamos a los piñazos, después que me dio una patada terrible. Siempre encaraba para el lado de él, porque era el más fácil para pasar. Hicimos una pared, no recuerdo con quién, y el Bola me levantó en la pata. Cuando me levanté le dije: ‘No te hagas el vivo porque te arranco la cabeza acá adentro o afuera’. Al lado de él parecía nada. ¿Te acordás lo que era el Bola…? ¡Estaba enooorme! Él seguía ahí, en el lateral y se mantenía callado, no me decía nada. A la jugada siguiente, otra vez lo encaré y ¡otra vez zas! Me mataba. Cuando terminó el partido no me aguanté, fui lo encaré y le dije: ‘Bo, ¿qué querés? ¿Querés pelear?’. Me agarra, me abraza y me dice con un poco de humor: ‘No, Marujito, quédate tranquilo. No sabés la calentura que tenía’”, indicó Otero en Quinquenio.

Cuando lo pusieron de enganche

Otro que tuvo un vínculo con Lima fue Ernesto Dehl, actual presidente de Cerro Largo, y quien en su momento lo contrató para que defendiera esos colores.

“Todas las semanas íbamos juntos de Montevideo a Melo. Yo lo llevaba. Era un personaje muy particular. Hace poco estuvimos conversando para que tomara la gerencia del club más adelante”, contó Dehl a Referí.

Y agregó: “Yo lo contraté con Heberley Sosa, Luigi Rodríguez que hoy está en la Tercera de DT. Una de las anécdotas más jocosas que recuerdo fue cuando un técnico de Cerro Largo (que ya no está) lo puso de enganche en la Segunda división profesional. Hasta él se reía. Yo le decía ‘qué 10 se perdió el fútbol uruguayo’”.

Robert Lima y el ejercicio fueron muy buenos amigos desde que se hizo profesional e incluso luego de haber dejado el fútbol rentado

El Bola Lima salvó su vida un día por no viajar con Dehl. Siempre iban juntos hasta que un día no pudo. Ese mismo día, el hoy presidente de Cerro Largo, volcó en un accidente grave con su automóvil. La parte del acompañante, en donde debería haber ido -como de costumbre- el Bola Lima, quedó con todos los hierros retorcidos.

“Me di un golpe muy fuerte en la ruta 8 a la altura de la rotonda de José Pedro Varela y ese día Robert no fue conmigo, y del lado del acompañante el auto quedó todo partido. Yo siempre le decía ‘te salvaste porque justo no viniste’ y él me contaba ‘¡qué liga que tuve!’”.

Dehl recuerda que “nunca lo veías enojado. Se va un referente del fútbol uruguayo”.

El recuerdo del Tato Ortiz

Como se escribió, Tato Ortiz lo dirigió en sus inicios en Peñarol y muchos años después, lo volvería a hacer.

“El Bola dirigía al fútbol senior del Náutico y se fue con Matosas a Arabia a dirigir, y ahí quedé en su lugar. A la vuelta, volvió como jugador y lo volví a dirigir, compartimos muchísimas cosas lindas, ganamos algún título”, dijo Ortiz a Referí.

Luego tuvo oportunidad de dirigir en Honduras y volvió a entrenar con sus amigos. “Era una persona de bien, y quedó demostrado lo que lo quiere todo el mundo. Esto parece como una pesadilla”.

Ricardo Ortiz y Robert Lima, dos viejos conocidos desde Peñarol y en esta ocasión, ganando copas con Náutico

El Tato dice que hace un tiempo, “jugaba en la categoría de más 35 y de más 45 al mismo tiempo. En más de 45 años, lo ponía jugando en el medio y si se complicaba, lo mandaba jugar atrás”.

Había estado durante ocho años en las divisiones formativas de Peñarol y en los últimos meses, además de seguir con sus estudios como técnico y manager deportivo, se había dedicado a la política y apoyó al Partido Nacional.

El jueves a la noche estaba dirigiendo a un equipo, ingresó a la cancha a jugar y el corazón esta vez, le dijo basta.

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