La vida en la superficie terrestre tiene origen en las aguas marinas. Los océanos ocupan el 70% de la superficie del planeta. En el contexto del calentamiento global, los mares también registran aumentos de temperatura.
La comunidad científica advierte que debe ponerse atención a lo que pasa en los mares y no sólo al impacto sobre la superficie terrestre como la emisión de los gases llamados “de efecto invernadero” producida por el uso de combustibles fósiles, por la deforestación de los grandes bosques o por el crecimiento vertiginoso de la cría de ganado en corrales.
El calentamiento global también se registra en las especies vegetales y animales marinas, así como en los mares mismos.
Los rayos solares llegan a la capa superficial de los océanos y calientan el agua. El viento y las olas mezclan esta capa de la superficie con las capas que están debajo. Es decir, el calor se mezcla en dirección descendente con aguas que están mucho más frías.
La temperatura de la superficie del agua varía de acuerdo con la latitud. Los mares polares pueden registrar temperaturas de -2°C mientras que el Golfo Pérsico puede ser de 36°C. A su vez, incide el grado de salinidad, ya que el agua marina se congela a -1.94°C. En las latitudes altas se forman hielos. Las masas de hielos marinos son glaciares que actúan como refrigerantes del planeta.
Si pudiera hacerse un promedio del total de las aguas de la superficie oceánica, la temperatura es de 16/17°C, por encima de los registros anteriores. Un 90 % de las aguas de los océanos se encuentra por debajo de la temperatura de la superficie, cuanto más profunda, más baja temperatura. Muchas de las aguas de las profundidades tienen entre 0 y 3°C.
Ese 70% de la superficie del planeta cubierto por mares incide de modo directo sobre la vida vegetal y animal del 30% restante que está sobre superficie terrestre. Si las selvas tropicales son "los pulmones del planeta", los océanos son los que proporcionan entre el 50% y el 80% del oxígeno que utilizan las especies vegetales y animales.
Además, las corrientes oceánicas transportan aguas a distintas temperaturas y ayudan a regular el clima de la Tierra. Esas corrientes llevan el calor desde el ecuador hacia los polos.
Sería inconcebible la lucha contra el cambio climático desconociendo que los océanos resultan esenciales. Sus variaciones de temperatura inciden, de modo directo e indirecto, en lo que sucede en la superficie terrestre.
La agencia estatal británica BBC publicó un artículo en el que menciona el diálogo con el biólogo marino peruano Daniel Cáceres Bartra, representante para América latina de la Alianza para los Océanos Sostenibles.
El biólogo marino peruano afirma que "en el inicio de 2023, el 4% de la superficie del planeta registró récords de calor y este marzo fue el segundo más caliente desde que tenemos registro por la cantidad de emisiones y la cantidad de calor que tenemos almacenado".
Según Cáceres Bartra, "de ese exceso el océano absorbe el 90% y eso agudiza la formación de tormentas, huracanes y otros fenómenos como El Niño. Eso lo hemos visto aquí en Perú, donde se produjeron inundaciones en quebradas que habían estado secas por años".
La absorción del calor no está en el océano en sí, sino en lo que vive en él. Muchas formas de vida acuática son capaces de retener dióxido de carbono de forma natural, llevándolo hasta el fondo marino y manteniéndolo ahí incluso después de muertas.
Se trata de una variedad de especies muy amplia, desde el microscópico fitoplancton hasta las gigantescas ballenas, que contribuyen a alimentar estos "sumideros de carbono". Esto es, zonas que absorben más dióxido de carbono del que liberan. En ese proceso, tienen un rol central las praderas marinas, que conforman más de 70 especies de algas que crecen en zonas costeras poco profundas.
Estas praderas submarinas están presentes en 159 países, cubriendo 300.000 kilómetros cuadrados. Esto representa sólo el 0,2% del lecho marino, pero son capaces de absorber el 10% del dióxido de carbono del océano cada año y lo capturan hasta 35 veces más rápido que las selvas tropicales.
Las praderas marinas construyen sus hojas y raíces utilizando carbono, que extraen del agua mediante el proceso de fotosíntesis, y lo retienen incluso después de muertas. El material vegetal muerto se descompone lentamente en el fondo del océano, lo que significa que el carbono almacenado en su interior acaba enterrado bajo el lecho marino.
Esta “solución natural” tan eficaz para hacer frente al cambio climático se encuentra amenazada. A medida que aumentan las temperaturas se producen tormentas más violentas que arrasan con las praderas marinas. La contaminación, el desarrollo urbanístico a largo plazo de las costas y la pesca no regulada también están acelerando su declive.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cada 30 minutos se destruye en todo el mundo una zona de praderas marinas del tamaño de una cancha de fútbol.
Están consideradas en peligro crítico y figuran en la Lista Roja de hábitats de la Unión Europea.
A menos que se tomen medidas, se prevé que algunas praderas marinas se extinguirán en 2050 y sin esa capacidad para absorber el dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, se acumulará en la atmósfera y calentará más el aire y los océanos.
A medida que los océanos se calientan, su calor sobrecarga los sistemas meteorológicos, creando tormentas y huracanes más potentes y lluvias más intensas.
El nivel del mar está subiendo "a un ritmo cada vez mayor", afirma un reciente reporte del Servicio Oceánico Nacional de los Estados Unidos. El peruano Cáceres Bartra afirma que "el agua tiene una alta capacidad calorífica a diferencia de otros líquidos. Y es capaz de acumular muchísimo calor que poco a poco va pasando de las capas superficiales a aguas más profundas”.
Las aguas más calientes ocupan más volumen y eso, junto al deshielo del Ártico y la Antártida, hace que los niveles del mar estén causando graves problemas en muchas partes del mundo. Las comunidades costeras cada vez más se ven amenazadas o pierden territorio ante este aumento de los mares. A su vez, el agua más caliente también pierde la capacidad de contener oxígeno.
"La consecuencia de estos cambios es que las especies se ven obligadas a consumir su energía al estar en constante movimiento para buscar zonas más adecuadas a sus características y en respirar, por lo que ya no crecen como antes y producen menos huevos para repoblar", resaltó Cáceres Bartra.
"Al desplazarse de sus hábitats también se ven obligados a convivir en espacios más pequeños y son más vulnerables a los depredadores", dijo a la BBC el biólogo marino peruano. Si las emisiones de gases contaminantes no se frenan, se espera que los océanos del mundo pierdan entre un 3% y un 4% de su oxígeno para el año 2100. Gran parte de la pérdida se producirá en los primeros 1.000 metros de profundidad, la más rica en biodiversidad.