Hace unos días, por sugerencia de mi esposa, descarté definitivamente la foto que usé durante mucho tiempo como foto carné. Tenía digamos que, algunos años. No es (solo) una simple cuestión de vanidad, la fotografía hace lo que esperamos que haga, congela nuestra imagen ahora, en este instante irrepetible. Y le creemos más al rostro que refleja esa foto que al que nos devuelve el espejo. De todos modos muchos no resisten la tentación de las comparaciones y, con un interés similar al que siente un conductor al disminuir la velocidad al pasar al lado de un accidente, se tientan por reproducir aquellas fotos en los mismos lugares que tomaron aquella foto 20 o 30 años después.
El espejo mágico que siempre nos miente
¿Qué persona de más de 40 acepta la comparación de su imagen actual con aquella de los años 90?