5 de septiembre 2012 - 0:00hs

Hace unos días, por sugerencia de mi esposa, descarté definitivamente la foto que usé durante mucho tiempo como foto carné. Tenía digamos que, algunos años. No es (solo) una simple cuestión de vanidad, la fotografía hace lo que esperamos que haga, congela nuestra imagen ahora, en este instante irrepetible. Y le creemos más al rostro que refleja esa foto que al que nos devuelve el espejo. De todos modos muchos no resisten la tentación de las comparaciones y, con un interés similar al que siente un conductor al disminuir la velocidad al pasar al lado de un accidente, se tientan por reproducir aquellas fotos en los mismos lugares que tomaron aquella foto 20 o 30 años después.

Si recorremos la web encontraremos varios ejemplos de fotógrafos que asumieron como proyecto personal la comparación, a veces apuntando al retrato, recuperando gestos y miradas, como el fotógrafo holandés Sander Koot que creó una serie y un libro, Back from the Future, Volver al futuro.

También es un buen ejemplo la fotógrafa finesa Wilma Hurskainen. Ella recrea las fotos que su padre le tomó junto a sus tres hermanas entre 1986 y 1990. Más de 20 años después comenzó a reproducir aquellas imágenes que también se transformaron en una exposición y un libro.

Finalmente encontramos el trabajo realizado por este padre que no da demasiada información de sí mismo pero que tomó una foto por día durante 10 años y luego las recopiló en un video de 86 segundos a un ritmo de 40 cuadros por segundo logrando ésto

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